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Rubén Blades se despide de los conciertos de salsa en Tenerife

En un controvertido concierto a causa del pésimo sonido, el cantante panameño dijo adiós anoche a las actuaciones del género que lleva haciendo suyo desde muy joven; unas 7.000 personas participaron en la mayor fiesta de la música latina de este verano
Rubén Blades en concierto. | SERGIO MÉNDEZ

Pese a que el público se entregó, y Rubén Blades y la orquesta hicieron gala de su experiencia y maestría, el sonido restó calidad a la actuación que tuvo lugar ayer en el parking del Marítimo. Incluso el compositor panameño, ante los gritos de “No se oye” del público sugirió que intentaría “mover más la boca” para que le leyeran los labios.

Por el escenario fueron desfilando anoche todos los personajes creados en la literatura hecha canción de Rubén Blades. Ligia Elena dijo adiós con su trompetista, Pedro Navaja escuchó por última vez en la voz de un borracho eso de “la vida te da sorpresas” y Pablo Pueblo soltó su “hasta luego” sin que su sombra apenas le alcance.

Han sido 50 años de relatos a ritmo de salsa. Y justamente ayer el panameño narró cada historia decidido a ponerles punto final. Blades, vestido de negro, decía adiós a los directos de este género que lleva haciendo suyo desde muy joven. Visto lo visto y bailado lo bailado, ayer dio la sensación de que, en vez de un “hasta siempre”, la despedida llevaba como mucho un “hasta pronto”. Quiere cerrar esta puerta, quizá para abrir otras: las que le llevarán de nuevo a la política de su país -muchos hablan de su aspiración incluso a la presidencia-, o la que le conducirá a emprender nuevos proyectos musicales, o la que le impulsará a continuar el camino del cine. Al menos la de los directos de salsa, la cierra en esta gira, que en España culmina hoy en Gran Canaria.

Alrededor de 7.000 personas se dieron cita en el parking del Parque Marítimo capitalino para disfrutar de un recital que duró más de tres horas y comenzó puntual, a las 21.00 horas. El dominicano Vicente García actuó como telonero. Después llegaron las notas de la orquesta de Roberto Delgado y, con ellas, las canciones de Blades. La primera fue Plástico; le siguieron Las calles, Decisiones… El artista apareció en el escenario con la bufanda del CD Tenerife y recordó a su compatriota Rommel Fernández, el desaparecido delantero panameño, un icono en la historia blanquiazul. Además, mencionó su visita de hace ocho años a la Isla y el cariño que le tiene al Archipiélago. El espectáculo, que puso a bailar a todas las almas reunidas en Santa Cruz, hizo un repaso por los 50 años de trayectoria del cantante. Muchos otros temas, donde no faltó una alusión a la situación de Venezuela en la canción María Lionza, dieron forma a un recital para la historia.

El concierto desembocó en el aclamado Pedro Navaja. Luego llegaron los bises. Y entonces, la despedida. Tres horas que parecieron pocas, que pasaron en un suspiro, en un movimiento de cadera, en un par de pasos a los que se suma la reflexión, el relato de la realidad latina convertida en canción al ritmo de la salsa.

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