
Pues al final hubo circo, porque boxeo, lo que es boxeo, apenas se vio en alguno de los combates preliminares del pleito del siglo más decepcionante de la historia. Mayweather ganó a McGregor. Ganó antes del límite, se llevó una más que importante cantidad de millones de dólares y llenó la cuenta del irlandés de por vida.
En eso sí que estuvo espléndido el de Grand Rapids, porque lo que es encima del ring… Y es que Floyd es el más listo de la clase desde hace muchos años. Su calidad boxística está fuera de toda duda, su valentía a la hora de escoger a los rivales también. Recogió residuos en la parte más decadente de sus trayectorias deportivas y cuando se midió con alguien que le podría poner en problemas, caso de Miguel Cotto, por ejemplo, sacó a relucir ese estilo defensivo en el que es un número uno.
El norteamericano fue el mejor boxeando con el pañal bajo la coquilla. Ante el irlandés no le hizo falta usar ni papel higiénico. Estratégicamente no fue una sorpresa que se dejara ganar los primeros asaltos evitando llevar algún golpe sorpresivo para luego pasar a la acción. Y es que a McGregor le pesa la mano… con la guantilla de cuatro onzas. Las ocho onzas siguen pesando, pero cambian mucho la perspectiva.

The Notorious mostró sobre el cuadrilátero del T-Mobile de Las Vegas esa arrogancia con la que se desenvuelve en la vida real. Su única posibilidad de triunfo pasaba por enganchar a Mayweather con una mano que lo durmiera en los primeros episodios de la contienda, algo que no habían conseguido los 49 aspirantes, algunos por partida doble, que anteriormente quisieron desmembrar la cabeza del norteamericano.
McGregor impactó algún golpe curioso durante esos tres o cuatro primeros asaltos hasta que su depósito se fue quedando sin gasolina. Entonces Money se quitó la armadura. Había avisado. “La pelea no va a llegar a los 12 asaltos”. Y empezó a trabajar para terminar de demoler el físico de su rival, con mucha mayor envergadura y también más peso sobre el ring. Si en el pesaje el irlandés había sumado dos kilos más que el norteamericano, el día de pelea la diferencia era más que notable.
Eso se hizo notar al principio tanto como el rudimentario estilo de un McGregor al que el árbitro Robert Byrd le permitió todo y más. Pudo haber sido descalificado el especialista en las artes marciales mixtas por el incontable número de golpes ilegales que realizó saltándose las nobles reglas del boxeo, pero Byrd le hizo el mismo favor que la Comisión Atlética de Nevada que, primero le dio la licencia profesional y luego permitió que se escenificara un circo donde Floyd terminó siendo el domador y Conor ejerció el papel de fiera.
Desde el centro del ring, ya en el sexto asalto, Mayweather comenzó a llegar con manos rectas claras al rostro de su rival. McGregor ya empezaba a ofrecer síntomas de impotencia boxística y buscaba el golpe milagro que no llegó. En el octavo Floyd caminaba hacia delante golpeando, Conor caminaba hacia atrás defendiendo lo que podía.
El desenlace estaba próximo y llegó en el décimo episodio. Ahí el norteamericano conectó varias manos, no demasiado potentes, pero sí certeras, que desarbolaron a McGregor. Fue torpe el irlandés a la hora de interpretar las reglas del boxeo. Con haber puesto la rodilla en tierra habría conseguido una tregua y un respiro a cambio de una cuenta de protección. No lo hizo y Robert Byrd detuvo la contienda “para salvaguardar tu futuro” como dijo Mayweather luego en rueda de prensa. Detrás quedaban las estadísticas que reflejaron 84 impactos de McGregor de 503 golpes lanzados por los 118 que alcanzaron la anatomía del irlandés de los 291 que disparó un Mayweather que podrá volver tranquilo a su club nocturno. Conor, por su parte, regresará a UFC.





