muay thai

Siete años sin el gran patrón

Se cumple el séptimo aniversario del fallecimiento de Javier Rodríguez 'Kuky', el hombre que peleó dentro y fuera del ring para hacer que respetaran su deporte
Javier Rodríguez escucha las indicaciones de su amigo Daniel Rivero en una de sus peleas en el Pancho Camurria. / Imeldo Bello

Javier Rodríguez Kuky sigue presente. Aquel fatídico 25 de agosto se fue durante un entrenamiento en la casa que él y su hermano habían construido con tanto trabajo, con tanta ilusión, el gimnasio Shoothon. Javi se fue en cuerpo, pero no en alma. Su legado está ahí, su lucha y la de su hermano David por integrar el muay thai en los deportes más reconocidos ha encontrado recompensa.

La disciplina tailandesa por la que los hermanos Rodríguez se dejaban la vida está ahora presente en el día a día, es protagonista en los eventos más importantes y ha dado enormes talentos al deporte canario, aunque no siempre fue así.

Deporte y cultura se fusionan en un arte marcial único, espiritual, que vas más allá del combate que se decide en el entarimado. Esa era la lucha de Javier Rodríguez, que se aprendiera a respetar el muay thai y todos sus momentos y tradiciones. “Un combate de muay thai sin codos… eso no es muay thai”, solía decir ante las reglas que querían imponer desde los estamentos federativos.

Otra de sus batallas era la de cumplir con el ritual del wai kru ram muay, la ceremonia previa a cada combate en la que el nak muay, el peleador, ahuyenta los malos espíritus o la de respetar la música tailandesa de cada uno de los asaltos del pleito. Javier Rodríguez era el muay thai, era el legendario indomable, el hombre que nunca dio un paso atrás.

Javier Rodríguez, antes de subir al cuadrilátero en el Pancho Camurria. / Imeldo Bello

“Hacía el circuito físico que le ponías y cuando terminaba la primera vuelta, salía del gimnasio, vomitaba del esfuerzo… y volvía para dentro a hacer las otras dos vueltas que le faltaban, nunca vi nada así”, recordaba Jocha, el entrenador en el que confiaba la parte física de su entrenamiento.

Deportista e intelectual, Javier Rodríguez finalizó sus estudios en la facultad de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte, en Las Palmas de Gran Canaria y pudo optar a cualquier buen puesto laboral que hubiera garantizado económicamente el resto de sus días, pero el muay thai tenía más fuerza que cualquier cosa del mundo. En Tailandia era un hombre muy respetado por su valentía. Allí hizo enormes peleas ante fajadores locales y extranjeros que, como él, acudían al país asiático en busca de impregnarse de una cultura única en el mundo.

Libró numerosas batallas, pero en Tenerife se le recuerdan tres muy particulares. La primera, cuando batió al número uno del momento en España, Juan Antonio Cristiano, en Las Américas, por el título nacional. La segunda, cuando cumplió su sueño de pelear en el Pancho Camurria. Aquella noche se midió al duro marroquí Bouchaib El Bilaly y ofreció un espectáculo inolvidable del que salió en silla de ruedas rumbo al hospital. Había peleado con una rotura de ligamentos en una de sus rodillas. La tercera de las batallas la perdió ante Lampard Sor Kamsing el día que a su hermano David se lo llevaron de su esquina víctima de la misma dolencia cardiaca que un 25 de agosto de 2010 acabó con su vida.

Javier Rodríguez, en su enfrentamiento frente a Lampard Sor Kamsing. / Imeldo Bello

Los miembros del equipo del Shoothon Gym pasean con orgullo por todo el mundo el nombre de su patrón, Javier Rodríguez. Los cinturones han llegado, al igual que el reconocimiento internacional de una escuela referencia para todos en el mundo del muay thai

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