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Borja Monreal: “En estos momentos, en Angola hay menos rencor a todo, y mucho menos a Occidente”

Borja Monreal (Pamplona, 1984) vive África de la misma manera que relata el árido pasado y, en la mayor parte de las ocasiones, incierto presente de muchas de las naciones que conforman el continente vecino, un territorio que el periodista navarro conoce de primera mano merced a su trabajo como asesor en políticas públicas y desarrollo que, desde hace años, viene ejecutando para diferentes Organizaciones no Gubernamentales, así como en Naciones Unidas. Esa faceta profesional ha despertado, simultáneamente, su acción literaria, convergiendo actividad laboral y creativa en su travesía por Zambia, Guinea Ecuatorial y, en mayor medida, Angola, escenario de su última novela, titulada El sueño eterno de Kianda y que se alzó como ganadora de la más reciente edición del Premio Benito Pérez Armas, que anualmente concede la Fundación CajaCanarias. El próximo martes tendrá lugar, en el Espacio Cultural CajaCanarias de Santa Cruz de Tenerife, a las 20.00 horas, la presentación del volumen.

-¿Qué lección vital puede extraer el lector de la experiencia de los personajes que sobrevuelan la novela, de la historia bélica de Angola?
“Quizás la capacidad de recuperarse y volver a ver la vida con optimismo. Pero también la de ayudarse los unos a los otros, de recuperar la idea de sociedad como un todo, no como un conjunto de individualidades. Y la pasión por las pequeñas cosas, por los detalles que se nos pasan inadvertidos en nuestro día a día pero que en realidad es todo lo que tenemos ”.

-La descolonización de Angola, fundamentalmente el proceso interior que sobreviene a posteriori, nos devuelve a los peores manejos de las superpotencias a lo largo de la Guerra Fría. A partir de su conocimiento del continente, ¿qué heridas continúan abiertas ante el choque ideológico de esos años?
“Tengo la sensación de que las heridas se cierran mucho más rápido en Angola que en otros lugares. Son tantos los problemas a los que la gente se enfrenta que no da tiempo a mirar hacia atrás. Lo que pasó, pasó. Esto es una percepción mía, claro, pero creo que hay menos rencor a todo, y especialmente a occidente. Lo fácil sería odiar a Portugal o a EE.UU. o a Rusia por lo que les pasa, pero es todo lo contrario, la mayoría de las personas es respetuosa e incluso admiran de alguna manera estas naciones. Y esto se percibe hasta con los bandos de la guerra civil…”

-Kianda retorna al país de sus ancestros para conocer su presente a través de ellos pero, ¿qué consecuencias se desencadenan para el resto de personajes protagonistas?
“Kianda representa al emigrante, ahora los llamamos “refugiados” para despersonalizarlos, pero son personas que se han visto obligadas a huir y abandonar su vida, en su caso cuando era una niña, y que se enfrentan a una búsqueda de identidad en el país de acogida que no les reconoce como extranjeros. Por eso Kianda vuelve, para reconocerse en esa identidad perdida, que resulta que tampoco es la suya. A su alrededor, los personajes orbitan a través de un pasado que les enreda y se empeña en juntarlos en un momento trágico de la historia de Angola. Kianda es la unión de todos ellos en un pasado que se ha enterrado demasiado pronto”.

– ¿Cómo construye El sueño eterno de Kianda?
“Con mucho esfuerzo y muchas horas de estudio y conversaciones. Yo diría que El sueño eterno de Kianda es un proceso de etnografía transformado en una historia apasionante. Es un intento de honrar al lector premiándole por el esfuerzo de dedicar 10 o 15 horas a leer un libro. O al menos es mi intención, tú me das tu tiempo: yo te doy dos cosas, entretenimiento y disfrute, pero también conocimiento y reflexión. Para que cuando termines se quede un poso de algo que te mueva por dentro a ser un poco mejor persona, un poco más consciente de otras realidades”.

-¿Qué ha supuesto para usted la obtención del Premio Benito Pérez Armas de Novela?
“Es un salto cualitativo tremendo. No solo en términos de visibilidad, sino también en el trabajo con la editorial y con la crítica. Repentinamente te expones a críticas, positivas y negativas, por supuesto. Y eso es fantástico, porque te hace crecer como escritor. Y el Benito Pérez Armas ha sido la lanzadera a todo esto”.

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