
Sin barba, apenas con 20 años de edad y pocos días después de certificar su compromiso con los Portland Trail Blazers de la NBA. Así saltó Sergio Rodríguez a la pista del Saitama Super Arena tal día como un 1 de septiembre de 2006 para sustituir a José Manuel Calderón y afrontar los minutos más delicados de la historia del baloncesto español.
Y es que aquella selección de Pepu Hernández perdía con Argentina en la semifinal del Campeonato del Mundo de Japón y el base extremeño no tenía la llave para abrir la tremenda cerradura que había impuesto el conjunto de Sergio Hernández, seleccionador argentino. El Chacho fue el sereno de aquella selección. El base tinerfeño encontró el camino y guió a España a desatascar el compromiso con sus 14 puntos, la mayoría en los momentos más delicados, que desembocarían en la final frente a Grecia dos días más tarde.
Fue la primera gran exhibición del jugador tinerfeño de cara al resto del mundo. “Menudo jugador se llevan los Blazers” escribían los diarios deportivos de tirada nacional. Rodríguez lo asumió con su habitual naturalidad, como el que se bebe el Cola Cao en el desayuno de todos los días. Luego, ante el cuadro heleno, y sin el lesionado Pau Gasol, España culminó la mayor gesta de su historia cestista.
“Traje, sobre todo, frescura. Y eso se mantiene en la selección”, señalaba el tinerfeño hace poco en una entrevista concedida a EL ESPAÑOL en los días previos al comienzo del Campeonato de Europa que disputa en estos días. Y de aquella selección fresca, audaz, casi irreverente, apenas quedan cuatro piezas. Rodríguez, los hermanos Gasol y el capitán Juan Carlos Navarro sobreviven once años después en un equipo que busca una nueva medalla dorada y que este lunes (18.30) vive su tercer compromiso ante Rumanía después de las dos exhibiciones iniciales.




