
Hace ya casi 30 años, en 1988, la película El Gran Azul reveló la rivalidad de dos apneistas que se convirtieron en leyenda. El francés Jacques Mayol y el italiano Enzo Maiorca mantuvieron un mano a mano histórico que el director francés Luc Besson convirtió en arte en una película que sirvió para darle el impulso necesario a una práctica deportiva que era bien poco reconocida.
Umberto Pelizzari aprendió lo mejor de cada uno de los protagonistas de la historia para acabar convirtiéndose en el mito que pudo con los récords de las leyendas. El deportista italiano, retirado de la competición, dedica ahora el tiempo a vivir de sus dos grandes pasiones, el apnea y la familia. “Me siento un privilegiado por haber podido vivir y disfrutar de lo que más me apasiona y porque ahora eso se haya convertido en mi trabajo”, señalaba ayer en su visita a Santa Cruz después de haber finalizado un curso de formación de instructores en la Apnea West Europe Academy, la academia que tiene instalada en La Caleta de Adeje.
“Este es un lugar que reúne unas condiciones increíbles, que tiene posibilidades para entrenar a tope, con el Tenerife Top Training al lado para complementar el entrenamiento y hay una muy buena logística y organización”, detallaba Pelizzari, que reconocía que en Tenerife se siente como en casa porque “aquí tengo amigos de esos de los que no ves mucho, pero siempre están”, en clara alusión a Paco González Castro, el hombre que lleva más de 18 años trayendo a la leyenda transalpina a la Isla.

En su faceta de formador de formadores, Pelizzari incide mucho en la seguridad de los deportistas, esas condiciones que casi no existían durante la época en la que Mayol y Maiorca se batían récords mutuamente. “Los dos son leyendas de la apnea, yo creo que algún día se podrá llegar a los 300 metros de profundidad, pero las leyendas son Mayol y Maiorca” cuenta antes de dar paso a los recuerdos. “Mi profesor fue Mayol, de él aprendí todo lo más importante de la apnea, la relajación y la respiración, parecen cosas extrañas, pero si tenemos que tener buenas sensaciones tenemos que estar relajados fuera y dentro del agua, todo eso me lo explicó Mayol, la expiración más larga que la inspiración, el yoga, el pranayama, todo”, rescataba Pelizzari antes de hacer referencia a Maiorca al que conoció “cuando ya estábamos los dos retirados”. “Él llegó a los 101 metros en el año 88, cuando lo conocí entablamos una amistad muy sincera, me contaba muchas cosas, muchas historias y yo lo escuchaba como si fuera mi abuelo, eran dos personas con mucho carisma y marcaron la historia de la apnea”, decía Pelizzari con esa tranquilidad con la que asumía el reto de tener que superarse día a día cuando estaba activo como deportista.
El Gran Azul ayudó a la difusión de la apnea como práctica deportiva. “En los últimos 20 años ha crecido mucho el número de apneistas y sigue subiendo, hay muchas escuelas, hay muchas competiciones, la Federación Mundial, que organiza eventos y otra federación paralela que también cuenta con competiciones y en Tenerife hay muchas posibilidades de entrenarse, de organizar eventos y hay estructura para todos los niveles, desde los noveles hasta los apneistas que están al más alto nivel”, cuenta el hombre que conseguía mimetizarse allá abajo, cerca del abismo, donde fisiológicamente nadie pensó que podría llegar un ser humano.

Pelizzari tomó el relevo de Mayol y Maiorca “los pioneros, los innovadores de esta disciplina” en una época donde ya la medicina puede demostrar lo que en los años 50 y 60 “era impensable”. “Me acuerdo cuando Maiorca bajó hasta los 50 metros por primera vez y la máxima referencia médica del momento,el fisiólogo del equipo de Jacques Cousteau , dijo que esa marca era imposible de alcanzar para un ser humano”, explicaba el deportista italiano que reconocía que por aquel entonces todos pensaban que “si alguien era capaz de bajar hasta esa distancia… no volvía a subir”.
Bien armado física y mentalmente, Pelizzari empezó desde bien joven a batirse a sí mismo. Criado en una localidad cercana a Los Alpes, el italiano nadaba dos horas en la piscina desde niño y competía con sus compañeros para ver quién aguantaba más bajo el agua o para ver cuántas baldosas del fondo de la pileta eran capaces de recorrer bajo el agua. Su romance con la apnea en mar abierto llegó durante el servicio militar que le llevó hasta la isla de Elba, el cuartel general de Jacques Mayol, el lugar donde empezó a forjarse su leyenda. Allí sirvió en el cuerpo de los bomberos submarinistas después de haber acabado sus estudios universitarios en Ciencias de la Comunicación.
Pelizzari tardó poco en destacar en esta nueva disciplina y tras conocer los métodos de Mayol el alumno superó al maestro. Contemporáneamente creció junto a él el cubano José Pipín Ferreras con el que desarrolló una rivalidad muy parecida a la de Mayol y Maiorca. El italiano tuvo los tres récords mundiales en las diferentes disciplinas de la apnea profunda, algo histórico. “Tuvimos una competición importante durante 12 años, tuvimos una rivalidad muy fuerte como deportistas que los periodistas también se encargaron de alimentar y creo que ayudó muchísimo a crecer a nuestro deporte a través de vídeos, de documentales… no éramos rivales como hombres, sólo como atletas, y mucha gente descubrió la apnea a través de nuestra lucha”.

Precisamente fue Ferreras, al que volvió a ver a comienzos de años en el Salón Internacional, quién sufrió de la forma más dura y personal uno de los principios fundamentales de la apnea. “A este deporte no se juega”, advertía Pelizzari en relación al fallecimiento de Audrey Mestre, la pareja del deportista cubano, tras una inmersión en el año 2002. “La apnea no se puede practicar sin seguridad, ese accidente fue la demostración de que no se puede entrar al agua sin seguridad”.
MAYOL Y MAIORCA, DOS MAESTROS Y UNA RIVALIDAD MÁS ALLÁ DE LO FISIOLÓGICAMENTE POSIBLE


En una era de menos romanticismo para el deporte en general, la apnea sigue rompiendo récords y barreras que en la época donde Jacques Mayol y Enzo Maiorca formalizaron una de las rivalidades más legendarias de la historia del deporte, una rivalidad de la que se alimentó Pelizzari.
“Ahora sabemos cómo entrenar las disciplinas, se conoce todo lo que debemos hacer, lo que debemos evitar, las reacciones fisiológicas, lo sabemos todo y en su época eso no se conocía”, reconocía ayer el mito deportivo que atribuía un porcentaje del 90% a la capacidad mental respecto a la física “cuando se trata de la apnea estática” y nivelaba esos porcentajes cuando se trata de buscar el límite de la profundidad.
“Para bajar hay que empujar las aletas, compensar la posición, la respiración y la relajación, pero no se puede llegar a una profundidad importante si mentalmente no estás listo”, sentenciaba.




