CULTURA

Juvenal: nuestro alegre y entrañable trovador

A mitad de la semana pasada fallecía uno de los principales referentes de la canción de autor de los 70 en Canarias, trotamundos y solidario, que en los difíciles años de la Transición repartió su voz clara por los pueblos de las Islas

JUVENAL
Foto inédita de Juvenal, cantautor comprometido que sembró en los años 70 por el Archipiélago poesía, ilusión y compañerismo. DA

Por Rubén Díaz

Noviembre comienza guardando la memoria de nuestros muertos, una tradición cultural que se estremece con la invasión carnavalesca del Halloween americano, que cuenta con el poder del cine, los dibujos animados y la connivencia de nuestro permeable sistema educativo desde los años de colegio, como fundamentales aliados. Y en fecha tan señalada, marcada por cipreses, flores y velas encendidas, decidió marcharse con la música a otra parte un auténtico juglar de los de antes, voz y guitarra puras que recorrieron la piel de nuestras islas Cantero por cantero, con la palabra incisiva de Juan Jiménez; cantando la esperanza que nos escribió el poeta gomero universal Pedro García Cabrera, cuando metía la mano en la mar buscando naranjas; o contándonos aquello de que no siempre ganaron los buenos, según los versos de otro gomero inolvidable como fue Félix Casanova de Ayala, progenitor del genial Félix Francisco que tanto nos enorgullece cuarenta años después de su partida.

Estamos hablando de uno de los principales referentes de la canción de autor de los 70, cantautor comprometido, trotamundos y solidario, que en los años difíciles y revueltos de la transición política española repartió su voz clara por los barrios y pueblos de Canarias sembrando poesía, ilusión y compañerismo: Juvenal, nuestro admirable y más entrañable trovador.

INICIOS

Juvenal García Molina nació un mes de septiembre hace 76 años. Durante muchísimo tiempo, su edad fue un misterio, al menos para los muchos amigos que cultivó en el seno de la música y la cultura, porque salvo sus más íntimos o los que compartieron estudios con él, éramos incapaces de adivinar sus años, dada su anacrónica energía y vitalidad. En los floridos años 60, capitaneados por el rock&roll, el movimiento hippy y la beatlemanía, estuvo cantando en Londres y explorando la cultura sajona pisando los caminos de aquella Inglaterra influyente y libertina. De ahí que a su vuelta, con una guitarra de Contreras hoy en manos del luthier Domingo Barrios (Mingoles), fuera el primero en cantarnos canciones de los Beatles, Cat Stevens, James Taylor, Carole King y una larga lista de estándares ingleses y norteamericanos, convirtiéndose en maestro apresurado de muchos de nuestros poperos y rockeros. Cuando estalla el movimiento de la Nueva Canción Popular Canaria, con Los Sabandeños, Taburiente, Caco Senante y Grupo Palo ya en esplendor, Juvenal ocupa un lugar destacado entre las filas de Ángel Cuenca, Vicente Umpiérrez, José Manuel Abreu, Pepe Paco, Suso Junco, Quique Molowny, Alberto Delgado y Ákeca, Pueblo Tanco, Pluma y Voz, Alberto Cañete, Chákara… en un tiempo en el que la gente demandaba música, poesía y cultura como una necesidad imperiosa, en el que las plazas, las salas de conciertos, salones de actos, teatros, canchas deportivas y salones de incipientes asociaciones vecinales se abarrotaban de público, ávido de la palabra de nuestros poetas, entonces musicados por nuestros músicos y coreados por las esquinas.

DISTINTO E INDEPENDIENTE

Juvenal sacaba sus “cuernitos al sol” y se mostraba cercano y accesible, sí, pero siempre distinto e independiente. Era un referente, un tótem, un pilar básico en aquella jauría de siglas y tendencias que jugaban a la política fundando los primeros balbuceos de la floreciente democracia que se asomaba tímida por el horizonte. Cuando aquellos circuitos de música popular fueron pausando su frenético ritmo, alternando también grupos folclóricos y poetas, ya con el Centro de la Cultura Popular Canaria funcionando, Juvenal decide dejar su trayectoria solitaria para -imitando tal vez el término del movimiento músico-cultural madrileño- fundar su banda: La Movida. Compartió experiencia entonces con los hoy ex de Taburiente Luisa Machado y Alberto Méndez (Naranjita), Carlos Sánchez, José ángel Viera, Paco Matute, Alfredo Llanos… y hasta 1982 movió su “movida” propuesta por los escenarios de las Islas mientras se iba equipando mascullando entonces su empresa profesional de sonido e iluminación (Volumen), con la que aparcó la música como artista, pero nunca como amante e implicado. Todo lo hizo bien y el gremio está en deuda con su magisterio, generosidad y humildad.

Hace unos 10 años regresó al artisteo con ese bagaje que todos admiramos. Me llamó para montar un grupo con el teclista Tony Lamal, su bajista de antaño, Carlos Sánchez, y Jose M. García Ramos en la batería, banda que llamamos irónicamente Carbono 14 y estrenamos en la Sala de Cámara del Auditorio de Tenerife en septiembre de 2009, con el refuerzo del recordado José Pedro Pérez en la percusión y el saxo de Kike Perdomo, rindiendo tributo a mi batería Frank López, fallecido el año anterior. La banda no duró mucho porque ajustar los tiempos de la gente mayor, con muchos compromisos laborales y familiares, ya no era lo mismo, pero nosotros, con nuestras guitarras, continuamos ofreciendo muestras de su personal talento con una sorpresa que aún me tenía guardada: su apego por la poesía le llevó también a escribir y comenzó a desnudar sus poemas en algunos recitales íntimos y memorables en los que también alternábamos sus canciones favoritas en inglés, previamente recitadas en español…Toda una experiencia. Después de transitar a este artista tantos años y confirmar su buen quehacer en lo profesional, hay algo que destaca en él por encima de todo: su calidad humana, su vitalidad, su fortaleza, su sentido del humor, su increíble jovialidad (gimnasta, motero, nadador…). Su bonhomía era posiblemente su cualidad más apreciada por cuantos le conocimos y tratamos. Cuando saltó la triste noticia de su muerte, las redes sociales se llenaron de palabras de afecto y condolencia, cientos de elogios a esa calidad humana en la que todos coincidíamos, junto con la alegría que Gabriel, su propio hijo, ha resaltado en un conmovedor texto de agradecimiento y despedida.

DESPEDIDA

Un infarto cerebral no pudo con su fortaleza, sus ganas de vivir, con otro retoño creciendo junto a su compañera Margarita Gil, y cuando ya todos pensamos que estaba superado, la guadaña cortó el cable de su micrófono para que su hermosa voz volara al cielo de los grandes, al espíritu de la música.

En su despedida, tan breve como intensa, entre familiares y amigos, se nos encogió el alma cuando escuchamos Imagine, de John Lennon, que él mismo eligió para ese momento. Me lo imaginé recitando: “Imagina que no hay cielo, es fácil si lo intentas. Sin infierno bajo nosotros, encima de nosotros, solo el cielo. (…) Nada por lo que matar o morir, ni tampoco religión. Imagina a todo el mundo viviendo la vida en paz. (…) Imagínate a todo el mundo compartiendo el mundo”… Ése era Juvenal. Ése era nuestro amigo. Ése era nuestro alegre y entrañable trovador…