
Debra Parsons, una mujer de 41 años de Reino Unido, planea comerse las cenizas de su difunta madre durante la cena de Navidad este año, según informa el Mirror.
La madre murió de forma repentina tras sufrir una infección en el pecho y posterior obstrucción de las vías respiratorias y desde su fallecimiento, Debra ha estado tomando pequeñas cucharadas de sus cenizas esporádicamente para “sentirse lo más cerca posible de ella”.
La pérdida de su madre le resultó muy dolorosa a Debra, que en diciembre de 1996 perdió a su hijo tras nacer prematuro. “Ella ha sido mi apoyo en los altibajos de mi vida, me ha ayudado a superarlo todo y, de repente, se había ido”, dice al medio británico.
Tras la cremación de su madre, pensó en esparcir las cenizas pero finalmente decidió se las quedó porque quería “hacer algo con ellas que cambie la forma en la que la recordamos”, asegura. Al principio relata que guardaba los restos en una bolsa hermética para sándwich y las tenía junto a su cama.
Pasado un tiempo metió las cenizas en una pequeña caja, hasta que un día abrió la misma, se lamió los dedos, los sumergió en los restos y luego se lo llevó a la boca: “No me di cuenta al hacerlo, pero el sabor salado y cremoso era reconfortante. Me sentí confundida pero la sensación de cercanía y comodidad que me trajo ese gesto fue el primer consuelo que tuve desde la muerte de mi madre”.
Pero Debra irá más allá y asegura que no quiere lamerse las cenizas de los dedos, así que ha decidido ponerla en la cena de Navidad como parte del menú.




