
La Palma tiene la estructura demográfica más envejecida de Canarias, con un 20% de su población por encima de los 65 años, y con datos más llamativos en una pirámide poblacional regresiva con descenso de la natalidad y un envejecimiento progresivo de sus habitantes. Todo ello, aderezado con el peso de los datos oficiales del Instituto de Estadística de Canarias, que a principios del pasado año constató la caída de más de 5.800 habitantes en la Isla Bonita solo en los últimos seis años.
Con estos mimbres, La Palma sería el perfecto laboratorio para implantar lo que en Reino Unido se ha dado en llamar el Ministerio de la Soledad. El “abandono” sostenido por el Servicio Canario de Salud de 13 ancianos en las dependencias del Hospital General de La Palma, con picos de hasta 20 ancianos en fechas recientes y en un marco de complejas situaciones familiares frente a un sistema de dependencia cuya demanda social está por encima de la oferta de plazas de residencia, ponen de relieve no solo un retrato sociológico asociado a la vejez, sino a la condición de soledad, estados de tristeza y depresión que, por lo general, confluyen en estas personas.
Dramas sociales
En la epidermis de la Isla se evidencian de forma periódica solo algunos de los muchos dramas sociales que no llegan a trascender y que forman parte del cada vez más amplio colectivo de la tercera edad. Este grupo poblacional era, hasta hace apenas dos décadas, sostenido por redes familiares cuyos cuidados recaían íntegramente en madres e hijas, eternas cuidadoras que en la estructura social actual tienen encaje, pertrechadas de dificultades y desigualdades, en un competitivo y precario mercado laboral.
Los mayores y sus rentas, en la mayoría de las ocasiones mecanismo para frenar riesgos evidentes de exclusión social de hijos y nietos, pasan gradualmente a ser dependientes en distintos grados con las consecuencias que lleva a aparejada el empeoramiento de su salud y la aparición de distintos grados de demencia, y en el peor de los casos de la que se ha dado en llamar la epidemia del siglo XXI, el y alzheimer.
La Palma tiene pese a todo, y en comparación con las listas de espera de hospitales y centros residenciales de las islas capitalinas, una situación privilegiada. Este posición en el ranking regional no puede mitigar la problemática real de las familias con mayores, y mucho menos aquellos casos en los que los mayores viven solos, en zonas aisladas y con escasos recursos.
La lista de espera en la Residencia de Pensionistas para cuidados sociosanitarios es numerosa, como lo es, en mayor medida la demanda para obtener plaza en el geriátrico del Hospital de Dolores. El propio Anselmo Pestana, presidente del Cabildo pidió. en el marco de reparto del Fondo de Desarrollo de canarias, la dotación para infraestructuras sociosatanitarias con cargo a esos recursos económicos, única vía financiera, con aportaciones parciales del presupuesto insular, para concluir, entre otras obras de índole social, el centro sociosanitario en la capital de la Isla. , “Necesitamos estos fondos para construir infraestructuras en las que se pueda atender a nuestros mayores, infraestructuras cuyo coste excede, con mucho, de los fondos que el Cabildo pueda tener como recursos propios en los próximos años”.
Es incontestable el compromiso del Cabildo para intentar dar cobertura a este frente, pero los recursos materiales y humanos son claramente insuficientes. Desde la Asociación de Familiares de Personas con Alzheimer y otras demencias, instan a la institución a darse cuenta de que “las residencias y centros de día que operan en la Isla recibían a personas mayores con autonomía, pero ese perfil ha cambiado por personas que llegan con demencia, con problemas de conducta y de comunicación que requieren de una atención especializada que no existe”.
La Palma es una isla envejecida y desde la institución insular han tenido oportunidad de constatarlo. En los últimos dos años se ha incrementado el número de solicitudes para que, como administración competente en Asuntos Sociales y más cercana a los ciudadanos palmeros, asuma la tutela para personas mayores solas, algunas en lugares muy aislados.
Según los datos que maneja AFA La Palma, el incremento de personas mayores de 85 años, en el año 2015, fue de 582 personas que están en riesgo de padecer Alzheimer.
Los datos son reveladores de la ausencia de decisiones para atender un realidad social incontestable: En la Isla, la población que sufre Deterioro Cognitivo Leve (DCL), y que puede evolucionar a una demencia, tiene una incidencia del 20% en la población mayor de 70 años. Los técnicos de la entidad recuerdan que “hablaríamos por tanto de un total de 5.444 personas en riesgo de padecer demencia, cifra en la que no se incluye a los familiares y cuidadores, profesionales o no, que conviven y los atienden, y que necesitan asesoramiento, atención, formación, orientación…”.





