
Por José Guillermo Rodríguez Escudero (investigador)
El día 3 de mayo, la capital de La Palma celebra la onomástica de la Santa Cruz -primer símbolocristiano-, desde que el Adelantado Alonso Fernández de Lugo lograra fundar la ciudad en esa misma fecha en el año 1493. Otros autores, sin embargo, defienden otro año. Por ejemplo, Abreu y Galindo establece 1490 como año del fin de la contienda bélica. La nueva población -Villa de Santa Cruz, como fue denominada desde su comienzo- conmemora anualmente esta efeméride, engalanando profusamente todas las cruces que salpican todo su territorio y declarando ese día festivo en la localidad.
Este año de 2018 se festejará en ese día el 525 aniversario de la fundación de la Muy Noble y Leal Ciudad. La comunidad religiosa de Padres Franciscanos salía procesionalmente en Vía Crucis hasta la ermita del Cristo del Planto con “un numeroso acompañamiento del pueblo”. Aún existe un pequeño Calvario erigido a espaldas de la pequeña iglesia en recuerdo del lugar donde el pueblo hacía penitencia. Era costumbre que asistieran a la procesión muchas “personas cargadas con algunas insignias de la pasión y cubiertas con el morado saco de penitentes, cuyo disfraz encubrió más de un crimen”.
La trágica leyenda de La Cruz de Los Pasitos, precisamente, tuvo como protagonista a un enamorado celoso, disfrazado de penitente en esa procesión, que mató a su prometida, hundiéndole un puñal “hasta el pomo en el corazón”. En memoria de aquel trágico suceso, en el mismo sitio que se perpetró el crimen, colocaron al día siguiente una cruz, “y todavía el caminante al pasar por aquel sitio murmura una oración”. Todavía se encuentra, también en Los Pasitos, una cruz con una lápida que reza: “Aquí murió alevosamente asesinado en la noche del 23 de septiembre de 1906 el ilustre abogado e hijo de esta ciudad, don Siro González de las Casas”. Otro asesinato en el mismo lugar por cuestión de celos, unos dicen amorosos y otros dicen económicos… y nuevamente, otra cruz como recuerdo de un sangriento suceso.
EL 3 DE MAYO
En el DIARIO DE AVISOS del 11 de abril de 1963, el canónigo Luis Van de Walle y Carballo, confirmaba que, uno de los Lignum Crucis “…se pone a la veneración y adoración de los fieles el Viernes Santo y el tres de mayo en que se acostumbra hacer procesión con ella hasta la Cruz de la Pasión”. En total, la Isla posee tres reliquias verdaderas del Santo Madero: una en el Real Santuario de Nuestra Señora de las Nieves, otra en la Capilla de la Venerable Orden Tercera (hoy Orden Terciaria Franciscana) -templos de la capital palmera-, y la última en la parroquial de San Pedro de Breña Alta. Todos los años se celebra la Exaltación a la Santa Cruz, enramándose todas las que se distribuyen por la población, si bien su presencia se manifiesta por todos los puntos de nuestra Isla. No sólo se adornan las que se encuentran apostadas en los exteriores, descansando sobre las paredes, en azoteas, en encrucijadas, rematando fachadas, balcones, recordando accidentados u obras finalizadas sin muertes, etc., sino también en los interiores de algunas casas.
A las exteriores, se les cambia el forro de tela que las cubría desde el año anterior y se sustituye por otra nueva. Se entronizan en bellos altares efímeros cuajados de flores, plantas, banderas, etc. y que pujan con alzarse con algún premio o simplemente se erigen para la admiración de propios y ajenos, siguiendo con la tradición familiar o del barrio. El etnógrafo Pérez Vidal, en un número especial de DIARIO DE AVISOS en 1945, con motivo de las Fiestas Lustrales, destacaba con énfasis: “Si la cruz es con aparición, el gentío que se reúne y se apretuja a presenciarla es enorme. Las más sencillas transfiguraciones, cualquier simple cambio de apariencia, entusiasma al soñador pueblo isleño, amigo de fugarse de la realidad”.
AUTOS SACRAMENTALES
Se cree que esta exquisita puesta en escena es una derivación de los fastuosos autos sacramentales barrocos que han perdurado a través de los tiempos y que se han transformado adaptándose a las nuevas formas y pasando de los cultos e ilustrados autores de los impresionantes carros triunfales y loas que se representaban en la preciosa capital de La Palma, al pueblo llano, que lo ha interpretado de estas ingeniosas maneras.
Un ejemplo de cantar que se entonaba en la peregrinación a la cruz de turno es: “Pronto pastores/ ramos de flores,/ la Cruz de Mayo/ nos llama ya/ ¡Qué floridita,/ qué enramadita,/ qué hermosa estará!”. Antiguamente se enramaban las cruces de las casas de las personas más adineradas y con un estatus social más alto. Ponían la cruz dentro de las viviendas, en un lugar privilegiado, y la adornaban con todas las joyas y prendas. Se reunían las familias por las noches e iban a visitar otras cruces. Éstas pujaban por ser las más originales y más bien decoradas y suntuosas. En los grandes salones se hacían bailes y fiestas muy animadas con familiares, vecinos y amigos.
La belleza ornamental se conseguía mediante combinaciones de vegetales, telas, alhajas y otros objetos de gran valor. Era frecuente la escenificación en algunas de las cruces parodiando temáticas de cualquier índole. Se exponía y, afortunadamente, se expone, un número importante de muñecos grotescos de tamaño natural, denominados “mayos”: simpáticas figuras hechas de trapo que adornan la escena. Representan distintos temas y actitudes, colocadas en diferentes lugares, bien formando pasillos hacia la cruz, o en varios rincones de sus alrededores, custodiándola, como en balcones, ventanas, muros, azoteas, bancos, tapias, etc.



