
Manuel Vicent se mostró agradecido y feliz de elogiar al periodista y escritor tinerfeño Juan Cruz “en su casa”, durante la inauguración de Aprendiendo de otros, una exposición organizada por la Universidad de La Laguna (ULL) que homenajea al canario a través de sus referentes literarios, entre los que se encuentra el escritor castellonense. “Estoy viendo este panorama y es puro Juan Cruz. Son niños, profesores, alumnos de periodismo, amigos y familia”, señaló Vicent ante el público reunido en el Espacio Cultural La Capilla y compuesto en su mayoría por alumnos del CEIP Juan Cruz Ruiz, “mis biznietos”, dijo Cruz.
Vicent tiene una mirada curiosa. Observa como si estuviera descubriendo cada rincón y al mismo tiempo trasmitiendo calma al que lo observa. Esta sensación hila perfectamente con unas palabras que diría durante su charla con el protagonista del día. “Cuando alguien me pregunta qué tiene que hacer para ser escritor o periodista siempre le digo que lea a Shakespeare y mire por la ventana. El verdadero río de la experiencia está cada día alrededor de nosotros. Todo el planeta está en la misma puerta de tu casa”, afirmó el escritor, quien añadió que hay que mirar y levantarse cada día sorprendiéndose de que el mundo siga rodando, de “que la vida es absolutamente diferente en cada día, cada hora y cada minuto”. “Tienes que tener la habilidad de mirar la vida desde un primer plano porque en el general no te enteras de nada. En el rostro de cada persona que veas, ahí está escrita la historia universal”.
La charla siempre estuvo salpicada por la complicidad de estos dos amigos, que son referentes mutuos, e incluso Manuel Vicent le agradeció a Juan Cruz haberlo rescatado y llevarlo a la editorial Alfaguara. “Juan nunca te da una mala noticia, es generoso y, además, un compañero del que puedes disponer”.
Aprender a través de la lectura fue el sol luminoso alrededor del que giró toda la presentación, aderezada con la niñez y ese momento del primer libro en las manos. Cruz explicó que cuando le propusieron poner su nombre al colegio público de su pueblo lloró como hacía tiempo que no lloraba, “porque para mí que estos chicos hoy empiecen a leer en un colegio que tiene mi nombre me produce mucha emoción”, dijo el canario.
Manuel Vicent despidió la charla entre los dos literatos dándoles el siguiente mensaje a los niños que estaban allí presentes (y también a todos los adultos): “Lo que cada uno introduzca en su memoria, en su cerebro, es un tesoro. Un tesoro que no suena en los escáneres de los aeropuertos, pasa todas las aduanas, no te lo van a quitar nunca. Es una mercancía dorada inaprensible y profundamente valiosa, y es la que te va a salvar mañana de todas las circunstancias. Tal y como viene el mundo, la inteligencia es la única forma de ser rico, espléndido y feliz”.




