teatro

Silvia Marsó: “Hubo un momento en el que tuve que elegir entre ser popular o actriz: elegí el teatro”

Silvia Marsó (Barcelona, 1963) estrena hoy en el Teatro Guimerá la adaptación teatral de la novela del escritor austríaco Stefan Zweig '24 horas en la vida de una mujer'
Silvia Marsó durante la función. | DA

Silvia Marsó (Barcelona, 1963) estrena hoy en el Teatro Guimerá la obra de teatro 24 horas en la vida de una mujer, un thriller musical con música en directo. Una adaptación teatral de la novela del escritor austríaco Stefan Zweig. La última vez que estuvo en Tenerife fue rodando el cortometraje La Criada, del director tinerfeño Javier Caldas, en 2010. En esta ocasión, la actriz estará acompañada sobre las tablas por los actores Felipe Ansola y Gonzalo Trujillo, que está sustituyendo durante dos meses a Germán Torres.

– ¿Cómo surgió producir e interpretar 24 horas en la vida de una mujer?

“Surgió porque yo soy fan de Stefan Zweig. Es un autor que siempre me ha gustado muchísimo y cuando me enteré de que estaban haciendo un musical en París basado en una de sus novelas, que yo ya conocía, me sorprendió porque es una obra en la que pasan muchas cosas. No sabía yo cómo se iba a plasmar eso en un escenario. Y me gustó tanto que decidí producirla en España”.

– Sorprende que siendo una obra tan reflexiva pueda llevarse a las tablas en forma de musical.

“Sí, es reflexiva pero tiene una parte lúdica, emocionante y trepidante. Es una mezcla de distintas capas. Por una parte es un thriller, aparece una pistola, hay un chico que es ludópata que ha perdido su fortuna en el casino de Montecarlo. Ella es una viuda aristócrata que está huyendo de una depresión porque acaba de enviudar y está en un pozo. Se encuentra con él, lo salva y a partir de ahí empiezan a pasar una serie de cosas que no puedo desvelar. Es un viaje por la vida condensado en 24 horas”.

– La obra pone en una encrucijada a la protagonista: seguir viviendo en los convencionalismos o liberarse. Un tema de actualidad por el movimiento feminista.

“Supongo Stefan tuvo que elegir a un personaje de aristócrata y mujer porque lo que quería plasmar era a un ser humano carente de libertad. Un ser humano que nunca había podido tomar una decisión en su vida, y que las circunstancias la llevan a un lugar y un momento determinado en el que el destino la pone en una situación límite que hace que su vida se tambalee y tenga que tomar por primera vez las riendas”.

– ¿Se ha encontrado usted en una situación similar?

“El destino siempre te pone en un cruce de caminos en la vida y según el que elijas tu vida va a cambiar. Yo tomé una decisión cuando era muy jovencita, cuando salieron las televisiones privadas y yo hacía teatro, pero también presentaba y hacía concursos y hacía de todo. Una televisión privada me ofreció un contrato millonario para ser presentadora de la casa. Te hablo de los años 90. Y entonces tuve que decidir si quería ser una persona muy popular, muy bien pagada y tener una proyección televisiva y hacer concursos y cualquier tipo de programas que me ofreciera la cadena, o dedicarme a la interpretación, que era lo que yo quería hacer desde que tenía 10 años. Rechacé ese contrato millonario y me fui a hacer teatro clásico en Mérida, con un papel pequeñito con el cual empecé a aprender y a sacrificar esas ofertas más cómodas, fáciles y bien remuneradas, por labrarme una trayectoria como actriz más lenta y arriesgada, pero en el fondo coherente con lo que yo quería hacer y con lo que yo siento y con mi compromiso con la cultura y el teatro”.

– Supongo que está hablando de su etapa posterior al programa 1,2,3.

“Sí, era muy jovencita, casi una adolescente. Para mí el programa fue un espaldarazo profesional. Lo que pasa que la popularidad que me dio era tanta, que en ese momento tuve que tomar la decisión y saber qué persona quería ser en realidad: popular o actriz. Y quería ser actriz”.

– ¿Qué es lo que más le apasiona del teatro?

“En el teatro el compromiso es real. Con los autores, los dramaturgos, con el pensamiento de una persona que ha escrito un texto que, por lo menos los que he tenido la suerte de hacer, tienen que ver con un análisis de la condición humana. Con una reflexión de la sociedad y sobre nosotros mismos. Tengo esa suerte. Son obras buenas, con buenos personajes y buenos autores. Para mi la importancia del teatro es que sales al escenario y no hay trampa ni cartón. Eres tú con tu público y tienes que tener un compromiso muy real con lo que estás contando a través de estos grandes autores”.

– El compromiso debe ser grande para salir a escena noche tras noche durante los meses que duran las funciones.

“Sí. Precisamente para mí el poderlo hacer cada día es un lujo. Porque cada día mejoras, encuentras algo nuevo que te va dando el texto. Es como si crecieras como intérprete cada vez que interpretas la obra. Me gusta muchísimo poder mejorar. En el cine es diferente. Lo haces una vez y ya está. No vuelves a afrontar ese momento. El teatro puedes mejorarlo, investigar, buscar, darle la vuelta, cambiarlo, porque es vivo, real, ocurre ahí. Me gusta muchísimo por todo lo que tiene de autenticidad”.

– ¿Actriz o productora? ¿Con cuál se queda?

“No (risas). Productora para nada. Eso lo hago porque siempre apuesto por obras interesantes que no siempre están relacionadas con el teatro comercial. Son más de riesgo y por eso soy productora. No tengo ningún interés por producir”.

– Es productora para poder traer obras que le gustaría que otros trajeran.

“Exacto. Tú lo has dicho”.

TE PUEDE INTERESAR