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De ‘Abycore’ a ‘Imoque’ (I). Orígenes de la toponimia canaria

La sociedad actual ha perdido en buena medida la capacidad de crear topónimos, al tiempo que se pierde la relación de los individuos con el espacio en el que viven
El Roque Imoque, Adeje. | Foto: Francisco M. Hernández Martín
El Roque Imoque, Adeje. | Foto: Francisco M. Hernández Martín
El Roque Imoque, Adeje. | Foto: Francisco M. Hernández Martín

Por Francisco M. Hernández Martín (investigador)

La toponimia es una forma de relación entre la sociedad y el espacio en que vive, y nace de la necesidad de tener un conocimiento profundo de los recursos y posibilidades del territorio, ya que de dicho conocimiento depende la vida del grupo. La sociedad actual ha perdido en buena medida la capacidad de crear topónimos, al tiempo que se pierde la relación de los individuos con el espacio en el que viven. La pérdida de dependencia del individuo con respecto al territorio se ha ido relajando, en la medida que han disminuido las actividades agrícolas para dar lugar a la urbanización de la población activa.

Este cambio ha modificado la percepción que el individuo tenía del espacio y de los antiguos topónimos, acelerada por la creación de nuevos topónimos que obedecen a razones de marketing o turísticas.

La arbitrariedad y el procedimiento seguido en la creación de nuevos topónimos -sobre todo en las zonas turísticas- ha conseguido en muchos casos la desaparición de numerosas denominaciones históricas, cuando no una profunda divergencia entre las denominaciones oficiales y las usadas popularmente, con lo que supone una reducción de la información territorial y una pérdida del patrimonio histórico y cultural. Mientras no se interrumpa la relación de los individuos con el territorio, la pervivencia de la toponimia aborigen y las circunstancias que le dieron sentido perdurarán, a pesar del proceso de aculturación que significó la colonización.

En este sentido la colonización no significó una ruptura total con el mundo aborigen, que logró la conservación de un cierto número de topónimos y de un mínimo sustrato cultural. A pesar de la casi completa desaparición de la toponimia aborigen en sus alrededores, el Roque de Imoque conserva la denominación que le daban los antiguos habitantes de la zona.

Achoche, Archaga, Ayio o Chimoche son solo algunos de los topónimos aborígenes que desaparecieron de la zona para siempre.

LA TOPONIMIA PREHISPÁNICA

En cuanto a la supervivencia y conservación de la toponimia aborigen, hay grandes diferencias entre las islas orientales y las occidentales, guardando el hecho una estrecha relación con la más temprana o tardía colonización de un territorio. Al parecer el número de topónimos aborígenes es mucho más abundante en las islas occidentales. Con el paso del tiempo y la castellanización se perdieron gran número de voces prehispánicas que solo podemos conocer por los documentos de los escribanos, aunque gran parte de estos documentos hayan sido pasto de las llamas o de la desidia de aquellos que tenían que conservarlos. Entre los topónimos aborígenes de los cuales solo se tienen noticias muy remotas estaría el de Aguahuco, nombre aborigen por el cual se conocía a la Punta del Hidalgo en el municipio de La Laguna, a pesar de que el actual nombre ya aparece en documentos de principios del siglo XVI.

Álvar Gonçales de las Alas. 6 f. de r. para viñas en el río de la Punta del Hidalgo… 2-IV-1504 (1)

Otro ejemplo muy significativo lo constituye el actual barrio santacrucero de San Andrés y su valle, que es uno de los lugares de la isla que más cambios de nombre llegó a tener. En los documentos notariales de escribanía aparece como Valle de Las Higueras o Figueras, Abicore, Ibaute o Valle de Salazar, esta última denominación por los diferentes repartos de tierras a la familia Salazar.

Lope de Salazar, vº de la isla de Tenerife. Do a vos…. en el valle de las Figueras q. es en el vando de Anaga… está en el barranco de Abycore… 17-V1499 (2).

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