
Lo ha vuelto a hacer, y esta vez por partida doble. Nacida en el santacrucero barrio de Tío Pino y criada en la capital tinerfeña, no abandonó Tenerife hasta cumplidos los 20 años, iniciando así una aventura personal que la ha conducido hasta la élite del disputadísimo mundo de la televisión estadounidense. Tras su éxito de 2016, el pasado domingo recibió otros dos Premios Emmy (los Oscar de la tele) gracias a su desempeño como directora de Informativos en Telemundo Washington. Como siempre, en la Gala de Maryland recordó sus raíces isleñas, sin las cuales no se puede entender quién es María Rozman (Santa Cruz de Tenerife, 1971).
-Muchas felicidades por los dos galardones. ¿Esperaba repetir, y encima por partida doble?
“La verdad es que no. Creo, y así lo entiende la propia Academia que concede los premios, que la nominación en sí ya es un premio. Lo cierto es que con ganar en 2016, tras ocho nominaciones, ya me daba por satisfecha. Lo de este año ha sido una sorpresa enorme y me ha hecho muy feliz”.
-Al menos en esta ocasión estaba presente en la Gala de entrega de los premios, no como hace dos años.
“Es verdad. Aquella vez me encontraba en Londres, camino de España, por un tema familiar que me impidió ir”.
-¿Se sospechaba algo y por eso fue este año? Se lo pregunto porque ya reside en Santa Cruz de Tenerife.
“No tenía pensado acudir, entre otras cosas porque no pensaba ganar. Pero ahora trabajo como relaciones públicas de European School of Management (ESM) y ellos me animaron a venir, para que estuviera presente, y me pusieron todo tipo de facilidades. ¡Imagine lo agradecida que les estoy! Si no es por ellos, me lo habría perdido”.
-Ganó dos premios. El primero en la categoría de Outstanding Sports News Feature con el reportaje Con los guantes puestos. ¿Cómo surge la idea de contar la historia del boxeador
Matthew Jonathan Abregú?
“Dentro del Departamento de Deportes siempre buscamos historias de corte humano, más allá de los resultados, y esta historia nos llamó la atención desde el principio, porque es el relato de un emigrante que llegó a la cima desde lo más bajo, dado que siempre tuvo claro que lo que sabía hacer era boxear. Es una historia de superación”.
-El segundo llegó en el apartado de Outstanding Historial Cultural, sobre la promesa del Capitolio al general español Bernardo de Gálvez, cumplida 231 años después.
“Esta historia es realmente apasionante, porque además tuve la oportunidad de conocer a la mujer que la hizo posible, Teresa Valcarce. Me la presentó un amigo común, y bastó con citarnos una vez para convencerme de que teníamos que contar esa historia en la televisión. Le confieso que, de las dos historias, esta me apasiona aún más que la del boxeador, seguramente porque tiene que ver con España”.
-¿Cómo es posible que un héroe de la Independencia de Estados Unidos como fue Gálvez pasara tan desapercibido?
“Siempre se acaba imponiendo la narrativa de los vencedores, que fueron los anglosajones. Son muchos, y muy importantes, los españoles en la historia de los Estados Unidos de América”.
-Tiene tres Emmy. El de hace dos años, por una serie de reportajes sobre pandilleros salvadoreños, y ahora por sendos relatos sobre deporte e historia. ¿El periodista debe especializarse, o ser como el hombre del Renacimiento y saber un poco de todo?
“A todos, periodistas o no, nos viene bien especializarnos, pero también hay que ser versátil, porque si no, te limitas en tu trabajo. Y más ahora, que vivimos una época de cambios por la revolución digital, en la que tenemos que saber desenvolvemos en distintos frentes”.
-¿Imaginó alguna vez que llegaría a vivir una noche como la de esta gala celebrada en Maryland, que además coincide con el sexagésimo aniversario de los Premios Emmy?
“(Medita unos segundos). Pues no, nunca imaginé algo así. Sobre todo después de lo de 2016, que llevaba ocho nominaciones y solo había ganado uno. Eso sí, tenía ensayado el discurso, aunque al final…”.
-¿Qué pasó?
“(Sonríe). El primero me cogió tan de sorpresa y había que recorrer tanto espacio que, cuando llegué al atril, mi compañero ya había dado su discurso y, como hay limitaciones de tiempo, solo pude decir gracias”.
-Pero llegó el segundo, y ahí sí que pudo hablar.
“¡Así fue! Éramos tres nominadas, y todas estuvimos mucho más atentas para llegar a tiempo. Aún así, solo pude dedicar los premios a la tierra de donde soy, España, y en especial, a Canarias. Y luego grité ¡Vivan las Islas Canarias! O eso creo, porque no lo recuerdo muy bien, no se crea”.
-¿Y eso?
“Aquello es tremendo. Una mezcla de nervios, emoción… Pero la verdad es que viví una noche mágica. ¡Fue genial!”.
-Había prometido a DIARIO DE AVISOS que si ganaba se lo dedicaría a Canarias, y ha cumplido. Lo cierto es que siempre se acuerda de sus islas.
“Para mí, Canarias es fundamental. Cuando vives mucho tiempo lejos, te das cuenta de que es un lugar muy especial y maravilloso. Además, entiendo que ser canaria, ser tinerfeña, ha sido decisivo en mi manera de ser, y clave a la hora de tomar las decisiones trascendentales de mi vida, en mi forma de ser. ¡Yo soy así porque soy de aquí!”.
-Lució en la gala de los Emmy un diseño del tinerfeño Sedomir Rodríguez. ¿Cómo surgió la idea de vestir moda isleña?
“Se lo debo a una amiga que trabaja en radio. Me comentó si tenía algo previsto y, aunque tengo mis vestidos de gala, pues la verdad es que se trataba de algo especial. Estuvimos viendo y me recomendó a Sedomir, que se mostró encantado con la idea y puso todo de su parte. Cuando vi el traje, me gustó mucho y lo cierto es que fue un éxito increíble. ¡Todo el mundo me preguntaba por el diseño! Yo, encantada de hacer promoción de mi tierra. En realidad, para mí es un orgullo servir de embajadora de todo lo canario, y esta vez no podía ser menos”.
-Usted llegó tarde a la profesión…
“Siempre quise ser periodista, pero no era una opción en La Laguna cuando era estudiante. Familia numerosa, clase media…, estudiar fuera no era posible. En EE.UU. me diplomé en Empresariales y finalmente, me licencié en Ciencias de la Comunicación mientras trabajaba como reportera y presentadora”.
-Si ahora nos leyera un estudiante de Periodismo de la Universidad de La Laguna, ¿qué consejo le daría?
“¡Que se olvide! (Ríe) No, es broma. Si realmente el periodismo es su pasión, adelante, porque esta es una profesión que, si te pica, la llevas en la sangre para siempre, porque enamora. Mi consejo es que conserve su integridad y su credibilidad, porque es fundamental, pero que también sepa navegar entre las aguas, para que su barco, su profesión, no se hunda. Pero sin olvidarse de que la integridad y la credibilidad, insisto, no son negociables bajo ningún aspecto”.





