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La Gesta (2): Aquellos ilustres desertores

Si en la victoria sobre Nelson no faltaron héroes como Gutiérrez o Grandy, también hubo quien, por interés o cobardía, rehusó defender la Isla contra el invasor inglés
Mientras unos se dejaban la vida en defensa de la ciudad, otros huyeron hacia La Laguna, anunciando incluso una derrota que no era tal
Mientras unos se dejaban la vida en defensa de la ciudad, otros huyeron hacia La Laguna, anunciando incluso una derrota que no era tal
Mientras unos se dejaban la vida en defensa de la ciudad, otros huyeron hacia La Laguna, anunciando incluso una derrota que no era tal. FRAN PALLERO

Los comportamientos heroicos y admirables se sucedieron durante los cinco días de 1797 en los que se rechazó el intento de invadir y/o saquear Santa Cruz de Tenerife por parte del Almirante Horacio Nelson. Si bien todos hemos oído hablar por estos lares del general Antonio Gutiérrez, nuestros historiadores han sabido rescatar del pozo del olvido a figuras como la del teniente Francisco Grandy Giraud, del que ya nos hemos ocupado en esta serie.

Sin embargo, tampoco faltaron algunas lamentables deserciones en aquellos acontecimientos que, a resulta de los mismos, otorgaron la tercera cabeza de león al escudo de la captal tinerfeña, tras las victorias sobre los también ingleses Robert Blake (1657) y John Jennings (1706).

Sea por los intereses ingleses en la Isla, especialmente fuertes entre las grandes familias del Norte y La Laguna, o por mera cobardía, no fueron pocos los que renegaron del combate ante el temible Nelson, a tal punto de que se quedaron sin cubrir hasta dos baterías ante el enemigo.

En su documentada obra Los desertores en la Gesta del 25 de Julio, Juan Carlos Cardell nos cita entre ellos a todo un Marqués, el de Fuente de Las Palmas, de nombre Domingo Chirino Soler y a la sazón comandante general de la Columna de Granaderos, que habría huído del combate.
Pero la nobleza tiene más representantes en tan infausta lista, ya que Cardell coloca entre ellos, fundamentado en abundante bibliografía, al teniente del Regimiento de Cazadores de La Laguna Antonio Monteverde Rivas Ponte, perteneciente a una de las familias más ricas de la Isla y dueño del Mayorazgo de Rivas.

Otro potentado al que se le achaca conducta tan impropia es al capitán Andrés Agustín De Torres Perdomo, aquellos días capitán de Cazadores del Regimiento de La Orotava y nada menos que titular del Mayorazgo de Tacoronte…

Con la distancia, resulta hasta cómico rememorar -como recogió entre otros la escritora y pintora Elizabeth Murray en sus Recuerdos de Gran Canaria y Tenerife- que tres oficiales llegaron a La Laguna huyendo del combate y, para justificar su deserción, anunciaron la derrota ante los ingleses.

Que sea Álvarez Rixo quien remate la historia: “Más cuando el Cabildo de La Laguna, que ya había nombrado los Diputados que habían de bajar a la Plaza para tratar la Capitulación, pues creían que el General Gutiérrez había muerto y que la plaza había rendido según le había dicho horas antes D. Ventura Salazar de Frías y Polier, que se fugó de Paso Alto”.

En la bibliografía sobre lo acaecido en Santa Cruz de Tenerife aquel 25 de Julio de 1797, destacan los acerados e hirientes versos confeccionados por Lorenzo Pastor y Castro y Graciliano Afonso acerca de las deserciones que tuvieron lugar entre las filas tinerfeñas:

“Todo un Marqués de Chirino, Comandante,
del Cuerpo del Pays, fuerte columna.
apenas oyó el ruido fulminante
el camino tomó de La Laguna.
Salazar y Velasquez van delante
dando la voz infausta e inoportuna
¡de estar todo perdido, el Jefe muerto!
¡Y los ingleses, ya dueños del Puerto!
Su Sargento Mayor, Castro, que erguido
a nadie cede en el marcial despojo,
incomodado del nefando ruido
escapa como tímido conejo.
Monteverde tomó el mismo partido
viendo lo saludable del consejo,
y Torres, suponiendo un gran insulto,
entre dos milicianos escurrió el bulto”.
(Lorenzo Pastor y Castro).

“¡Ay, Orotava, Orotava,
oprobio de estos tiempos!
Lloren los doce hogares
aquel solar primero
semillero de orgullo
fuente de menosprecio”.

(Graciliano Afonso).

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