cultura y ciencia

Pablo Gervás: “La inteligencia artificial servirá para entender mejor cómo funcionamos las personas”

Doctor en Informática y experto en inteligencia artificial (IA), su programa informático WASP (Wishful Automatic Spanish Poet) fue capaz de escribir poesía
Pablo Gervás. | SERGIO MÉNDEZ

Pablo Gervás es doctor en Informática, experto en inteligencia artificial (IA) y su programa informático WASP (Wishful Automatic Spanish Poet) fue capaz de escribir poesía. Este mes visitó Tenerife dentro de las jornadas de Encarte, encuentro de creatividad, arte y educación, promovidas por el Cabildo, donde fue uno de los ponentes.

-¿Cuál es la diferencia entre la creatividad universal y la delegada, y cuál de las dos podría hacer una máquina?

“Hay una idea que yo quería transmitir, que es que nosotros hablamos de creatividad como si fuera una sola cosa y pensamos que es muy de las personas y, sin embargo, hay claramente dos creatividades muy distintas. Una que sí que tiene todo el mundo, que es esa de “esto se me ha caído, no tengo tiempo de coserlo y lo sujeto con un clip o lo que sea”. Estás usando un elemento para resolver un problema para el que no está pensado como solución. Y esa es la creatividad universal, que puede tener todo el mundo. Y luego está la creatividad que yo he llamado delegada, que es la que solo tienen los genios. No todo el mundo puede escribir una novela o componer una sinfonía. Pero a nadie le importa, todos delegamos esa creatividad. Todos asumimos que esa creatividad la va a hacer alguien por nosotros. Yo no pinto, ni canto, ni escribo, pero disfruto de los cuadros de los demás, de la música, de los libros. Cuando se habla de la creatividad y las máquinas, la gente se piensa que vamos a hacer todo. Que vamos a desbancar a todos. A los músicos y a los novelistas. No se trata de eso. Se trata de que hay una creatividad universal que todas las personas manejan todos los días y les ayuda a sobrevivir día a día y que las máquinas no tienen. Pero que si consiguiéramos reproducirla de alguna manera, las máquinas podrían resultarnos más útiles y más sencillas de manejar”.

-Usted lo que intenta es que la IA tenga esa creatividad universal.

“Yo en realidad llevo muchos años trabajando en esa frontera entre la IA y la creatividad literaria. Lo que hago es intentar modelar pequeñas tareas que se puedan hacer de manera automatizada y que estén relacionadas con la creatividad literaria. Que se pueda hacer poesía, creación de narrativa y demás. La idea es que yo creo que la literatura es a la comunicación lo que la Fórmula 1 es al transporte. Es decir, para la comunicación del día a día no escribimos novelas ni sonetos, pero si estudias cómo se construyen las novelas, cómo los grandes poetas y novelistas hacen esas tareas, es donde descubres de verdad los mecanismos que luego te pueden ayudar a mejorar esa comunicación. Es como los frenos de la Fórmula 1. Los prueban en situaciones límites y luego esa tecnología se aplica para un camión de transporte, y este será más seguro. Es estudiar estos fenómenos cuando se llevan al límite para luego traerlos al día a día. Cada vez más la comunicación entre personas está más mediatizada por las máquinas, y hay que intentar que eso no consista en que pierde calidad. Para eso la máquina tiene que, de algún modo, modelar y ser capaz, poco a poco, de tener más humanidad. Que sea más narrativa. Ahora los museos son narrativos, los políticos son narrativos, cuentan historias. Y las máquinas no saben. Ahí es donde estamos trabajando nosotros. En intentar retratar esa capacidad y necesidad que tenemos las personas de comunicarnos mediante narrativas, acercarlas un poco a las máquinas, que efectivamente son muy limitadas, y hacen lo que hacen, pero a base de enriquecerlas con estas investigaciones, podremos ir aumentando el límite”.

-En 2016 Microsoft creó el programa de conversación que se llamaba Tay, que duró un día porque empezó a dar contestaciones racistas, xenófobas, pero también, claro, al mismo tiempo usted dijo en una entrevista que ahora mismo las máquinas aprenden de nosotros, aunque en un futuro nosotros aprenderemos de las máquinas. ¿Tiene relación cómo terminó comportándose ese programa con nosotros mismos?

“Yo creo que es una cuestión muy clara. Las máquinas ahora mismo, salvo campos muy concretos como el ajedrez, están aprendiendo de las personas. El de Microsoft es un ejemplo claro. Pero no aprenden de golpe a ser igual que la persona. Esta máquina estaba aprendiendo a aprender. Estaba programada para conversar con la gente en internet e ir aprendiendo de la gente con la que lo hacía. ¿Y cómo aprende? Pues exactamente como los niños. A los niños los mandas de campamento y vuelven diciendo palabrotas. Pues exactamente es lo que hizo la máquina. Una cosa que no entiende la gente es que la inteligencia humana es muy compleja. La IA lo que va haciendo es identificando pequeñas tareas que se pueden modelar y modelarlas. Esas tareas son solo una parte muy pequeñita de lo que hacen las personas. Tay estaba programada para aprender palabras, pero solo eso. Nosotros no solo hacemos eso, sino que también aprendemos cuáles se deben decir y cuáles no, y en qué contexto. Eso no era la tarea que le mandó Microsoft. La máquina aprende lo que dice la gente. Si la gente cuenta chistes racistas, pues cuenta chistes racistas. Y además, hay otro problema. La inteligencia artificial que está ahora de moda está muy basada en la estadística. Es decir, que, en este caso, esta máquina aprendió lo que vio más frecuentemente. Reprodujo las cosas a las que estuvo más expuesta. Todo lo que dice la máquina no suena extraño, pero no es precisamente lo más acertado. En muchos casos, de lo peorcito que se puede decir”.

-A usted le gusta mucho la literatura. De hecho hubo un tiempo en el que dudó si estudiar literatura o ciencias.

“Sí, pero lo que me interesa es entender la realidad. Yo empecé a estudiar Ciencias Físicas porque quería entender cómo se relacionan las cosas entre sí. Pero eso mismo me sigue fascinando de la literatura. Cómo funciona y cómo se relacionan entre sí las piezas que la conforman. Y eso es muchísimo más complejo, porque hay mucho de la experiencia personal de la gente y de cómo funcionan la mente y las emociones. Son componentes muy interesantes de la literatura que hacen que sean muy difícil de modelar. No es como reconocer imágenes o que Siri te entienda cuando hablas. Ahí hay una parte muy complicada. La gente no se da cuenta de que la inteligencia artificial, aunque le gustaría modelar todo lo que es la experiencia humana y el comportamiento humano, lo único que hace es elegir pequeñas parcelas y funciones que sí se pueden hacer. Y de hecho, aunque hay muchas que no se han hecho todavía, no es que no se pueda, sino que nadie se ha interesado. La triste realidad es que las que se han hecho son sobre todo las que daban dinero. Por ejemplo, las emociones, tal y como nosotros las entendemos, la empatía no se está intentando reproducir. Nosotros estamos en ese nicho de cosas que se pueden hacer y que podrían funcionar aunque no den dinero, pero que nos ayudarán a entender cómo funciona la literatura. Y que posiblemente, además, en algún momento, puedan aprovecharse. Pero no una máquina que nos haga todas las películas de Spielberg, sino como una herramienta que el señor que vaya a hacer una película pueda incorporar en sus flujos de trabajo”.

-¿Qué va a poder hacer la inteligencia artificial a medio y corto plazo?

“Hay dos cosas que puede hacer la inteligencia artificial por nosotros a medio plazo. Una sería muy práctica y es identificar pequeñas tareas que se pueden delegar. Y estoy hablando de esos pasos que nos dan, por ejemplo, el foco automático en las cámaras o el piloto automático en los aviones. Es que nadie piensa que eso es inteligencia artificial. Parece que inteligencia artificial es solo lo que no se puede hacer y en cuanto se puede, ya deja de serlo. Siri era inteligencia artificial hasta hace unos años y ahora ya todo el mundo lo tiene y nadie piensa que es IA. Desaparece la fascinación porque se convierte en algo de todos los días. La segunda función de la IA es muchísimo más abstracta, que es entender cómo funcionamos las personas, cómo nos funciona la cabeza. Puede servir para entender mejor cómo nos comunicamos, cómo pensamos, cómo recordamos. Cómo reaccionamos e influyen las emociones en nuestras emociones. Todo eso son cosas de las que, a base de estudiar cómo lo hacen las personas e intentar reproducirlo, se aprende mucho. Richard Feynman, un físico muy famoso, en la última pizarra que dejó escrita antes de morirse decía “Lo que no puedo construir es que no lo he entendido lo suficiente”. Y es un poco lo que me mueve a mí, esta idea. Si no consigo que la máquina escriba un poema, es que no he entendido del todo cómo se escribe un poema”.

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