
¿Voy a ser adoptada?. Estas han sido las cuatro palabras mágicas que Ivey preguntaba en su décimo cumpleaños al descubrir uno de los regalos más deseados tanto para ella como para Paige y Daniel, y que les ha costado un total de tres años de sinvivir.
La niña llegó a la familia Zezulka en una apuesta por la reunificación de todos los hermanos -tres en total-, debido a que su madre biológica no podía hacerse cargo de ellos.
Ahora, a la familia le han concedido la adopción de todos ellos y, como se muestra en la grabación, Ivey no ha podido contener las lágrimas de emoción. Y es que la pequeña siempre lo tuvo claro, ya que durante la primera noche con la pareja les preguntó si podía llamarles papá y mamá; la segunda, si podía quedarse para siempre.
Ivey, que siempre pintaba en un folio en blanco cómo sería su familia, ya puede vivir la realidad del que siempre ha sido, probablemente, su dibujo favorito.





