
El buque insignia de Greenpeace, de nombre ESPERANZA, recaló ayer en la dársena de Los Llanos de la capital tinerfeña, donde permanecerá hasta el lunes a primera hora, en una campaña nacional por diferentes puertos del país para denunciar el desarrollo urbanístico en las costas, que en el caso del Archipiélago alcanza el 130% de superficie construida en los últimos 30 años, denuncia la organización ecologista.
Nada más atracar en la isla, Greenpeace ha puesto el dedo en la llaga, es decir, en los vertidos, uno de los problemas medioambientales más graves de Canarias y, especialmente, de Tenerife (por cuya causa ha sido multada España por los tribunales europeos), que lanza al mar cada día hasta 57 millones de litros de aguas no depuradas.
La ONG habla de “contaminación severa” en las aguas de baño y advierte de que el mar que bordea la costa se puede convertir a este paso en una gran cloaca. ¿Hace falta recordar a las autoridades de qué vivimos en este Archipiélago?




