alto voltaje

El crucero del hantavirus: el Titanic político del Gobierno de Canarias

Cuando uno mete la pata, lo inteligente suele ser rectificar. Lo peligroso es seguir cavando

Cuando uno mete la pata, lo inteligente suele ser rectificar. Lo peligroso es seguir cavando. Y eso es exactamente lo que están haciendo estos días el presidente del Gobierno de Canarias, FERNANDO CLAVIJO, y la presidenta del Cabildo de Tenerife, ROSA DÁVILA, empeñados en convertir un episodio sanitario delicado en una caricatura institucional difícil de superar.

Después del histórico momento televisivo del “roedor”, la nueva tabla de salvación del Ejecutivo canario y del Cabildo de Tenerife ha sido agarrarse a un supuesto positivo ocultado por el Gobierno central en el crucero Hondius. Un argumento repetido en la mañana de ayer durante horas como quien encuentra el último flotador del Titanic político.

El problema es que el flotador también estaba pinchado. Las autoridades estadounidenses confirmaron finalmente que aquel famoso “positivo débil” era, efectivamente, negativo. Es decir: ni ocultación, ni conspiración, ni pasajero infectado escondido bajo cubierta.

Todo queda reducido a una discrepancia técnica y a una sobreactuación política que ya empieza a competir con el Carnaval, aunque sin tanta gracia. Porque apagar un incendio con gasolina y luego culpar al mechero nunca suele ser una buena idea. Mucho ruido, mucha tensión institucional, y el barco terminó haciendo exactamente lo que iba a hacer desde el principio.

Al final, el famoso hantavirus parecía menos peligroso que la gestión política del asunto. Y los únicos que realmente han acabado nadando en todo esto han sido algunos dirigentes, desesperados por encontrar cualquier argumento que les permitiera escapar del espantoso ridículo nacional y del consiguiente naufragio mediático.

Lo peor es que, a diferencia de los roedores de la leyenda nocturna, hay discursos que sí hacen agua, incluido el del vicepresidente MANOLO DOMÍNGUEZ, sin vela en este entierro, pero con ese tono de influencer institucional al que nos tiene acostumbrados con una atrevida mezcla de dramatismo e improvisación. Pero hay que excusarlo: últimamente sus escribanos/as en social media están demasiado ocupados administrando el generoso presupuesto de la televisión pública que les ha caído del cielo (la cuota del PP), y lo decimos sin ‘retranca’. Un salto admirable. Lo seguiremos con mucha atención.

Quizá va siendo hora de que nuestros dirigentes abandonen el espectáculo y vuelvan a ocuparse de los problemas reales de los canarios. Porque para funciones improvisadas, los ciudadanos ya pagan demasiadas entradas cada día.

El crucero del hantavirus amenaza seriamente con acabar convertido en el gran Titanic político del Gobierno de Canarias. Aún están a tiempo de esquivar el iceberg, pero quizá para eso habría que espabilar y abandonar el espectáculo, y sugerir a los músicos de la orquesta, y especialmente a la vocalista del apocalipsis, que es hora de bajar el volumen y empezar a pilotar con algo más de sentido común. Porque el esfuerzo inútil conduce inevitablemente a la melancolía, como escribió ORTEGA Y GASSET, que, conviene recordar, viendo el nivel del debate público reciente, no eran dos señores opinando en una tertulia casposa y mañanera, sino un filósofo de verdad.

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