economÍa

Los avicultores canarios, obligados a sacrificar gallinas y tirar miles de huevos

La competencia en precios del producto peninsular, que inunda el mercado canario, la falta de mecanismos de protección eficaces, junto a la poca implicación de grandes superficies, pone en jaque al sector local
AVICULTURA HUEVOS
AVICULTURA HUEVOS
Miles de huevos se donan o se destruyen ante la imposibilidad de colocarlos en un mercado cuya demanda no se cubre con la producción local. DA

La producción local de huevos en Canarias cubre aproximadamente el 60% del mercado insular, es decir, no es lo suficientemente grande para satisfacer toda la demanda, y, sin embargo, tiene graves problemas para colocar la mercancía a un precio que cubra los costes de producción. El sector avícola se está enfrentando en Canarias a un grave problema, generado principalmente por la competencia en el precio del producto que viene de la Península. Una situación que está obligando a las granjas locales no solo a regalar o donar, cuando no a tirar directamente, miles de huevos, y a sacrificar gallinas de manera anticipada, todo para cubrir los costes. Esta deriva, incluso, alertan desde el sector, unida a cambios futuros relacionados con la normativa europea tendente al bienestar animal, podría llevar al colapso de este eslabón de la producción agraria local. “La realidad es que, a día de hoy, se sacrifican gallinas de manera anticipada y se están regalando o tirando miles de huevos. Este año, nosotros hemos donado 130.000 huevos a asociaciones como el Banco de Alimentos o Kairos, pero también otros ganaderos están en la misma situación”. Quien así se expresa es Samuel Marrero, director general de Capisa, uno de los grupos ganaderos más importantes de Canarias y con una de las granjas que mayor número de aves ponedoras del Archipiélago tiene. Marrero denuncia públicamente la situación a la que, desde su punto de vista, están abocando al sector, y que no es otra que la desaparición. Señala no solo a las administraciones por la falta de protección, sino también a las grandes superficies o los hoteles que no apuestan por el producto local.

“Tenemos un problema a nivel regional. Los productores locales se están encontrando con muchísimas dificultades para vender el producto a un precio adecuado al coste de producción, porque hay una competencia directa que es el huevo que entra de Península”, detalla Marrero. Según explica el director general de Capisa, “en Canarias siempre estamos compitiendo directamente con el huevo que viene de Península y los productores peninsulares utilizan al Archipiélago como válvula de escape para el producto que tiene en exceso así que, cuando baja el precio, en vez de tener inundado el mercado peninsular, lo trae a Canarias a través de distribuidores y grandes superficies”.

Esta competencia en precios, dado que hay una mayor cantidad de producto en el mercado local, hace que los ganaderos isleños “estén tirando parte de la producción y el que no la está tirando, la regala, como hacemos nosotros, a entidades como el Banco de Alimentos o Cáritas”. Explica Marrero que los avicultores se ven obligados al sacrificio porque “les cuesta más alimentar las gallinas que el rendimiento que les sacan”. Cuando se le pregunta a Marrero a qué se debe esa “inundación del mercado” con huevo foráneo, explica que, “este, como muchos productos, se regulan por lonja, y la peninsular depende de un montón de factores, no solo locales, sino también de las exportaciones; si estas suben, el número de huevos cae en el mercado, el precio interior sube y aumenta la demanda”. Sin embargo, “ahora, la lonja ha empezado a caer porque las exportaciones han disminuido, y eso ha hecho que el precio baje, y Canarias, indirectamente está sometida a esos precios de lonja, cuando en las Islas no tiene ningún sentido porque la producción es la misma y el consumo está muy por encima de la producción local, y eso, es lo que te machaca”.

PRODUCCIÓN LOCAL

Explica Capisa que la producción de Canarias no tiene nada que ver con las economías de escala que tiene la Península, donde la granja media puede tener un millón de aves. “Aquí las más grandes de avicultura son de 100.000, 120.000 o 130.000 como la nuestra y, en total, hay un millón y medio de gallinas”. “Esto hace -continúa Marrero- que los costes de producción, las economías de escala en Península, no tengan nada que ver con la producción de aquí. Si no se protege la producción local, los costes de las explotaciones de la Península les permiten invadir las islas con su producto”.

En estos momentos, el 40% del mercado se cubre con huevo que viene de la Península, según los datos oficiales. “Lo que está claro es que el censo de avicultura ha descendido, cada vez está más concentrado en pocos ganaderos, entre otras cosas porque hay limitaciones al crecimiento de las explotaciones por cuestiones legales relacionadas con la ordenación del territorio y demás, y, claro, la competencia con el producto de fuera”.

En cuanto a la colaboración de las grandes superficies o de los hoteles, sorprende conocer de boca del sector que hay marcas que no solo no colaboran con el producto local sino que etiquetan de manera confusa el huevo haciendo pensar al cliente que es producción local. “Hay que combatir el fraude de todo tipo, tanto como que se pague el Arbitrio Insular de Entrada de Mercancías (AIEM) como que, una vez que el huevo foráneo está en el mercado insular, se marque como de aquí o se etiquete de forma que se induzca al error al consumidor sobre su procedencia”. “Hay que controlar que cuando el consumidor decide comprar huevo local, que puede ser más caro, tenga claro lo que está comprando”, detalla Marrero. El director general de Capisa pone como ejemplo uno que es habitual en un supermercado de Canarias: “huevo de Segovia, etiquetado con la imagen del drago de Icod, pero cuando te fijas en la procedencia es de Segovia. Piensas que te estás comiendo producto local y no lo es”.

En esta guerra de precios, Marrero señala que uno de sus clientes, le ha reducido la compra en más de 300.000 huevos al mes porque el producto está más barato en Península. Otro de los aspectos sobre los que llaman la atención desde Capisa es la calidad del producto local. “Los consumidores tienen que saber que un huevo producido aquí tarda entre tres y cuatro días en llegar a su mesa, mientras que el que viene de fuera, puede estar una media de diez días en contenedores y luego llegar a las grandes superficies”. Un huevo tiene una caducidad de 28 días.

AVICULTURA GALLINAS
Las granjas locales no pueden competir en precio con las peninsulares,que ocupan más espacio para su producción

SOLUCIONES

La solución a esta situación, admiten los ganaderos, debe apoyarse al menos en tres patas: “Un mayor apoyo del Cabildo, más protección del producto canario y, por supuesto, que las grandes superficies apuesten por el producto local y, si no quieren hacerlo, que etiqueten correctamente los productos con su procedencia, de forma que el consumidor sepa qué está comprando y de dónde procede”, explican desde Capisa.

La forma más eficaz de frenar esta deriva, afirma Marrero, pasa por la protección de la producción local. “Los grandes consumidores deben concienciarse con los productos de kilómetro cero, una tendencia que se impone en Europa pero que aquí no es mayoritaria, y si no priorizan ese consumo, tienen que dejar muy claro en sus productos que no son locales y que la gente elija”, insiste.

Capisa también llama la atención sobre la última modificación del AIEM, que para los productores tiene que ser una verdadera barrera de entrada ya que no se entiende que se haya bajado del 15% al 10% en la última revisión. “Tiene que servir para proteger la producción. Hay que buscar la manera, y ya sabemos que es difícil, porque es un mercado local, pero si no se toman medidas en el corto y medio plazo, el sector puede desaparecer”.

EL BIENESTAR ANIMAL, EL PRÓXIMO CAMBIO QUE YA ESTÁ EN EL HORIZONTE

David Heredia, gerente de Producto Canario Tenerife, una de las sociedades del Grupo Capisa, advierte de que a la situación actual, se sumará en breve que el sistema de producción se verá afectado por la tendencia europea de bienestar animal. “Se va a bascular a un huevo de gallina feliz, campero, eso en Canarias va a tener una repercusión terrible con el ganadero, porque son pequeñas granjas incapaces de asumir por un lado la inversión y por otro la falta de espacio”. “Subirá el coste y no van a pagar más por ese huevo”.

PIDEN AL CABILDO DE TENERIFE DAR UN VERDADERO APOYO AL SECTOR Y NO HACER “PLANES DE BOQUILLA”

El director general de Capisa, Samuel Marrero, pide una mayor implicación del Cabildo, al que acusa de hacer planes de boquilla. “Tiene que concienciarse que defender la ganadería es hacer las inversiones necesarias para la retirada de residuos, recogidas de ejemplares, la clasificación de suelos… Si una granja quisiera pasar al sistema de poner 120.000 gallinas al aire libre, dónde está la clasificación que lo permite, no hay un suelo para el desarrollo ganadero. Tiene una concepción de la ganadería muy tradicional y no como una industria más”, afirma.

LOS DATOS

PRODUCCIÓN AVÍCOLA

Número de aves: 1.500.000

Nº de aves por granja: 50.000-60.000

Cobertura del mercado local: 60%

Producción (2016): 30.200 docenas

Barreras de entrada: 10% en el AIEM

Tenerife: Según los datos del Gobierno de Canarias, en 2017, Tenerife contabilizó 694.733 gallinas, casi el 50% del total de aves ponedoras registradas en las Islas.

AIEM: El AIEM grava las producciones foráneas de competencia directa a los productos locales. En la última modificación rebajó la protección del huevo local del 15% al 10%.

28 días: La caducidad de un huevo está fijada en 28 días. Los productores locales llaman la atención sobre el hecho de que un huevo local estará en la mesa entre tres y cuatro días desde que se produce, mientras que el que procede de la Península pasa, como mínimo, entre ocho y diez días en contenedores hasta llegar a las Islas.

Precios: Los productores peninsulares, antes de saturar el mercado propio, inundan el canario, con la consecuente bajada de precio, lo que “hunde” al empresario local.

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