
El único parque multiaventura de La Palma, instalado en Breña Baja siete años atrás por una empresario italiano, ha cerrado sus puertas esta semana. La irregularidad en la compra del producto, con picos muy altos en la demanda de turistas europeos, nacionales e interinsulares, pero sin una frecuencia estable, además de la inversión para la adaptación de la instalación a las exigencias de la normativa europea en la materia, han obligado a este empresario, afincado en La Palma desde el año 1995, a echar el cierre. Lejos de mostrarse abatido, prefiere recordar la ilusión con la que arrancó el proyecto siete años atrás: “Tenía mucho entusiasmo, creé un producto con un enfoque familiar, no se trataba de una experiencia extrema sino de dar la posibilidad de disfrutar en este entorno a niños desde los tres años y a personas sin límite de edad, con un amplio abanico de clientes y tres circuitos alternativos”.
Marco, que así se llama este hombre vinculado al sector turístico durante toda su vida, constituye una excepción a la hora de contar sin reservas el cierre, las circunstancias que se han dado los detalles de esta recta final, todo ello en un contexto insular donde todo el mundo se conoce y donde, pese a la frecuencia de cierre y apertura de indicativas empresariales de forma periódica, especialmente en el comercio, nadie quiere hablar del cierre de una iniciativa empresarial que no ha llegado a buen puerto.
Ahora le queda por delante desmontar la instalación en unos terrenos para cuyo uso obtuvo en dos ocasiones la concesión otorgada por el Ayuntamiento de Breña Baja. Marco reconoce que otro de los factores que ha influido a la hora de tomar la decisión de cerrar el Acropark, más allá de las cuentas y de la rentabilidad económica e inestable, es la necesidad de poner fin a una deriva de sacrificios personales y familiares que ha realizado para defender un proyecto cuya ubicación, en una zona de cumbre de la Isla, se veía condicionado buena parte del año, por las irregulares condiciones meteorológicas y los días limitados para su explotación.
Reconoce Marco que “La Palma no disfruta de una línea de flujo de turistas continua, con lo que en un solo día puedes tener una demanda de más de 130 personas, para luego atravesar días enteros en los que no hay clientes”. Pese a todo afirma que “La Palma tiene un potencial muy alto, pero en cuanto a ocio activo hay flujos muy irregulares y los perfiles de los turistas son muy cambiantes”. Frente al escaso mercado, la competencia por parte de las empresas dedicadas en la Isla a turismo activo es muy alta. Si bien el Acropark echa el cierre después de siete años de recorrido y de la recepción de miles de visitantes, la oferta de turismo activo de la Isla Bonita sigue contando con otras opciones de aventura, de astroturismo y un amplio abanico de experiencias que convierten en más atractivo el destino. El senderismo, los recorridos en bicicleta, los paseos a caballo y tirarse en tirolina desde lugares de enorme atractivo en medio de la naturaleza, o recorrer en quarks espacios naturales, son algunas de las preferencias de los visitantes que recibe la Isla.




