entrevista inédita al Premio Nobel de Literatura José Saramago

Entrevista inédita al Premio Nobel ‘lanzaroteño’ José Saramago: “Lanzarote no es mi tierra, pero ya es tierra mía”

Esta entrevista permanecía inédita y sale hoy a la luz en DIARIO DE AVISOS al cumplirse 20 años del premio literario más importante, que fue concedido al escritor portugués, sin duda, alentado por la aparición de aquella novela culminante del autor

José Saramago, premio Nobel de Literatura
José Saramago, premio Nobel de Literatura / EP

En 1995, José Saramago nos abrió la puerta de su casa en Tías (Lanzarote), para hablar de su nueva novela, Ensayo sobre la ceguera, y de su personalidad mediáticamente ya atractiva, antes de que le concedieran el Nobel tres años después. Esta entrevista permanecía inédita y sale hoy a la luz en DIARIO DE AVISOS al cumplirse 20 años del premio literario más importante, que fue concedido al escritor portugués, sin duda, alentado por la aparición de aquella novela culminante del autor.

-¿Tiene la impresión de que esta es su novela cumbre, como ya sugiere parte de la crítica?
“Pues mire, la novela está ahí y ha sido bien acogida, es cierto, por la crítica y el público en Portugal, Argentina, Italia…, y qué es lo que yo puedo decir si la llaman obra cumbre, pues ellos lo sabrán. Si están diciendo que es mi mejor novela, pues no lo sé, el autor no puede y no debe opinar mucho de su obra, lo único que puede decir es que está contento con lo que ha hecho y si ha cumplido la intención que tenía, y en ese sentido, sí, es decir la novela pienso que está diciendo lo que yo quería decir”.

-Esta es una novela que se llama ensayo. ¿Qué es, en realidad?
“Es una novela. Se llama ensayo por una casualidad. Lo que pasa conmigo es que lo primero que se me presenta es el título, un título que lleva dentro ya la idea. Y lo que ocurrió es que se me presentó el título tal cual es, Ensayo sobre la ceguera. Pero si me pregunta si creo que esto es un ensayo, yo diría, claro, que no. No es un ensayo, es una novela, pero la idea se me presento así y yo tenía la obligación de aceptarla. Ha pasado como en mi novela anterior, El evangelio según Jesucristo, que no es un evangelio según Jesucristo, no es Jesucristo quien narra su propia vida, pero nació con ese título y yo lo conservé”.

-Y, una vez leída, uno descubre que tampoco trata sobre la ceguera.
“Claro, con independencia de la anécdota sobre el título, de lo que es mi creación literaria, lo que sí estaba muy claro desde que la idea se me presentó es que no me quería referir a la ceguera de los ciegos. Yo quería hablar de todos nosotros desde un punto de vista mío, pesimista, según el cual nos comportamos de una forma que no tiene nada que ver con la racionalidad, es decir yo sigo diciendo que es cierto que nosotros nos decimos que somos seres racionales, pero no nos comportamos según lo que llamamos la razón. Pienso que mejor se comportan los animales que se gobiernan por el instinto, y que el instinto sirve mejor a los animales que la razón a los hombres en el sentido de que el instinto es conservador, mientras que la razón a lo largo de nuestra historia muchísimas veces, desgraciadamente, ha sido destructora. Si vemos el espectáculo del mundo ahora mismo y nos preguntamos si es de seres racionales la vida que estamos haciendo, comprobamos que no. Algunos viven bien, pero a costa de la desgracia y la miseria de millones y millones de humanos, también racionales como ellos, que son víctimas del abuso y del mal uso de la razón de unos contra otros. Creo que en la novela he hecho un discurso un poco largo, pero necesario”.

José Saramago, premio Nobel de Literatura / EP
José Saramago, premio Nobel de Literatura / EP

-¿Si el hombre sufre ese tipo de ceguera, no a causa de una enfermedad, sino por voluntad propia, entonces se ha vuelto loco?
“Yo tengo una teoría. Que el hombre se volvió loco cuando descubrió que era inteligente y no soportó la inteligencia. Son formas de decir que es mucho más serio que estas pequeñas metáforas. Es la incapacidad que yo tengo de entender a una especie como esta, que es capaz de todo, en el sentido bueno y positivo, pero que parece que está más preocupada, por ejemplo, en llegar a la luna, algo, sin duda, estupendo, que en llegar al otro, y cuando hablo del otro es del diferente, el que no tiene nuestra raza, nuestra religión, nuestro color, nuestra cultura, es decir, el hombre no es capaz de sentir respeto por el otro. ¿Cómo es que podemos llegar a todo y no podemos llegar al otro y reconocerlo? No es un asunto de tolerancia, porque la tolerancia es casi tan mala como la intolerancia, porque lo contrario de la intolerancia no es la tolerancia. La tolerancia no es más que aceptar provisionalmente al otro; por ejemplo, lo que pasa con los inmigrantes, mientras sean necesarios, encantados, pero cuando cae la economía de un país y no son necesarios, entonces se presenta el problema y la solución es todos fuera. Personas que antes eran tolerantes, que toleraban a los inmigrantes, se vuelven intolerantes cuando las circunstancias económicas, sociales y políticas cambian. No es la tolerancia la que es necesaria, sino el reconocer al otro y respetarlo en su diferencia. A pesar de tantas religiones, filosofías, derechos y tanta ley todavía no hemos llegado a la perfección que sería no hacer al otro lo que no queremos que nos hagan a nosotros mismos. Esa es la verdadera ideología, que se se condensa en una idea tan sencilla como esta. No se necesitarían códigos ni leyes si tuviésemos claro algo tan simple”.

-¿A qué aspira como escritor?
“Lo más difícil, la utopía es imaginar que una mañana todo el mundo se despierte diciendo, “hoy no haré daño a nadie”. Al decir esto, usted puede pensar que yo soy tonto, porque toda la historia de la humanidad está delante de nosotros diciéndonos que esto no ocurrió y no ocurrirá nunca. Pero lo que sí tenemos que hacer es no aceptar la situación como si fuera irremediable y no existiera ninguna solución. Es cierto que cada uno de nosotros individualmente no puede cambiar nada, pero si convenimos que es necesario cambiar, si lo pensamos, entonces, el hecho de haberlo pensado muchos, nos coloca en la mejor predisposición. Pero no tengo ninguna ilusión. El mundo está en manos de una minoría y no son los gobiernos los que van a mandar, esas son tonterías. Que no vengan con las virtudes de la democracia, que tiene muchas, incluso puede tenerlas todas”.

-¿Cuál es el verdadero poder del mundo, entonces?
“El verdadero poder es el financiero y nosotros nos cansamos de hablar de democracia y no nos damos cuenta de que el que gobierna no es democrático. No vale la pena hablar de democracia como solemos hacerlo; lo que yo quiero decir es que una democracia funciona como fachada de una realidad distinta que no es democrática. Suele pasar y ha pasado siempre, ahora muchísimo más con la globalización económica del mundo. Es verdad que el dinero no tenía color, pues ahora no tiene ni raza, ni nacionalidad. El dinero es su propia raza y hay una nación, un país, una entidad que se llama dinero y no es, en absoluto, democrática. Si queremos dar un contenido a la democracia, lo primero es garantizar la participación ciudadana sistemática, continua y cotidiana en todo. Entonces la democracia empezará a tener un sentido, pero mientras el poder real esté en manos de un grupo minoritario de señores que pueden hacer tambalear una economía, un país… Hoy los gobiernos no son sino comisarios de ese poder. No es el señor Kohl (la entrevista se celebró en 1995, cuando Helmut Kohl era el canciller alemán) el que manda en Europa, lo parece pero no, son los funcionarios quienes mandan ahora en Europa, son las multinacionales que quieren hacer de Europa un supermercado y los gobiernos están allí para cumplir y nada más, da igual que sea de centro, derecha o izquierda. Esta ideología puede influir al menos estéticamente, pero no vale la pena que nos engañemos a nosotros mismos, hay que enfrentarse con la verdad, porque es la única forma de cambiarla”.

José Saramago, premio Nobel de Literatura / EP
José Saramago, premio Nobel de Literatura / EP

-No estamos en Portugal, sino en Lanzarote. ¿Cómo llega usted a la Isla?
“Yo llegué aquí por una casualidad, porque mi mujer tenía una hermana que vive aquí hace 14-15 años y vinimos invitados por ella y su marido. Yo pensaba que venía a Lanzarote de vacaciones, pero a raíz de la publicación de El Evangelio según Jesucristo, en una intervención disparatada, por no decir estúpida, del Gobierno de mi país, prohibiendo que la novela fuera presentada a un premio literario europeo, eso me dejó francamente muy triste e infeliz. Porque mientras vivimos bajo una dictadura eso se preveía, pero que en democracia alguien se permitiera prohibir que un libro participara en ese premio… Fue entonces que yo andaba buscando una casa cerca Lisboa para estar más tranquilo, y todo esto acabó por convertirse en la idea de mudarnos a Lanzarote, inicialmente para quedarnos un tiempo aquí y otro en Lisboa, pero después muy rápidamente mi mujer y yo nos dimos cuenta de que estábamos perfectamente aquí y además muy cerca de Lisboa. Es que es más rápido llegar a Lisboa desde Lanzarote que desde algún pueblo del norte de Portugal.”

-¿Y cómo se siente viviendo en una isla tras hacerlo en el continente?
“Es una cosa extrañísima, es como si hubiéramos hablado de premoniciones. Yo he escrito una novela que se llama La balsa de piedra y que es sobre la idea de una isla que flota en el océano hasta el Atlántico Sur. Esto lo publiqué en el 86 y cinco o seis años después estoy en una isla. Isla que me han dicho, aunque todavía no oficialmente, que me ha hecho su hijo adoptivo, lo que me ha emocionado muchísimo. Esta no es mi tierra, pero ya es tierra mía”.

-¿Ya conoce los vínculos históricos entre Lanzarote y Portugal?
“He leído que durante dos años, en el siglo XV, fue portuguesa. Bueno, es una forma no de recuperar la isla para Portugal, pero sí de hacer visible Portugal aquí.”

-¿Qué le dicen en Portugal de que usted esté en Lanzarote?
“En un principio, no ha gustado mucho el cambio y sigue sin gustar, y yo puedo entenderlo, es cierto que no ha cambiado nada la relación con mi país. Hace un año estuve allí para presentar la novela, pero hay como una espina que tienen y me dicen, pero tú no tenías que irte a vivir a Lanzarote. Y aunque yo diga que no pasa nada, es como cambiar de casa.”

-Más de uno le ha transferido la competencia de dar continuidad al legado de César Manrique.
“Lo que César Manrique ha hecho por Lanzarote es algo que quizá todavía incluso los lanzarotenos no tengan una percepción completa, porque no sólo ha hecho lo de Timanfaya, el Mirador del Río, los Jameos… Ha hecho más, ha implantado aquí un espíritu. Y me parece una exageración decir que yo continúo a César. Para nada, de ninguna forma. Quienes tienen que continuar y preservar lo que César Manrique ha hecho son todos los lanzaroteños. Eso sí yo soy, un lanzaroteño adoptivo, y estaré al lado de todos los habitantes de la isla en esa tarea no como el continuador de César Manrique”.

-Vino a verle el presidente de Portugal, Mario Soares, quizá a enmendar aquel error.
“Estuvo aquí, vino a vernos a mi mujer y a mi. Vienen amigos y conocidos y a veces desconocidos. No es la primera vez que me llaman a la puerta gente que no conozco, sobre todo portugueses, que vienen y algunos no saben siquiera cuál es la dirección y preguntan a la policía o en el Ayuntamiento dónde vivo. Conozco a extranjeros, pintores alemanes, etc., que están por aquí, gente que ha elegido esta isla para vivir y trabajar, pero parece que en mi caso tengo una relación más íntima con la gente porque no nos aislamos, la relación es distinta, y eso creo que es lo que ha llevado el Cabildo a pensar, a este señor hay que hacer hijo adoptivo”.

-También están los antecedentes, los portuguesismos, los viejos lazos históricos…
“A mí lo que me encantaría es que gente de Portugal, universitarios que realizan estudios históricos, empezaran a conocer más a Canarias, como una práctica normal, es decir, que vinieran a profundizar en la relación, no sólo la histórica, sino la que puede crearse ahora mismo entre Portugal y este archipiélago. Claro que está Madeira al lado que ha tenido una relación mucho mas estrecha con Canarias. Pero tenemos que acercarnos más en todo lo que tiene que ver con la agricultura, el léxico…, palabras portuguesas algunas ya deformadas y transformadas. Y hay que hacer el viaje en sentido contrario, de Canarias a Portugal, como ahora mismo el pintor Pepe Dámaso, que ha hecho una exposición sobre Pessoa en Lisboa. Tenemos que crear más lazos, porque hay razones de todo tipo, comenzando por las históricas, para que ese acercamiento se consolide.”

-En Lanzarote estuvo recientemente la escritora norteamericana Susan Sontag y habló de los volcanes, lógicamente el mundo de los volcanes le apasiona ha escrito sobre los volcanes es una fan de los volcanes. ¿Cuál es su experiencia con los volcanes de esta isla?
“Ella tiene una novela interesantísima que se llama El amante del volcán, y cuando llego aquí y visitó Timanfaya dijo: “Si yo hubiera conocido esto antes, mi novela sería diferente”, porque es verdad que aquí uno se da cuenta de lo que es un volcán. En casos como el Vesubio o el Etna, que son montañas enormes, ocurre un poco como con el Teide. Pero aquí la percepción es más directa, más impactante. Timanfaya tiene una fuerza excepcional. El presidente de la República nuestra se quedó asombrado y amigos míos que vienen aquí y los llevo a Timanfaya se quedan asombrados. A mí siempre me han gustado las piedras. A veces digo, para hacerlo de una forma gráfica y directa, que entre una piedra que está cerca y el horizonte que está allá yo me quedo con la piedra. Aquí están las piedras, las cenizas, la lava, lo que queda de una eclosión geológica impresionante como esta, una relación que quizá yo estaba esperando en toda mi vida; es decir, un lugar, la tierra quemada, como si fuera el principio del mundo o el final de estos dos extremos. Esto, a lo mejor, es lo que siempre he querido tener para mí y nada me gusta más que andar por ahí, por esos volcanes, sentado con el viento que resopla como loco y subiendo las montañas. La montaña blanca que está allí detrás (señala por la ventana hacia el exterior) ya la subí, tiene 650 metros, pero, bueno, hay que subirla, llegar arriba, y tener esa sensación extraordinaria de mirar a un lado y a otro de la isla, el mar a un lado y el valle de la Geria, y todo eso y los pueblecitos son una cosa impresionante, mucho mejor que visto desde el avión, donde la mirada lo aplasta todo, es una mirada plana, y desde la montaña es otra cosa.