
Hace 75 años, aparecía en las costas de Mazo el cuerpo sin vida de un soldado escocés, John Lee. Se trataba de uno de los miles de jóvenes que perdieron la vida en la devastadora II Guerra Mundial, que conmovió a los habitantes de un humilde pueblo de La Palma, que vivía entonces bajo los rigores de la posguerra civil española y el trauma de la represión franquista. Los ciudadanos de la Villa, que mira al cielo con sus tradicionales arcos del Corpus, dieron sepultura a aquel muchacho de Glasgow, John Lee, cuyo cuerpo mutilado trajeron las corrientes hasta la Isla y que pudo ser identificado gracias a la documentación que portaba en el bolsillo de su guerrera, como recuerda el historiador Roberto Fumero.
En su memoria, se celebró ayer un emotivo homenaje en el cementerio de Mazo, tanto en su recuerdo como en reconocimiento al “cariño” con que este municipio palmero había acogido los restos de este soldado británico de 22 años, que falleció cuando el barco en el que viajaba desde Sierra Leona a Liverpool fue atacado por los submarinos alemanes. El embajador del Reino Unido en España, Simon Manley, y el alcalde de Mazo, José María Pestana, depositaron una corona de flores en su tumba y destaparon una placa en su recuerdo, en un acto en el que participaron las principales autoridades civiles y militares de la Isla.
Simon Manley agradeció “a la gente de Mazo” la manera “tan cariñosa” de cuidar la memoria de John Lee, “hijo de Harry y Marily”, añadió. Cabe destacar que es el único soldado británico de la II Guerra Mundial enterrado en Canarias, de los 126 que existen en España.
José María Pestana, por su parte, aseguró que el municipio honra la memoria de John Lee como la de “un macense más”, a cuya tumba, pese a encontrarse a miles de kilómetros de su familia, nunca le faltó una flor. “Muchas familias que acudían al cementerio a rezar y a acompañar a los suyos, se acordaban de aquel joven inglés enterrado lejos de su país”, subrayó.
Además recordó que el Ayuntamiento, a petición del Consulado Británico, asumió durante años el adorno floral de la tumba. Una labor de la que se encargaba una recordada vecina, Maruca Guerra, que depositaba un ramo de flores sobre la sepultura y realizaba una fotografía que enviaba a la familia de John Lee.

Roberto Fumero, que ha desentrañado las claves históricas del episodio bélico que se cobró la vida de John Lee, recordó que el soldado navegaba en una de las embarcaciones del convoy que partió el 16 de octubre de 1942 desde Freetown, en Sierra Leona, hasta Liverpool, transportando mercancías. Eran un total de 37 barcos, a los que se unieron cinco más en altamar. Pero los temibles submarinos U-Boot, que dominaban el Atlántico, interceptaron el convoy al oeste de Canarias y comenzó “la agonía, perseguidos y torpedeados sin piedad” a los barcos.
Según la información aportada por este investigador, de los 42 barcos que partieron de Freetown, solo pudieron llegar a Liverpool once. “Fue el peor ataque sufrido por un comboy durante la Segunda Guerra Mundial”, añadió Fumero.
En marzo de 1943 es cuando aparece el cuerpo sin vida del soldado. La Comisión británica para los Sepulcros de Guerra se puso en contacto con el Ayuntamiento en 1951 para comprar el pequeño trozo de tierra en la que está enterrado Lee, a lo que accedió la Corporación por el precio 100 pesetas. “A partir de ese día, John descansa en su patria”.




