entrevista

Madariaga: “Con la obra revivo lo que sufrió mi familia y lo puedo representar en un país libre”

El actor representa el papel principal de la primera obra de Antonio Tabares, 'La sombra de don Alonso', que se estrena el próximo viernes en el Circo de Marte

El próximo viernes se estrena en el Circo de Marte de Santa Cruz de La Palma la obra de teatro La sombra de don Alonso (Premio Pérez Minik 2002). Un texto de gran significación para la Isla Bonita ya que se trata de la primera obra publicada del escritor palmero Antonio Tabares y que tiene como protagonista a una de las figuras más relevantes de la historia contemporánea insular, el político republicano Alonso Pérez Díaz (1876-1941). La responsabilidad de llevar a escena a este personaje la tiene el actor José Luis de Madariaga, cuya biografía posee puntos de encuentro con la de Alonso Pérez Díaz, que fue víctima de la violencia y la represión franquista.

– ¿Su apellido evoca al escritor Salvador de Madariaga ?
“Es mi tío abuelo”.

– ¿Que con la Guerra Civil se fue de España?
“No, cuando estalla la guerra estaba de embajador en París. Y ya no entró en el país. El que se quedó fue mi abuelo, su hermano, que durante la República era Secretario de Estado de Industria y Comercio. Con la guerra lo mandaron a Valencia como director de una fábrica armamentos para suministro a las tropas republicanas”.

– ¿Pudo salir de España?
“El último día de guerra, cuando Franco declara que es el ejército vencedor, sale caminando por la frontera. Al llegar a Francia lo meten en un campo de concentración pero logró subir al último barco que salió de Marsella con rumbo desconocido y llegó a Colombia. Luego fue a Venezuela y cuando nos fuimos nosotros a Argentina, ya se fue él también”.

– ¿Usted nació en Argentina?
“No, yo nací en Madrid. En 1948, con cuatro años, la situación de mi padre se hizo aquí insostenible desde el punto de vista político y nos tuvimos que ir a Argentina. Y allí viví 34 años. Siempre digo que era un seudoexiliado, porque el que estaba exiliado era mi padre, no yo. Volví a España con 38 años”.

– ¿En Argentina se formó como actor o estudió otra carrera?
“Yo hice la carrera de economista. Mis padres querían que hiciera una carrera de hombre serio pero paralelamente me formé en la escuela de Arte Dramático de Buenos Aires. No hice la carrera, sino cursos y cuando el trabajo me lo permitía me metía en compañías. En 1982 decidí volver a España, pero la idea la tenía desde los cuatro años. Siempre soñé con volver. Era algo muy extraño. Con cuatro años solo me interesaba el teatro, la música, la poesía española. No sé el motivo pero me quedé muy atado a España”.

– Y regresó a otra España, ya en democracia.
“Una España preciosa con respecto a lo que había ocurrido. Aquí me fue profesionalmente bien, pero mi espíritu y mi alma estaban con la interpretación”.

– ¿En qué momento decide dejar su trabajo en el mundo de la empresa para dedicarse profesionalmente a la actuación?
“El culpable fue Cuco, Juan José Afonso, el director de esta obra. En el año 2000 hace un casting en Tenerife para montar El mágico prodigioso, de Calderón de la Barca, y un amigo que era director de una compañía amateur me lo dice y la curiosidad me llevó a presentarme. Me dieron el papel. Una función que se hacía en las Islas, luego en la Península, era Calderón, era verso, que me fascina. Era la ilusión de mi vida y decidí dimitir en la empresa y hacer esta función que producía Cuco. Trabajé seis meses y luego me quedé sin empleo. Pero fui tan feliz esos seis meses que tenía que repetir. Empecé a buscarme la vida. Desde el año 2000 he trabajado en veintitantas series de televisión, 14 películas, y otras tantas obras de teatro, zarzuelas. Abandoné la empresa para siempre y cambié ingresos por felicidad”.

– ¿En qué medio se siente mejor como actor?
“Voy a decir algo que puede sonar mal. Me fascina el cine. Todos los actores solemos hablar del teatro. Pero con toda la magia que tiene el teatro y lo que me gusta, si tuviera que priorizar algo sería el cine. Yo tenía el mismo concepto antes de hacer mi primera película, 90 millas. Allí descubrí una magia que ignoraba en el cine: ser capaz, en muy pocos segundos, que van desde la palabra acción hasta corten, de mostrar una serie de sentimientos, sensaciones, en un lapso de tiempo ínfimo y que tienes que construir de golpe. En ese momento tienes que darlo todo. Yo sé que esto sonará feo pero es mi verdad. El teatro es más mágico como espectador que como actor”.

– Dicen que el mejor cine ahora está en las series. ¿Es cierto?, ¿sigue este género?
“Acabo de empezar a ver algunas serie. Pero soy más de películas que de series. En las series es inevitable buscar que la trama siga y se fuerza la historia porque hay que hacer tantos capítulo. Yo he trabajado en series donde no sé qué pasa con mi personaje”.

– ¿En su biografía hay aspectos que le vinculan con el personaje que representa en la obra de Antonio Tabares?
“Tiene un paralelismo muy grande. El niño al que busco tiene 16 años. Exactamente la misma edad que tenía mi padre cuando lo mandan al frente. A mi padre lo pilló el 18 de julio 1936 en su primer día de vacaciones en Segovia. Mi abuelo, que era secretario de Estado, se fue a Madrid. Desde el primer día, Segovia quedó en manos de Franco y quedaron separados. A toda la familia la condenaron a muerte. Pero eran muy amigos de la familia Zuloaga y consiguieron un salvoconducto para que en lugar de matarlos, los mandaran detenidos a Sevilla y a mi padre a combatir a primera línea de fuego. A mis abuelos maternos, Queipo de Llano los fusiló. Todo este drama lo he vivido muchísimo en mi casa. Y ahora estoy con la sensación de revivir lo que sufrió mi familia y poder representarlo en un país libre”.

– ¿Libre pero aún con un dictador enterrado en un espacio monumental?
“Efectivamente, un país libre pero con miedo. Pero el miedo lo entiendo. Los que vivieron todo aquello nos trasmitieron el miedo. Mi padre, el día que le dije que me venía a España, lo primero que me dijo fue: no te metas en política. Y por entonces ya había democracia”.

– ¿La obra tiene para usted incluso algo de terapéutico?
“En esta obra de teatro estoy disfrutando, pudiendo revivir esto en el país donde no quisieron que mis padres vivieran, y lo hicieron hasta los 92 años. Una estrofa de una poesía que le escribió mi padre a mi madre decía: Cada vez que te veo feliz conmigo es puñal que le clavo a un enemigo. Es decir, la venganza nuestra era ser feliz. Quisieron destrozar la vida de mis padres y logramos ser felices a pesar de todo. De este país nos tuvimos que ir porque no quisieron que viviéramos aquí y ahora estoy viviendo aquí y haciendo los que me gusta, el teatro. Es como mi venganza”.

– ¿Y con el personaje al que representa, se identifica?
“En su aspecto humano, sí. Creo que políticamente estoy más a la izquierda que él. Con Salvador de Madariaga tenía polémicas políticas, porque él era liberal y yo estaba más a la izquierda. Pero en el aspecto, personal me siento muy identificado. Con su humanidad me identifico muchísimo “.

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