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Reverendo padre José de Arce y Rojas. Un olvidado mártir palmero (II)

Única representación conocida del mártir palmero José de Arce y Rojas, en la pintura sobre lienzo de San Francisco Javier, obra del palmero Juan Manuel de Silva (1687-1751), custodiado en la ermita de La Concepción, Breña Alta, La Palma. Carlos Anglés Fernández

Por José G. Rodríguez Escudero*

El patriarca de la familia, el Alférez don José de Arce y Rojas se había asentado en La Palma, procedente de Garachico, en 1640 y celebró enlace en la capital de La Palma el 17 de mayo de 1644, con la distinguida dama doña María González de Lima, hija de don Juan González de Lima y doña María González. El matrimonio tuvo tres hijos: don Juan (nacido en 1646, y según el alcalde constitucional Lorenzo Rodríguez, “cuyos primeros sueños fueron arrullados por las espantosas detonaciones del primero de los volcanes de Fuencaliente y por terribles sacudimientos ó temblores de tierra…” ), y don José y don Luis de Arce y Rojas, nacidos respectivamente en 1651 y en 1659.

No sólo desempeñó finalmente el puesto de Regidor Perpetuo del antiguo Ayuntamiento de esta isla, sino también los empleos de Alférez, Veedor y Contador de la gente de guerra, Capitán y Sargento Mayor de las Milicias insulares, “que eran muy pocos los que los obtenían”. Había obtenido la licencia para iniciar la obra de la ermita el 17 de enero de 1672, de manos del Ilmo Sr. Obispo don Bartolomé García Jiménez, conocido prelado por haber iniciado la piadosa costumbre lustral de la Bajada de la Virgen de Las Nieves.

El Sargento Mayor y patriarca de la familia Arce y Rojas, falleció el 11 de abril de 1684. Por este motivo, recayó el patronato de la Ermita y todos los bienes del caballero en su tercer hijo, don Luis de Arce y Rojas. Falleció don Luis de Arce y Rojas el 4 de septiembre de 1707 y “como su hijo don Francisco Javier no tratara de posesionarse de su Mayorasgo, quedaron administrandolo los Ves. Beneficiados de la Parroquia del Salvador, que fueron los Albaseas nombrados por aquel”.

Su hija, doña Francisca Javier había tomado el hábito de religiosa en el Convento de Santa Catalina de Santa Cruz de La Palma.

BIOGRAFÍA

Nuestro biografiado, el primogénito legítimo, José de Arce y Rojas, nació en la capital palmera el día 8 de noviembre de 1651. Fue bautizado unos días más tardes en la parroquia Matriz de El Salvador, según consta en su partida de bautizo, custodiada en el archivo del templo.

En el seno de esta familia de “posición desahogada” se criaron los tres hijos: José, Juan y Luis de Arce y Rojas. Los dos primeros fueron educados en el convento de padres dominicos de San Miguel de Las Victorias.

Concluida su primera y segunda enseñanza, José y Juan fueron enviados a la Península para que siguiesen la “carrera literaria”. El convento dominico de San Miguel de las Victorias de la capital palmera, donde iniciaron sus primeros estudios, se había fundado en 1530, habiendo mantenido las cátedras de Gramática, Teología y Filosofía. Sin embargo, estos jóvenes “habían nacido con verdadera vocación al estado eclesiástico”, por lo que, después de cursar los primeros estudios de la carrera de Derecho en el Colegio de San Hermenegildo de Sevilla, ingresaron en la Compañía de Jesús.

El profesor Martín González en su obra sobre la biografía del religioso palmero, nos dice que en aquella época “contaba tan sólo con 17 años, era blanco, alto, de pelo castaño y tenía un lunar en el carrillo derecho”.

En la ciudad hispalense, José de Arce se había distinguido entre sus compañeros. Los Padres Jesuitas, ante el valor intelectual de nuestro biografiado, le habían hecho abandonar su verdadera vocación de leyes, instándole a ingresar en la Compañía fundada por San Ignacio de Loyola, “que tanto honor iba le iba a dar a nuestro don José y a la tierra que le vio nacer”.

En el Colegio de San Ambrosio de Valladolid, los dos palmeros sobresaldrían en las materias eclesiásticas y en las ciencias “hasta entonces conocidas”.

Se cuenta que ambos hermanos fueron agraciados con el don de la elocuencia. Así, en todos aquellos templos abarrotados en los que pronunciaron sus discursos y homilías, así como en numerosos colegios peninsulares, tanto en Valencia, Valladolid, Salamanca, Sevilla…, fueron muy elogiados.

Se dedicaron a la enseñanza y “á las Misiones”. A la hora de profesar, renunció sus legítimas paterna y materna en el Padre Provincial de la Compañía de Jesús de Castilla La Vieja, quien las aplicó en el Colegio de San Ambrosio, para sus necesidades.

*Investigador

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