Y en esto que llegó el gran viernes, solo comparable para los noveleros de pro al de cabalgata, sin duda el otro gran viernes del calendario. Y hoy el falso desganado cerrará, para no reabrirlo hasta dentro de un año, su calendario de incursiones en el mundo exterior, wild world. Atrás empieza a quedar su lamentable letanía en vísperas de la cena que tuvo con la empresa, cita en la que, respondiendo a su perfil, se comportó como buen dominguero de la noche, excesivo, cansino, reiterativo, rollizo. También atrás quedaron sus eslóganes domésticos, Cari, no vuelvo a salir, prefiero quedarme en casa para aprovechar la mañana. En el recuerdo (malo) de quienes lo sufrieron hace siete días queda tatuada la imagen del falso desganado haciéndose selfis hasta con el extintor, o grabando vídeos con víctimas más que amigos, sufridores más que colegas, dándoselas de líder carismático arropado por su panda, y tal. Claro que eso fue hace una semana, porque hoy, gran viernes, el falso desganado tiene almuerzo con los antiguos alumnos del colegio donde hizo la EGB. Otra vez en casa dando la brasa con su desgana. Otra vez en el almuerzo bebiendo cuando no toca y sobrando cuando bebe. Otra vez excesivo, pesado, rollizo. Y esta vez el falso desganado activando un mecanismo que no necesitó en la cena de empresa, una técnica deplorable, que consiste en generar incomodidad cuando no se le reconoce, algo, esto último, tirando a habitual cuando se queda con gente a la que no ves desde la EGB. El resto saluda o en su caso da su nombre por si alguien no lo recuerda, así de fácil. Él no, el falso desganado embarga su nombre, cómo no vas a acordarte, es que no caigo, venga hombre, pero dime cómo te llamabas, parece mentira, es que no lo sé, pero si nos sentamos juntos en séptimo, pues no caigo, cómo no te vas a acordar de cómo me llamo, qué no, joder, y así, él disfrutando con su torpeza, y tú preguntándote cuándo sacarán una aplicación como la de Shazam, solo que en vez de identificar la música te permita, acercando con disimulo el móvil al sin nombre, saber con quién estás hablando cuando te tropiezas, en un almuerzo o por la calle, con un falso desganado. Cara y cruz del gran viernes. La cruz es que hoy también sale el desganado. La cara es que no volverás a encontrártelo, nunca después de las seis de la tarde, hasta la navidad del año que viene.
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