deportes de contacto

Entre la paz y la guerra

Raquel Guillén compagina en su atareado día a día los entrenamientos destinados a la competición de brazilian jiu jitsu y artes marciales mixtas con su labor de auxiliar de veterinaria en La Cordillera
Raquel Guillén, enfundada en su kimono, pasea a Eostelle por el centro hípico de La Cordillera. / Fran Pallero

Esta es una historia de paz… pero también de guerra y de lucha. La lucha es la del día a día de Raquel Guillén, deportista, profesora, emprendedora empresarial, auxiliar de veterinaria y madre de dos hijas.

La guerra es la que encuentra cada vez que entra al tatami de su gimnasio para seguir evolucionando en sus amados deportes, el brazilian jiu jitsu y las artes marciales mixtas, dos disciplinas mayoritariamente manejadas por hombres pero donde las mujeres van ocupando cada vez más cuota de un merecido protagonismo.

La paz es la que encuentra en el Club Hípico La Cordillera. Allí es donde su arte suave le sirve para tratar con los caballos, para cuidarlos, quererlos y mimarlos y para ser correspondida. Es allí donde encuentra los momentos de evasión dentro de sus jornadas, esas que parece imposible que puedan durar 24 horas, pero que estrictamente le llevan de una obligación a otra con escala en las dos pasiones que tiene más allá de la que siente por su familia.

Raquel, junto a Eostelle, durante el reportaje. / Fran Pallero

“Llegué a los deportes de contacto a través del boxeo” cuenta Raquel justo después de dejar a la yegua Eostelle, su mejor amiga, bien resguardada en su cuadra y de sentarse para tomarse la única media hora de respiro que le espera durante el resto del día.

Al cuadrilátero subió una vez y de allí bajó como vencedora. Luego conocería a la gente del Family Team y se aventuraría a entrenar artes marciales mixtas junto a Dailos Fajardo e Iván Febles, entre otros. “Hice dos peleas de mma y quedé plata en el Campeonato de España” en la primera injusticia que vivió dentro de los deportes de contacto “porque me habían levantado la mano como ganadora y la protesta de la otra esquina sirvió para hacer un extra round… y luego me dieron perdedora”.

Una vez graduada como cinturón azul Raquel emprende un camino plagado de medallas, de logros, de algunos sinsabores, pero con la valentía de no abandonar ni venirse abajo nunca. Ni siquiera cuando sufrió un traumatismo severo durante su participación en el europeo NAGA de Amsterdam, luchando contra cinturones marrones y negros y con dos luchas todavía por delante. “Tito Beltrán me hizo un vendaje porque no quise retirarme” y de ahí salió con dos medallas, una de oro y otra de plata.

Raquel, del equipo Caio Terra TFC, se declara una enamorada “de todos los deportes” porque después de iniciarse de pequeña en la gimnasia rítmica pasó por multitud de disciplinas “menos el baloncesto, que nunca lo practiqué” y se se dio cuenta de que su gran vicio es la competición. “Me gusta competir, medirme, viajar, conocer gente de todo el mundo y compartir con toda esa gente entrenamientos y seminarios”, confiesa alguien que no se pone fecha de caducidad y que encuentra en la grancanaria Minerva Montero, primera medallista mundial de España en lucha, una referente “que sigue compitiendo con más de 40 años” con la que se ha topado en muchas de sus experiencias dentro de los tatamis.

Raquel y Eostelle mostraron su absoluta complicidad para el reportaje. / Fran Pallero

Raquel mantiene viva esa capacidad de sufrimiento con la que supera a las nuevas generaciones “que vienen apretando fuerte” con las que tiene que medirse en cada competición. “Ya estoy vieja”, dice entre risas, antes de reconocer que “en todos los campeonatos me tengo que enfrentar con gente mucho más joven” aunque ella sólo haya celebrado 33 cumpleaños. Pero sale a luchar sin ningún complejo… y con un único patrocinador, el que le apoya desde el primer día en un mundo donde competir en condiciones cuesta mucho dinero.

“Este año tengo un calendario muy complicado, con muchos campeonatos” en un mundo donde primero tienes que ganar en casa para poder ir fuera y luego hay que ganar fuera para que el dinero venga a casa en forma de subvención. Por eso este año se aventurará en la lucha sambo, reconocida por el Consejo Superior de Deportes, porque no todas tienen la suerte de ser Ronda Rousey, Cris Cyborg o Amanda Nunes, las luchadoras más reconocidas a nivel internacional, mejor pagadas y protagonistas de las grandes batallas dentro del octógono de la rutilante UFC.

Lo cierto es que ninguna de todas estas estrellas tiene a su lado a Eostelle y los demás caballos del centro hípico de La Cordillera y eso sí que es una suerte de la que presume y disfruta Raquel. Son el contrapunto perfecto para equilibrar. “Los deportistas, los luchadores, cuando van a competir, hacen sesiones de coaching… esas sesiones yo las tengo entre los caballos, son mi mejor terapia, me dan tranquilidad”, admite alguien que los lleva en su piel “desde hace algo menos de un año”, que sufre con ellos cuando tienen sus dolorosos cólicos y que ha llegado a ser abrazada por un caballo recién operado como agradecimiento a tanto amor y tanta paz.

El Niño, otra oportunidad para Eostelle

Raquel y Eostelle, durante el trayecto de regreso a la cuadra. / Fran Pallero

Eostelle es como una hija más para Raquel Guillén. Esta yegua de diez años de la raza KWPN originaria de Holanda se ha convertido en la familia equina de la luchadora tinerfeña. “Tenemos un vínculo muy especial”, admitía Raquel que jugó la Lotería de Navidad de 2018 con más ilusión que nunca porque de haber encontrado el premio hubiera comprado a su yegua favorita. Eostelle no tiene dueño y pronto podría salir a subasta así que la Lotería de El Niño será la segunda oportunidad, y quién sabe si la última, para que Raquel la pueda cuidar para siempre

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