artes escénicas

La risa como antídoto a todos los problemas

Sigrid Ojel, más conocida sobre los escenarios como la ‘alocada Macarroni’, presenta este sábado en La Laguna su primer espectáculo en solitario

Sigrid Ojel

Seguramente habrán visto su nariz roja durante el Festival Internacional Clownbaret convertida en Macarroni junto a su compañero de aventuras Brian Rodríguez, pero ahora Sigrid Ojel (34 años) se estrenará en solitario encima de las tablas del Aguere Espacio Cultural, en La Laguna, con el espectáculo Una de Macarroni. Una obra donde una payasa sencilla, libre e inocente lucha por encajar en una sociedad compleja, precipitada y estresante, mientras juego con su mascota Foqui, que a buen seguro llamará la atención de las familias que vayan a disfrutar de la función. “La obra trata sobre el drama de crecer. No solo en los niños. Cuando eres pequeña siempre quieres ser mayor y cuando eres adulta quieres volver a ser niña”, cuenta. “Mientras eres pequeña estás protegida dentro de una burbuja, que es la creatividad, pero cuando creces, al final, el sistema hace que la pierdas y te obliga a hacer cosas que no quieres ni te apetecen”.

Sigrid comenzó en el mundo de la interpretación después de que su madre le propusiera hacer teatro para quitarse la timidez. “Con el teatro aprendí a expresarme y me di cuenta de que era donde mejor me encontraba”, afirma. Y entró en el mundo del clown tras una clase de dicha disciplina en la Escuela de Actores de Canarias. “Ese día yo estaba muy triste y pensaba que no iba a ser capaz de salir a escena con la improvisación que me habían planteado, pero lo pasé muy bien y me olvidé de todo. Siempre ha sido como una terapia. Por muy mal que estés, siempre que haces clown terminas de buen humor”.

Tras ocho años de experiencia en el mundo del clown, Sigrid cuenta que ha tardado en dar el paso de lanzarse en solitario “porque le tengo un montón de respeto a la profesión y me daba mucho miedo subirme sola a un escenario”, además de que el trabajo con la compañía no le dejaba tiempo. “Pero en septiembre de 2018 me pidieron una muestra de 15 minutos para Mujeres con narices en el Teatro Guiniguada”. Lo montó en dos días y después se decidió a completarlo. Preguntada por el protagonismo de las mujeres dentro de su profesión, admite que siempre ha visto más hombres que mujeres haciendo de payasos. “Creo que es porque las mujeres no se terminan de lanzar. Tal vez por miedo al ridículo o inseguridad, pero no porque no haya payasas. Sin embargo dentro de los hospitales, quizás por ese tema de ser cuidadoras, siempre encuentro más mujeres que hombres”, comenta.

Y es que la actriz es fundadora de la Asociación de Narices, con la que lleva el teatro y el clown a centros para personas con discapacidad y personas en situación de vulnerabilidad, centros de mayores y hospitales. “De Narices surgió porque tuve un accidente hace ocho años con el que era mi pareja en aquel momento. A él lo trasladaron a Sevilla a la Unidad de Quemados y cuando pude ir a verlo no podía comunicarme con él directamente, sino a través de un cristal”, relata. “Así que cada vez que iba a verle me inventaba una historia para hacerle reír. No solo actuaba para él sino para el señor que estaba al lado. Y me planteé que yo quería seguir haciendo eso. Es beneficioso para todo el mundo y también para uno mismo. Ves la muerte y las enfermedades desde otro punto de vista. Las tienes que transformar y cuando las tratas con humor parece que lo aceptas más fácilmente”. El trabajo de los payasos de hospital conlleva su formación específica pues “tiene unos requisitos y unos códigos deontológicos. Cualquier persona no puede meterse dentro de un hospital. Hay gente muy vulnerable. No solo emocionalmente sino físicamente. Tienes que saber con qué jugar y con qué no. No es lo mismo estar sobre un escenario como payasa y hacer cualquier chorrada que en una habitación de hospital. Todo es más controlado, más pequeñito. Tu ego desaparece. En el escenario puedes tener ego pero en un hospital el foco tiene que estar dirigido hacia el paciente”.

Precisamente esta experiencia le ha servido para tener más sensibilidad en sus espectáculos. “Me ha aportado más contacto con el público y sobre todo más conexión con los niños, quizás también porque siempre me he llevado muy bien con ellos”.

Su personaje, Macarroni, también le ha aportado cosas valiosas. “Locura y sobre todo buenos momentos en situaciones duras y delicadas. Porque cada uno tiene sus problemas y su mochila cargada, pero Macarroni no tiene ni esos problemas ni esa mochila. Cuanto salgo al escenario se me olvida todo y después de cada actuación soy feliz. Es el beneficio de la risa”, afirma Sigrid, con una sonrisa.

Sigrid Ojel nos cuenta en este divertido espectáculo familiar un poco más de su payasa, Macarroni y nos invita a conocer su mundo, en el que el juego es un elemento primordial. Nos enseña que la vida, cuando se vuelve complicada, siempre te da opciones para regresar a lo sencillo y volver a nacer. Y todo esto, en clave clown y con una compañera muy especial, su caseta de campaña, que la sigue en los momentos más difíciles.