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Teddy Bautista: “Desde que fui descabezado, los autores han perdido 1.100 millones de euros”

Los Premios Canarios de la Música, en su segunda edición, conceden hoy en el Teatro Leal de La Laguna la mención de honor al músico y compositor canario Teddy Bautista
TEDDY BAUTISTA
TEDDY BAUTISTA
Teddy Bautista, músico, compositor, expresidente de la SGAE. / EP

Por A.D.

Los Premios Canarios de la Música, en su segunda edición, conceden hoy, en la gala de entrega que se llevará a cabo en el Teatro Leal de La Laguna, la mención de honor al músico y compositor canario Teddy Bautista, quien durante muchos años presidió la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE). El que fuera líder de la mítica banda Los Canarios reconoce que el galardón le genera una enorme alegría.

-¿Qué supone para Teddy Bautista recibir el cariño de los autores isleños con este reconocimiento honorífico en los Premios Canarios de la Música?

“Es una alegría tremenda, porque no me lo esperaba de ninguna de las maneras. Soy canario, soy músico y llevo muchos años en esto. Quizás han pensado en mí por mi larga y variada trayectoria, todo esto que he podido realizar durante tanto tiempo”.

-¿Puede ser algo similar a un colofón a su carrera?

“Los premios me cogen en un momento en el que estoy haciendo muchas cosas, entre otras, hace dos años que he vuelto a la música. Más que un colofón, creo que es un premio a una carrera larga. Cumplo 76 años en mayo y la primera vez que fui a tocar en Radio Las Palmas, con un grupo que se llamaba los Diablo del Rock, yo tenía 15 años. Estamos hablando de más de medio siglo de actividad. A lo mejor eso, a ojos del jurado, tiene un cierto valor. Otro mérito que puedo reivindicar es haber estado siempre a la vanguardia de los movimientos artísticos. Siempre me ha interesado la experimentación y el riesgo, hacer algo que no habían hecho otros. Estoy inmensamente agradecido con este reconocimiento, más aún cuando el año pasado fue para Elfidio Alonso, que es un referente muy difícil de igualar en lo que tiene que ver con el conocimiento y la musicología canaria; nadie ha trabajado como él y con tanto éxito. Su trayectoria es un ejemplo para todos los demás, incluso para mí”.

-Según su visión, ¿qué es lo bueno que se ha perdido con el paso de la industria analógica a la digital y que es lo bueno que se ha ganado?

“Daría para escribir un libro. En síntesis, empezando por lo bueno, esa capitalización digital ha permitido que la música llegue a rincones a los que nunca antes había llegado. Ahora, más que nunca, se escucha música, y la música está impregnando todas las actividades del ser humano. Eso es algo muy bueno. Nadie podía imaginar hace tres décadas que habría una red de redes que permitiría tener acceso a millones de obras musicales. En lo malo, con este proceso se ha creado la falsa certidumbre de que la música es gratis; tener acceso a tanta música la convierte en un objeto de poco valor. ¿De quién es la culpa?, un poco de todos. De los artistas también, por haber firmado en muchos casos contratos leoninos, por la ambición quizás de que la música se pudiera escuchar en las antípodas. La cadena de valor añadido de la música ha aumentado considerablemente, pero el primer eslabón y fundamental, el del creador y compositor, sigue igual, y yo diría que más empobrecido. Estamos cerca de los 10.000 millones de dólares anuales de ingresos en la industria musical y otros 20.000 millones más de lo que llamo la actividad de facturación secundaria, referida principalmente a las giras de concierto”.

-¿Qué políticas se podrían plantear para que esas grandes empresas digitales, como puede ser la plataforma de YouTube, cumplan mejor con los derechos de autor?

“Ya lo intentamos en 2010, cuando yo era el presidente del grupo de tecnología de la Confederación Internacional de Sociedades de Autores. Pusimos sobre la mesa un modelo de contrato que creíamos que debía regir. Es un modelo escalable, porque sabíamos que el mercado crecería de forma sustancial con el paso del tiempo y entendíamos que deberían crecer también los rendimientos que llegaban a autores y artistas. Lo que pasó es que la industria se negó en redondo, con amenazas y armando movimientos lobbistas en los puntos cardinales mundiales de la industria. Ocurre que hay empresas que son mayores que países y, por lo tanto, mandan más que los países. Tienen un poder tan grande que ya nadie se atreve a discutírselo. Estas empresas generan un valor añadido que inmediatamente regresa al punto de origen; casi no queda nada de riqueza de ese valor en otros países. El mundo se divide en dos modelos: el del país creador y el del país que es mercado. Nosotros éramos un modelo de país creador, capaces de exportar nuestras propuestas , y finalmente hemos terminado por ser un país mercado, donde sobre todo se vende lo que las grandes empresas están trayendo a este mercado. El valor añadido que produce ese repertorio que viene de fuera no se queda en España, sino que va al punto de origen, como pasa con todas las multinacionales. ¿Qué se puede hacer? Los únicos que pueden hacer algo son los Gobiernos, tomando conciencia de la situación y reconociendo el valor que tiene la aportación cultural para poner en marcha los países. Por desgracia, la parte artística tiene muy poco peso en la sociedad civil, no hemos sabido desarrollar un modelo de impacto y de diálogo con el conjunto de usuarios y lo que tenemos es una industria musical con algunos valores muy importantes, pero aislados; no tenemos una industria que pueda exportar y llevar hasta los últimos rincones del mundo nuestras propuestas. A veces surgen fenómenos, como el de Rosalía, y creemos que nos comemos el mundo, pero no nos estamos comiendo un rosco. No hay una estrategia para aprovechar el talento de este país e ir a buscar el valor añadido en los mercados internacionales”.

-¿Cómo está viviendo Teddy Bautista esta nueva etapa como compositor en su propio estudio de grabación?

“Ha sido como una liberación. Durante más de dos años he estado escribiendo una crónica detallada para contar la historia de todo lo que me ha pasado estos últimos años y poner los puntos sobre las íes, lo que pasa es que es un proceso que cansa y que aburre… Entonces descubrí que la música no me aburre en absoluto; me tomé un año sabático para estudiar profundamente otra vez, teniendo en cuenta que llevaba 25 años sin levantar la tapa de un piano. Esta nueva etapa vinculado con la creación es lo que me ha ayudado a no caer en la depresión”.

-En pocas palabras, ¿cómo defendería que se ha sido injusto con usted en su etapa final como presidente de la SGAE?

“Yo nunca desperté demasiada simpatía en la gente; entendí que mi trabajo no era ser simpático, sino que era simplemente conseguir que los derechos de autor fueran un derecho respetado y valorado. Cuando entré en la Sociedad de Autores, la recaudación no llegaba a 20 millones de euros y cuando me fui estábamos cerca de los 400. Eso no ha sido fácil. Lamento decirlo, pero este es un país que envidia a las personas que consiguen cosas, es un país cainita. Cuando yo me veo en medio del ojo del huracán, tengo que decidir entre tirar la toalla o seguir hacia delante; consulté a los dueños de la empresa para los que estaba trabajando, que era la Sociedad de Autores, y valoramos la opción de bajar las tarifas para tener buena imagen o seguir luchando por nuestros derechos y el cumplimiento de las leyes. Todas las veces que yo hice estas preguntas se me respondió en el mismo sentido, queriendo que se cumplieran las leyes y manteniendo nuestros derechos. Yo sabía que no tenía demasiados amigos, pero lo que no podía ni imaginar es que para devaluar a la Sociedad de Autores hicieran falta la Guardia Civil, los tribunales, la Fiscalía… Cuando pase el tiempo se aclarará todo y se verá quién estaba detrás de todo eso, porque no cabe la menor duda de que aquí hay unos beneficiados, los que ahora pagan mucho menos derechos de autor respecto a hace una década. Así de sencillo”.

-¿Y quiénes son esos beneficiados?

“Las compañías telefónicas, los medios de comunicación, las televisiones, las radios… Han ganado Google, Facebook, Spotify, también Apple, aunque estos son los que más respetan los derechos. En España, desde la época en la que yo fui descabezado hasta ahora, los autores han perdido del orden de 1.100 millones de euros. Solo de la copia privada, que debía generar 120 millones de euros cada año, ya estamos hablando de una pérdida en el caso de los artistas de música de unos 600 millones de euros. Si a esto le añadimos que las tarifas a las televisiones se bajaron el 25% y a las radios otro tanto… al final, ¿quién ha ganado en esta guerra? Yo creo que está claro”.

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