Cultura

Elisa Victoria: “Me interesa la complejidad y la oscuridad de la infancia”

Es una de las jóvenes promesas de la literatura española

Elisa Victoria. Sergio Méndez
Elisa Victoria. Sergio Méndez

Elisa Victoria (Sevilla, 1985), una de las jóvenes promesas de la literatura española, visitó este fin de semana la Feria del Libro de Santa Cruz para presentar su deliciosa novela VozdeVieja, de la editorial Blackie Books.

-¿Cuál fue el germen para escribir VozdeVieja?
“El germen era un interés por el desarrollo de la psicología infantil. Era un tema que me gustaba mucho como lectora en literatura y cómic. Me interesa mucho la complejidad y oscuridad de la infancia, que no suele estar tan representada como otras etapas de la vida en el arte, y me parece muy divertido. Me parece que tiene mucha luz también y mucha filosofía. Siempre había tratado la adolescencia y todavía tenía que rebañar en el tema más profundamente, y una novela era perfecto para quedarme tranquila”.

-¿Qué fue lo más complicado para dar voz a una niña de nueve años?
“Que fuera verosímil, sin duda. Que lo que a mí me encajase resultara medio universal. De entrada, que sea un relato en primera persona, porque las historias de niños siempre son divertidas, pero, claro, si es en primera persona tiene que ser creíble y que haya una mezcla de complejidad y torpeza, inocencia con algunos temas en los que las preguntas son un poco primitivas, el uso de un vocabulario avanzado, que yo lo empleo porque estoy describiendo sensaciones que tienen profundidad. Y que cuajara bien el equilibrio de esas herramientas que las tenemos de mayores con el pensamiento infantil que estoy intentando representar. A mí me funcionaba, pero tenía muchas dudas de cómo lo iba a recibir la gente. Y luego, claro, ha sido un reto enfrentarme a una historia tan larga. Nunca había escrito una novela de esta dimensión. Hubo muchos períodos de duda, porque no sabía si iba a funcionar”.

-¿Cómo lleva esa exposición de haber publicado con una editorial como Blackie Books?
“Se me hace bastante raro. Me lo tomo con mucha curiosidad, porque son cosas nuevas que ni esperaba que me fueran a pasar. Yo sabía que con Blackie iba a tener más repercusión y más impacto, porque además yo era ya fan de Blackie y sabía que tiene un público muy fiel que le hace mucho caso. Pero no sabía que iba a llegar a la tercera edición, o que iba a ir a La Resistencia (risas). Se me hace raro y me da un poco de ansiedad, porque mi oficio en realidad es de estar mucho tiempo sola, callada, y es un contraste muy fuerte. Me daba más vértigo al principio, pero ahora sobre la marcha me voy adaptando y me río mucho. La gente a veces se pone nerviosa cuando me va a saludar y eso es lo más impactante”.

-Ese lenguaje que tiene Marina es algo chocante porque es adulto. ¿Se debe a que estamos acostumbrados a leer a niños muy infantilizados?
“Es que yo creo que los niños nos censuran su realidad. A nosotros se nos presenta de una forma más pulcra. Ellos piensan palabras sucias. La parte prohibida del diccionario la usan en su cabeza y se preguntan por su significado y su potencial. Nosotros no lo solemos ver, pero forma parte de su realidad. La realidad de los niños es bastante cruda, llena de tensiones y oscuridad, muy divertida y espontánea también”.

-La relación de Marina y su abuela es maravillosa. Tal vez esa conexión sea porque los niños y los abuelos están fuera de la sociedad adulta.
“Sí, ellos disfrutan de esa especie de marginación porque como que su opinión y su realidad no es tan importante, pero también les da una libertad para expresarse y experimentar que está fuera de la rutina oficialmente normal”.

-¿Qué quería mostrar con la relación con esa madre intermitente, que aparece y desaparece continuamente en la novela?
“Quería explorar el misterio que se experimenta en la infancia cuando te falta información sobre tu entorno, sobre la familia, que te llegan datos incompletos y la forma en que lo asumes, cómo te adaptas a lo que te llega y cómo te afecta. A veces te haces preguntas y otras lo dejas estar. Esa característica me parece muy propia de la infancia. Te genera ansiedad, rabia, cansancio. Me servía para explorar cómo los niños llevan los problemas”.