día de canarias

La Gomera: reserva de la naturaleza

El Cedro sigue siendo el manantial de los barrancos donde se asentó una población que ha sabido sacarle a la abrupta orografía su sustento
El Roque de Agando es uno de los símbolos naturales y geográficos de la isla de La Gomera y el gran vigilante del Parque Nacional de Garajonay. DA
El Roque de Agando es uno de los símbolos naturales y geográficos de la isla de La Gomera y el gran vigilante del Parque Nacional de Garajonay. DA
El Roque de Agando es uno de los símbolos naturales y geográficos de la isla de La Gomera y el gran vigilante del Parque Nacional de Garajonay. DA

La Gomera sigue teniendo una de las mayores reservas ecológicas del planeta, por algo es Reserva Mundial de la Biosfera y Patrimonio de la Humanidad gracias a su Parque Nacional de Garajonay. El monte del Cedro, parque nacional desde 1984, ocupa el 10% de la Isla y es el manantial que ha permitido regar los barrancos donde se asienta su población, divididos en seis municipios. Una población que hoy apenas pasa de los 20.000 habitantes, 10.000 menos que hace 50 años, y que ha sabido a lo largo del tiempo luchar contra la abrupta orografía, para, a través de bancales, ir labrando el sustento de cada familia, muchas veces trabajadoras como medianeras de grandes caciques.

La Gomera, una isla inscrita en la historia universal tras el paso de Colón en 1492, goza del prestigio de sus paisajes, que aquellos testigos de excepción glosaron en sus crónicas.

La misma orografía que mantuvo en el aislamiento hasta la mitad del siglo pasado a muchos de sus pueblos, muchas veces roto gracias a un idioma singular, el silbo, que acaba de pisar la alfombra roja de Cannes. Esa orografía fue domesticándose con el paso del tiempo y hoy La Gomera puede presumir de ser una de las islas con mejores comunicaciones, ya no solo en su interior, sino con sus conexiones con Tenerife, a raíz de la apuesta de Fred Olsen por el ferry con Los Cristianos, a partir de 1974. Atrás quedaban las siete horas de viaje desde San Sebastián a Santa Cruz o la travesía en falúas hasta Alcalá, muy cerca de donde hoy quiere construirse el puerto de Fonsalía.

Mientras aumentaban las comunicaciones, incluso con un aeropuerto de escaso rendimiento, La Gomera, sin embargo, ha ido perdiendo población. Ya no se embarcaban a Cuba o Venezuela, ahora El Dorado pasó a ser Tenerife.

El abandono de fincas de plataneras y la desaparición de las conserveras de Lloret Llinares en el sur de la Isla dejó sin una gran bolsa de empleo a los gomeros, lo que, unido a una baja natalidad, ha dejado la huella del abandono, sobre todo en pueblos como Hermigua, Agulo o Vallehermoso, otrora los grandes avanzados de la Isla. Hermigua, el pequeño París en los años sesenta, con dos cines, un casino y una academia, pasó de 6.000 habitantes a menos de 2.000 en la actualidad. Es el fiel ejemplo de lo que ha sucedido en La Gomera en los últimos 40 años.

Solo el turismo, y la presencia de hoteles en Valle Gran Rey y Playa Santiago, ha posibilitado que el sur se mantenga pujante y frene, por ahora, la emigración. Y es que el turismo, como en el resto de Canarias, parece el único nicho de empleo capaz de parar la despoblación.

Para ello, no obstante, se deben mantener la señas de identidad de una isla con una naturaleza singular, con más endemismos que cualquiera otra de las canarias. El Cedro, sus senderos, su artesanía, su rica gastronomía, la bondad de su clima y su rica historia, desde Cristóbal Colón a Pedro García Cabrera, el poeta de Vallehermoso, que ya dijo: “Un día habrá una isla que no sea silencio amordazado”.

TE PUEDE INTERESAR