la laguna

La voz de las mujeres de Valle Guerra

La Asociación Plataforma El Pueblo Unido presenta un libro con los testimonios de 15 valleras de tres generaciones, con el que se quiere visibilizar su trabajo y entrega
Parte de las mujeres que contaron sus historias en el libro, durante la presentación del pasado viernes. / FRAN PALLERO

 

A lo largo de la historia, el trabajo, la lucha y el esfuerzo de las mujeres ha quedado relegado habitualmente a un segundo plano. La entrega del día a día para sacar adelante a sus familias y trabajar por la comunidad generalmente no ha sido reconocido ni valorado, sobre todo en el caso de las mujeres de mayor edad. Algo que se está logrando cambiar hoy en día, aunque aún queda camino por delante.

La Asociación Plataforma El Pueblo Unido de Valle de Guerra ha querido reconocer y visibilizar esta entrega y labor, dando voz a 15 mujeres valleras de tres generaciones a través de sus vivencias familiares, personales y sociales, que se recogen en un libro que presentaron el pasado viernes, en la Casa de Carta, bajo el título Pasajes de una historia silenciada. Tres generaciones de mujeres en Valle de Guerra, escrito por Esther Torrado, Yasmina Romero y Mª Dolores Delgado, con la colaboración de Violeta Moreno y Alba Rodríguez y la coordinación de Isabel Valencia y Delgado.

“En este libro se recogen los testimonios de una vida silenciada en una sociedad patriarcal que les impidió el acceso a la educación y los derechos más elementales como mujeres. Éstas, en especial las de mayor edad, nacieron en épocas de miseria y tuvieron que compaginar el trabajo en el campo con la atención y cuidado de la familia. Es hora de que se visibilice la importancia que han tenido, como pieza fundamental en el desarrollo económico de Valle de Guerra en los últimos 80 años”, explican desde el colectivo.

A lo largo del libro, que se estructura en tres capítulos, se recogen las historias de 15 mujeres de tres generaciones, mostrándose así los cambios y la evolución que ha tenido lugar desde los años 30 del pasado siglo hasta la actualidad.

Historias como, por ejemplo, la de María Brunequilda Rodríguez Rivero, quien nació en 1935 y lamentablemente falleció antes de poder ver el libro terminado. “Siempre recuerdo que desde niña he trabajado en el campo para ayudar a mis abuelos […]. Estuve en el colegio hasta los 12 años. Iba a aprender en horario de tarde en una finca llamada La Carta, donde las hijas de Don Gregorio de Armas me enseñaron lo básico: leer, escribir, sumar y restar. Inmediatamente después de terminar en la escuela me puse a trabajar en la tierra. Más adelante empecé a aprender a coser en casa de mi vecina Teresa”, rememoraba en el libro.

Y es que la gran mayoría de estas mujeres, que nacieron en plena II República o en el periodo del golpe civil y la guerra, tuvieron que abandonar la escuela y asumir roles adultos desde muy niñas, en una época marcada por las leyes franquistas y una clara desigualdad entre hombres y mujeres, reforzada por la tradición, explican las autoras en el libro.

“Era una época donde en el Valle había mucho trabajo, también para mujeres. Ellas cargaban grandes cestos con estiércol y llevaban las botellitas con sima para echarle a las hormigas encima. Tanto las mujeres como los hombres trabajaban por igual, aunque claro, no cobraban el mismo salario”, recuerda Caridad Acosta Rivero (1934).

“Ahora los tiempos han cambiado para mejor, sobre todo para las mujeres. Hago todo lo que entonces no podía hacer, salgo y voy estudiar dos horas a la semana e incluso he recorrido la Isla 17 veces y voy a nadar con mis amigas a Bajamar. Eso era impensable cuando era joven, apenas podíamos salir solas y disfrutar de la vida, todo era trabajo”, apunta Juana Rodríguez (1942).

Estas supervivientes dieron a luz a hijas que nacieron en los últimos años de la dictadura y vivieron el paso a la democracia y numerosos cambios, aunque la tradición aún perduraba.

“Mi infancia fue como la de la mayoría de las niñas y niños en Valle de Guerra durante los años 60-70, unos padres consagrados al trabajo desde la mañana hasta la noche y unos hijos que desde que empezaban a sostenerse solos ayudaban en la casa y en la huerta para la supervivencia de la familia. Supongo que esa fue la razón por la que ninguno de nosotros consiguió terminar sino la EGB, una lástima”, rememora en el libro Cruz del Carmen Hernández (1965), quien continuó estudiando de adulta y lleva ya 24 años trabajando en los viveros del Jardín Botánico del Puerto de la Cruz. Ella tiene claro que su papel como madre es “evitar esa educación infiltrada en tradiciones, costumbres y roles machistas”.
“La falta de juguetes era compensada con nuestra imaginación, recuerdo que había una planta de hojas de seda en una finca cercana y con ellas hacíamos muñequitas y jugábamos a las casitas. Las clásicas cosas que se nos decían que era normal hacer como niñas. Los chicos se iban a los tanques de las fincas y se daban un baño. Alguna que otra vez fui con ellos, pero no estaba bien visto. Si tus padres se enteraban, te daban un chillido o una nalgada, no era para niñas”, recuerda María Fe Pérez (1977).

Aunque también se empezaban a ver cambios. “Mi padre se quedó en casa [por una enfermedad] y no solo nos crió a nosotros, sino que cocinaba y fregaba los platos, aunque mi madre se encarga del resto”, explica Laura María González (1973), quien destaca en el libro que su padre le enseñó “que no había tareas que las mujeres no pudieran desempeñar y, por supuesto, yo tenía claro que tampoco profesiones”.

A ellas les han seguido sus hijas, jóvenes nacidas entre la despedida del siglo XX y el inicio del siglo XXI, años marcados por la tecnología y la globalización, relatan las autoras. Unas jóvenes que, por suerte, ven muy lejanas las vidas que vivían sus madres y abuelas. “Esas historias que cuentan mis abuelas, donde las mujeres siempre tenían que estar a los pies de los hombres o tuteladas por ellos es historia, al menos en mi familia. Mi obligación es estudiar y no tengo que trabajar. También hemos adquiridos libertades ideológicas y se respetan”, cuenta en el libro Sheila Acosta (2001). Pero aún queda camino por recorrer. “Aunque vivimos en una sociedad que busca la igualdad, se siguen observando diferencias de género en la actualidad”, apunta Noelia González (1997).

En este libro también contaron sus historias Albina González (1944), Mª Felisa Santana (1942), Clara Eugenia Cairós (1972), Carmen González (1996), Claudia González (2003) y Andrea Santana (2001).

Talleres, exposición y documental

El libro se enmarca en un proyecto más amplio, financiado por el área de Igualdad del Cabildo de Tenerife, bajo la coordinación de Isabel Valencia, de la Asociación Plataforma el Pueblo Unido.

Este proyecto, Caminando hacia la igualdad. El ayer y hoy de las mujeres valleras, lleva en marcha desde noviembre de 2018 y comprende una serie de actividades para la concienciación en la igualdad entre hombres y mujeres. Por ello, desde la asociación han realizado talleres y charlas en colegios e institutos de la zona, una exposición fotográfica, talleres, el libro que presentaron el pasado viernes y un documental, Entre el ayer y el mañana, que se estrenó el 27 de abril en el TEA y que se volverá a pasar este verano en la Casa de Carta de Valle de Guerra. El corto enlaza temas sobre el eje común de la desigualdad de género, relatado por estas mujeres valleras , y fue dirigido por Malen García.

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