entrevista

José Carlos Cataño: “Escribo para conocerme y desconocerme, pero sobre todo por una necesidad vital”

El poeta lagunero presenta mañana 'Obra Poética (1975 - 2007)', una recopilación de sus poemas, en Blous & Music El Cinematógrafo (Santa Cruz de Tenerife), a partir de las 19.00 horas, acompañado por el poeta Iván Cabrera Cartaya
José Carlos Cataño. DA
José Carlos Cataño

Regresa a Tenerife un poeta que lleva la insularidad por bandera en su Barcelona de residencia, a la que escapó por pura necesidad juvenil de atravesar fronteras. Allí, siempre mirando hacia Canarias en la distancia, José Carlos Cataño ha construido su carrera de palabras. Mañana presenta Obra Poética (1975 – 2007), una recopilación de sus poemas, en Blous & Music El Cinematógrafo (Santa Cruz de Tenerife), a partir de las 19.00 horas, acompañado por el poeta Iván Cabrera Cartaya.

-Presenta este jueves Obra Poética con poesías desde 1975 hasta 2007. ¿Por qué ahora?

“Yo llevaba tiempo que sentía la necesidad. Era como un poeta sin libros, porque ya no se encontraban, y me empeñé en conseguir una editorial que los reuniera y les volviera a dar vida, y ponerme otra vez en circulación. Fue un proceso que se inició en 2017, si no recuerdo mal. Se fraguó y se completó ahora, en junio, con la publicación del libro. Me contenta porque poetas o lectores que han oído hablar de mí no tenían acceso a mi poesía y ahora tienen la oportunidad de leerme. Claro, uno escribe primero para sí mismo o por necesidad, pero también busca al lector”.

-¿Escribir es una necesidad para usted?

“Sí. De hecho el último libro que publiqué fue en el año 2008 y luego he estado escribiendo poemas y metiéndolos en la gaveta, que es como dejarlos reposar. Pero nunca fuerzo la maquinaria, que es lo que puede ocurrir con un novelista que por contrato o costumbre saca un título al año. En mi caso no me impongo sacar un libro al año para que no se olviden de mí o por exigencias de una editorial. Publico cuando se ha terminado un proceso que puede durar años. Eso tiene que fermentar, calmarse, luego trabajar sobre el conjunto para darle un sentido y entonces ya tienes el libro. También, tal y como está el panorama editorial, aunque tengas el libro puede pasar mucho tiempo hasta que se publica, porque hay ciertas reticencias editoriales por la crisis u otros elementos. Pero volviendo al principio, yo escribo para conocerme y desconocerme, pero sobre todo por una necesidad vital. Y cuando tienes deseos te pones a trabajar. Yo no suelo escribir como si los libros fueran rosquillas”.

-¿Qué recorrido ha tenido su poesía?

“Es muy curioso, porque siempre he querido que cada libro tenga una cohesión interna. Hay poemas que se quedan fuera porque veo que no están en armonía con el conjunto o desentonan. Y también he tratado que los libros estén conectados. Y ahora, cuando hay todo un período de trayectoria poética, te das cuenta de que hay cierta unidad. Vas variando los tonos para no repetirte y probar cosas nuevas, y te das cuentas de que, a pesar de esas variantes, hay una cierta unidad que engarza desde el primer libro hasta el último. En mi caso, con elementos isleños, insulares. Aunque yo viva en Barcelona, y claro que hay elementos de mi entorno barcelonés, casi toda mi poesía está escrita hacia las Islas. La presencia de Canarias es constante y no puede ser de otra manera. Yo nací en La Laguna, mis primeros 20 años transcurrieron allí, y eso es una impronta que marca. Mi poesía está embebida de esa insularidad”.

-¿Echa de menos las Islas?

“Suelo pasar periodos en los que he vivido en otras islas o no he sentido la necesidad de volver, pero siempre que he podido he procurado mantener contacto. Cada vez que puedo voy físicamente a Tenerife o a El Hierro, que es una isla que me encanta, o a Gran Canaria. Y digo físicamente porque siempre estoy en interacción con las Islas y los poetas canarios, y siguiendo siempre el pulso isleño”.

-Dijo en una entrevista con Juan Cruz que le han hecho sentir como un traidor: en Canarias por irse y en Cataluña por no escribir en catalán.

“Sí, a veces se ha dado esta situación. Cuando yo me marché era por una necesidad vital, de pisar tierra firme, de perderme, de agarrar un tren y cruzar fronteras. De alguna manera, a mis 19 años, la insularidad me estaba ya matando, pero siempre pensaba en volver. Me fui a Barcelona a estudiar Filología Hispánica y por circunstancias vitales me quedé en Cataluña. Y aunque creo que no hace falta estar pregonando todo el día una identidad, yo me siento un autor canario que se siente más o menos a gusto en Barcelona, pero no me siento asimilado. A veces he notado cierta discriminación porque la lengua propia de Cataluña, o así lo interpretan algunos, es el catalán, y lo que se subvenciona y airea es la poesía en catalán. Y eso que tengo muy buenos amigos poetas catalanes, pero no me he integrado. Hay gente de Córdoba, de Cáceres, que se han ido a vivir a Barcelona y aunque escriban en castellano se sienten barceloneses. Yo no lo siento así. Yo presumo de ser un forastero. Me adelanto a que me digan extranjero. Creo que la extranjería es una bendición, porque eres canario pero universal, y entonces no estás adscrito a un territorio en concreto y puedes ir por libre. Y luego, el tema de la traición la he sentido en mis inicios, ahora no. De alguna manera traicionaba a mis islas por el hecho de empezar a publicar ya estando en Barcelona, y, quieras que no, te hace sentirte a veces, en mi caso, un traidor. Pero ya se me pasó y creo que he contribuido de alguna manera a la cultura canaria en la distancia. No estando presente aquí, sino estando en las afueras. La literatura no es de ningún lugar en concreto, aunque se nutre de las raíces en las que uno vive o ha vivido, pero la buena literatura aspira a la universalidad”.

-Siempre se ha dicho que a pesar de vivir en una isla, un lugar cerrado, aunque al mismo tiempo abierto al mar, ser isleño también significa ser universal.

“Para mí vivir en la isla es dialogar con el horizonte. Y en este diálogo te abres a lo distinto, es decir, te haces o aspiras a lo universal. Es una bendición que a veces las Islas han dado muestras, por ejemplo, con el surrealismo en Tenerife. Creo que es por eso, porque estamos rodeados de mar o de horizontes. Y siempre estás dialogando con el horizonte o con lo que está más allá, y eso te llama a salir de ti mismo, y a leer, y a escuchar y a curiosear en otros mundos y otras realidades”.

-Antes mencionaba la insularidad como una constante en su poesía. Pero otra constante, seguramente porque estudió Bellas Artes, es la conexión entre la imagen y la poesía.

“Exacto. Empecé muy pronto a estudiar en la Escuela de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, con 15 años. Hacía el Bachillerato y por las tardes iba a la vieja escuela de Bellas Artes. Y tengo la escena de estar pintando y ver cómo entre el lienzo y el pintor, en esa distancia, irrumpía la palabra. Estaba pintando, pero luego me retiraba y surgía el pensamiento. Para mí es como una metáfora de la palabra poética. También me ha servido para invocar la distancia como un territorio muy propicio para la creación, es decir, entre las islas y yo ha surgido mi escritura poética. Para mí es un elemento muy importante la distancia. Procede justamente de cuando yo era jovencito y en mi estudio de pintura, entre el lienzo y yo surgió el primer poema”.

-Además, tuvo profesores y compañeros que son referentes de las artes canarias. Carlos Chevilly, Pedro González o Gonzalo González, que acaba de inaugurar exposición en TEA.

“Yo era el más pequeño de esa generación en la que estaba también, si no recuerdo mal, Fernando Álamo, Juan José Gil y sí, Gonzalo González, que aprecio muchísimo como pintor y persona. Y como profesores, a Pedro González o Chevilly, como tú has citado. O Enrique Lite. Tuvimos la suerte de tener a estos pintores, que eran magníficos y con una personalidad que nos enriquecía. La verdad es que fue un período mágico”.

-Esa generación ha marcado una época.

“Sí, porque de alguna manera vinieron a ser los sucesores del ambiente intelectual que había en Santa Cruz de Tenerife de la generación de la República, que quedó abruptamente cortada por el golpe militar. Vino un páramo del que luego pudieron florecer esas personalidades. Y en poesía o literatura, Isaac de Vega, Rafael Arozarena… De alguna manera emulaban a aquella generación de Pedro García Cabrera, que tuve la suerte de conocerlo, ya en democracia, en La Laguna. Pero ya te digo, tuvimos la desgracia de que el fascismo cortara de raíz todo ese florecimiento cultural que había en Tenerife. Y a finales de los 60 y los 70, con el grupo Nuestro Arte, comienza algo por el estilo que a nosotros, en aquella época, nos nutrió y nos dio valor y ánimos para salir adelante y tratar, a su vez, de emularlos. Hemos tratado de seguir su senda”.

-¿Tiene nostalgia por tiempos pasados o los actuales también son interesantes y revolucionarios?

“Yo creo que, como dijo no sé quién, o prefiero olvidarme de quién lo dijo (risas), la nostalgia es un error. Fue José Luis de Vilallonga, por eso prefiero olvidarme de quién lo dijo (risas). Es muy fácil decir que los tiempos pasados fueron mejores y que, en cambio, ahora en música es todo ruido y que en pintura es todo vacío y en poesía es todo palabrería. Eso puede ser una tendencia del ser humano, pero hay que darle la vuelta. El tiempo es lo que permite que el tiempo actual sea el que es, por lo que el tiempo pasado también es responsable del presente. En el caso concreto de Canarias, en el campo de la poesía hay unos jóvenes con una fuerza y energía impresionantes. Otra cosa es el viejo tema de la difusión de estos poetas y artistas en un ámbito que supere al ámbito canario, porque todavía hay una serie de trabas y cierto desconocimiento, una falta de interés por estos nuevos autores. Pero están ahí, están trabajando de una forma muy admirable que yo procuro seguir muy de cerca. Me alimentan”.

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