arte

La inquietud de Víctor Núñez

Elena de Vera Núñez y Domingo J. González nos descubren a uno de los pintores olvidados de la Historia del Arte

Fran Pallero

No en pocas ocasiones ha ocurrido: descubrir a un artista que quedó en el olvido por los azares de esta vida traviesa. Aunque en este caso, y parece extraño, pues fue cofundador de Nuestro Arte (un grupo cultural vanguardista de los años 60 creado en Santa Cruz de Tenerife) y publicó en no pocas ocasiones en periódicos de la Isla, la culpa la tiene, podría decirse, una conjunción de mala suerte. Falleció justo el año en el que el mundo artístico reivindicara el grupo que ayudó a fundar.

Se trata del pintor Víctor Núñez (1918-1984), un artista olvidado por la historia del arte canario que, sin embargo, hizo mucho por ella. Quien tenga curiosidad por conocer parte de su obra debería acercarse al Espacio Cultural La Capilla en el edificio central de la Universidad de La Laguna, donde su nieta Elena de Vera Núñez y Domingo J. González han comisariado la exposición Víctor Núñez (1918-1984): paisajes, formas, figuras(hasta el próximo 19 de junio).

“Su figura cayó en el olvido y hemos querido reivindicarlo. Nos parecía de justicia”, afirma Elena. Los cuadros expuestos en la sala hacen un recorrido simbólico por su evolución como artista, donde se puede observar perfectamente la inquietud artística de este lagunero. “Pasó por muchos estilos, fue muy experimental”, cuenta su nieta.

“Nos parecía interesante esa idea de experimentador”, añade Domingo. Siempre fue en busca de un lenguaje propio y cuando llegaba a su destino, no se conformaba. Seguía investigando otras corrientes.
Núñez comenzó a pintar desde muy joven y fue su madre quien, al darse cuenta de esa pasión, lo apuntó a clases de dibujo. Nunca lo abandonó. Ni siquiera cuando estalló la Guerra Civil española. “Lo mandaron a Tetuán, donde recogió las influencias de su alrededor y las plasmó en sus cuadros, como Las mujeres árabes”, que los visitantes a la exposición podrán contemplar.

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Fran Pallero

El arte era su vida y aunque no era “pintor profesional”, su familia era comerciante y él continuó dicho legado, participó de numerosas tertulias culturales y mantuvo amistad y correspondencia con importantes artistas y críticos, como Eduardo Westerdahl. Después de la guerra, a finales de los años 40, Víctor Núñez, junto a Juan Ismael y Leocadio Rodríguez Machado, se interesó “por el lenguaje de vanguardia. Víctor empieza a pintar con un grupo donde estaba Pedro González, antes de irse a Venezuela, Siro Manuel y Raúl Tabares. Formaron el grupo Garage, porque se reunían en un garaje, y salían a pintar al aire libre, hablaban de arte, intercambiaban revistas de arte que se publicaban en el extranjero y estaban prohibidas por la dictadura franquista”, explica Domingo. Y Núñez, que comenzó con la figuración y los paisajes, empieza a experimentar cada vez más con lenguajes como el cubismo y el expresionismo, hasta que llega a la abstracción.

Inquietud es una buena definición de su arte y su persona. Lo dice Eliseo Izquierdo en un vídeo que forma parte no solo de la exposición, sino del documental que prepara la productora Digital 104 (de la que forma parte Domingo J. González). Inquietud “es lo que más define a Víctor. No quedarse quieto, probarse, probar lenguajes nuevos, investigar, y una vez llegaba a un punto, seguir leyendo, viendo exposiciones. Era un hombre que no se dedicó profesionalmente al arte, pero sí que era su vocación. El tiempo en que no estaba trabajando lo invertía en el arte, en exposiciones, pintar… y el tiempo en que estaba trabajando también, porque en su trastienda se hacían tertulias, iban artistas e intelectuales de la época”, relata Domingo.

Tal vez el hecho por el cual su obra no ha trascendido, a pesar de incluso haber expuesto en colectivas en Barcelona y París, es que mientras él pinta cuadros abstractos en su estudio, expone paisajes. Claro, lo que la Historia del Arte conoce, que es lo público, es que él era pintor de paisajes y bodegones.
“A él lo que le importaba era el arte. Tal vez no tenía tanta visión porque no se dedicaba profesionalmente a esto, y por eso tenía más libertad para investigar”, afirma González. Y nunca dejó de hacerlo.