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Nuevos estudios refuerzan el origen africano de los canarios

La profesora Rosa Fregel y el arqueólogo José Farrujia publican sendos trabajos científicos que arrojan luz sobre la todavía misteriosa procedencia de los isleños
Rosa Fregel, investigadora de la Universidad de La Laguna|SERGIO MÉNDEZ
Rosa Fregel, investigadora de la Universidad de La Laguna|SERGIO MÉNDEZ
Rosa Fregel, investigadora de la Universidad de La Laguna|SERGIO MÉNDEZ

El enigmático pasado del archipiélago canario interesa cada vez más tanto dentro como fuera de las Islas, como lo demuestra la proliferación de nuevos estudios científicos y, al mismo tiempo, la publicación de informaciones en los principales medios nacionales. Ha ocurrido estos días con un reportaje de Vicente G. Olaya en El País, en el que se afirma que “arqueólogos, historiadores y genetistas han dado el primer gran paso para desentrañar el origen de los actuales isleños”.

Se refiere a dos importantes trabajos dados a conocer recientemente. Por una parte, los estudios de la profesora Rosa Fregel, del departamento de Bioquímica, Microbiología, Biología Celular y Genética de la Universidad de La Laguna, desvelan que, dependiendo de la isla, gran parte de la población actual porta ADN mitocondrial aborigen. A esto se une que José Farrujia de la Rosa, arqueólogo y profesor de Didáctica de las Ciencias Sociales de la misma universidad, en su reciente libro Identidad canaria (Ediciones Tamaimos), descifra los principales secretos de esta civilización cuya presencia material prácticamente ha desaparecido, pero no su impronta.

Recalca el reportaje de El País que “la historia de las Islas Canarias antes de su conquista en el siglo XV, según admiten los expertos, representa uno de los grandes misterios de la arqueología española”. El proyecto de la conquista europea de las Islas Canarias comenzó por un liquen (orchilla) que servía para elaborar el color púrpura, una tonalidad muy deseada para teñir los ropajes de aquella época. Así que el noble normando Jean de Béthencourt consiguió del rey castellano Enrique III, a principios del siglo XV, el apoyo necesario para conquistar aquellas lejanas islas de las que se tenía constancia, al menos, desde el historiador romano Tito Livio (las denominó Afortunadas). El choque cultural y militar entre los pobladores insulares (los indígenas canarios) y los castellanos fue brutal: se necesitaron casi 100 años de lucha para tomar las siete islas.

Entre los siglos XVI y XX se desarrollaron diversas teorías sobre aquel pueblo: desde una supuesta procedencia celta hasta un origen indoeuropeo. Ahora, las pruebas arqueológicas y de ADN han dejado claro que los indígenas canarios no son otra cosa que imazighen (en singular, amazigh), un pueblo que se extendió por el norte de África hace más de 3.000 años y que ocupaba desde Libia hasta el Sáhara. En un artículo publicado en la web de la Universidad de La Laguna, Fregel explica que se “puede determinar que la población canaria global tiene una ascendencia aborigen por línea maternal del 55,9%, mientras que los componentes europeos y africano subsahariano son del 39,8% y el 4,3%, respectivamente”. Agrega El País que cuando el cálculo se realiza para cada isla por separado, los resultados son bastante variables. Los valores más altos de ascendencia indígena se observan en la población de La Gomera (55,5%) y en La Palma (41,0%), mientras que los valores más bajos se encuentran en Tenerife (22,0%) y El Hierro (0,0%). Los resultados de El Hierro, con una supervivencia nula de la población indígena, se pueden explicar por la propia evolución histórica de esta isla (es la más occidental) o por la escasez de las muestras analizadas.

Fregel añade que “gracias a los análisis de ADN antiguo se ha podido desterrar la creencia de que los guanches eran casi vikingos: altos, rubios y de ojos azules. Todo apunta a que proceden del norte de África y que su fisonomía se asemeja bastante a la de los bereberes, de piel blanca, más bien cetrina, y ojos marrones o claros, en algunos casos. Tópicos o leyendas de la época, lo cierto es que los antiguos pobladores de Canarias no eran tan diferentes a los de hoy en día”. Sobre cómo llegaron a Canarias, el profesor Farrujia de la Rosa sostiene que lo hicieron en dos grandes oleadas. Una primera hace unos 2.500 años (las pruebas de carbono 14 no son concluyentes) y una segunda, en torno al siglo I, coincidiendo con la presencia romana en el norte del continente.

Cruzaron el mar en pequeñas embarcaciones -no se han encontrado restos de ninguna- y desembarcaron en las islas más orientales: Lanzarote (la isla que ha proporcionado las fechas más antiguas por carbono 14, mil años antes de nuestra era) y Fuerteventura. Se ignora cuántos individuos lo lograron, aunque los cálculos científicos demuestran que 14 parejas pudieron ser suficientes para que el poblamiento insular fuera exitoso en el 81%. Pero solo es una teoría, pudieron alcanzar la costa muchísimos más.

De la segunda oleada se sabe que se produjo en época romana, momento en el que se introdujo en Lanzarote y Fuerteventura, entre otros elementos culturales, la escritura latino-canaria. Con anterioridad, en la primera arribada, ya habían extendido la escritura líbico-bereber en el archipiélago. Ambas están ahora en proceso de estudio: se han realizado diversas propuestas de transcripción que recogen la presencia escrita de teóforos, teónimos o nombres personales.

Sea como sea, continúa El País, lo más evidente es que en Canarias no existe ningún tipo de mina férrica o metalífera, por lo que los pobladores tuvieron que adaptar sus conocimientos (eran poseedores de la metalurgia) al nuevo hábitat. Surge así el empleo de obsidiana y basalto para los útiles líticos o una cerámica decorada con colores ocres, como la de Gran Canaria, con claros paralelismos con la conocida en otras partes del ámbito amazigh del continente.

“Adoraban al sol y la luna, pero también a las montañas, a los roques y a las cuevas, al igual que los imazighen”, explica José Farrujia de la Rosa. Se extendieron por las siete islas y “lo importante”, señala el profesor, “es que la investigación ha fructificado, tras décadas con las más controvertidas teorías. Falta mucho, pero nos vamos acercando a encontrar una respuesta a de dónde venimos”, concluye el arqueólogo.

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