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El policía acusado de dar 50 puñaladas a su pareja en presencia del hijo de ambos dice que “perdió la cabeza”

La Fiscalía de Violencia de contra Mujer pide para él 15 años de cárcel por intento de asesinato, con las agravantes de parentesco y por razón de género
Policía Nacional. DA
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El policía nacional acusado de haber intentado asesinar en marzo de 2017 en Telde (Gran Canaria) a su expareja, a la que asestó 50 puñaladas en presencia del hijo de ambos, un bebé de once meses, ha alegado este miércoles ante la Audiencia de Las Palmas que “perdió la cabeza”.

En la vista oral que se ha celebrado por esta causa, el procesado José Francisco B.O., ha admitido que “se ha destrozado la vida” por estos hechos, de los que se arrepiente y sobre los que comenzó a ser consciente, ha asegurado ante el tribunal, cuando se percató de que estaba encima de la víctima con un cuchillo en la mano, “vio el miedo en su cara” y se asustó de “lo que había hecho”.

La Fiscalía de Violencia de contra Mujer pide para él 15 años de cárcel por intento de asesinato, con las agravantes de parentesco y por razón de género, porque considera que atacó a su expareja por sorpresa y sin posibilidad de defenderse -mientras preparaba el biberón del bebé- y solo cesó en su agresión cuando creyó que había conseguido acabar con su vida.

Eso ocurrió cuando la mujer, agotada, decidió “hacerse la muerta” para evitar que él siguiera agrediéndola, como ha relatado la propia víctima en su declaración en el juicio, efectuada tras un biombo.

Agresor y víctima comenzaron una relación entre 2010 y 2011 y, tras romper en 2016, ella quedó embarazada en un encuentro casual que tuvieron cuando se había ido a vivir a otro municipio.

Fue así cómo ambos volvieron a vivir juntos en la vivienda que él posee en Telde, donde, el 4 de marzo de 2017, ocurrieron los hechos.

Transcurridos unos meses desde que retomaron la convivencia empezaron a tener problemas porque, según ella, “él se despreocupa del niño y casi no se le veía el pelo”. Ante esta situación, ambos decidieron poner punto y final a la relación, aunque la mujer pidió algo de tiempo para poder encontrar un trabajo y “marcharse con su hijo”, que alumbró pese a que él le pidió que abortara.

En ese tiempo añadido en el que siguieron viviendo bajo el mismo techo y en el que trataban de acordar la custodia y manutención del menor, la víctima denunció al procesado después de que este le amenazara con que un juez le podría quitar a su hijo porque, a diferencia de él, ella “no tenía trabajo ni vivienda ni era nada”.

Sin embargo, esa denuncia no prosperó porque no fue ratificada y se archivó, porque fue “mal asesorada por la abogada que le tocó”, según ha asegurado este miércoles la víctima.

Tras tomar esta iniciativa, con la que hizo mucho daño al procesado, hasta el punto de que el agente tuvo que pedir una baja psicológica que le obligó a entregar su arma en el trabajo, la mujer decidió comprar una grabadora para corroborar si “el sinvivir que en ese momento no sabía que padecía era real y con el fin de que le creyeran”.

La víctima atinó a poner en marcha esa grabadora cuando, a primeras horas del 4 de marzo de 2017 sintió que alguien trataba de entrar en el domicilio de su expareja, donde siguió residiendo junto a su hijo y sin la presencia del dueño, que se había ido a vivir con sus padres ante el temor de volver a ser denunciado.

Ese día, el procesado había acudido a su domicilio en compañía de su padre con el fin de cambiar la cerradura del cuarto trastero, donde ella tenía sus pertenencias, y pedirle a su expareja la llave del garaje, que pretendía poner en alquiler.

El padre del procesado ha declarado que dejó subir a la vivienda a su hijo porque le encontró tranquilo y ha recalcado que, minutos después, cuando le llamó por teléfono, al ver que tardaba en bajar a la calle, donde quedó él, el acusado le dijo con toda normalidad que “estaba hablando con ella”.

Por eso, el padre del acusado nunca pudo imaginar que minutos después se desencadenaran una agresión que ni los vecinos ni él mismo pudieron evitar, ya que tuvieron lugar en el interior de la vivienda, a la que nadie pudo acceder, a pesar de que la mujer logró abrir la puerta en un momento dado, aunque su agresor volvió a cerrarla para seguir apuñalándola con un cuchillo, hasta que se dobló, para proseguir con otro sin reparar en que el bebé de ambos lloraba en su cuna a escasos metros.

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