editorial

El cambio se abrió paso contra viento y marea, y contra toda decepción

El 26-M de 2019 alumbró este Pacto de Progreso y las alcaldías socialistas de Santa Cruz de Tenerife y La Laguna, y la gran sacudida de los cabildos en El Hierro, Lanzarote, Fuerteventura, Tenerife y La Palma

Tras 26 años de poder ininterrumpido de Coalición Canaria, ayer fue elegido en el Parlamento de esta comunidad un presidente socialista, lo cual representa una decisión histórica, que en términos políticos carece de parangón. Las sinergias que se han desatado en los últimos días entre instituciones de distinto calado (municipal, insular y autonómico), al producirse cambios similares en cascada desde Santa Cruz de Tenerife hasta Teobaldo Power, expresan a las claras ese cambio histórico del que hablamos. Rara vez, en cuarenta años del Estado de las Autonomías, se ha registrado un fenómeno tal de alternancia masiva en las distintas estancias del edificio de la Administración dentro de un mismo territorio.

Canarias, que ha sido laboratorio de pactos y ensayos inéditos en las fórmulas de gobierno de este país, estrena desde ayer un modelo de cambio exportable, que a buen seguro sentará un precedente. No es recurrente, aplicada a Canarias, la metáfora luminosa del cambio, para la que en la moderna era democrática española nos remitimos con la vista puesta en octubre del 82, el año de la mayoría absoluta en las urnas de Felipe González, con la que un Gobierno socialista tomó el testigo de la UCD de Adolfo Suárez.

El 26-M de 2019 alumbró este Pacto de Progreso y las alcaldías socialistas de Santa Cruz de Tenerife y La Laguna, y la gran sacudida de los cabildos en El Hierro, Lanzarote, Fuerteventura, Tenerife y La Palma. El cambio ha sido generalizado y, por obra del fraccionamiento político, ha requerido de alianzas. Canarias ha definido esta vez nítidamente dos bloques políticos de centroderecha y de progreso. Y este último ha sumado más.

El nuevo ciclo que ahora se inicia nace bajo grandes expectativas en torno a los actores del cambio, con la inevitable desolación de quienes se habían perpetuado en el poder hasta engendrar la sensación de haber constituido todo un régimen. Lo que ayer se vino abajo en las Islas es un sistema de conexiones que trascendía lo meramente político.

Desde que en 1993 se instaló en el poder autonómico Coalición Canaria, a raíz de la moción de censura de Manuel Hermoso a Jerónimo Saavedra, se han venido sucediendo como por inercia los distintos gobiernos pilotados por la misma fuerza política, hasta el punto de transmitir la sensación de que, con ella en el tablero político, no cabían las alternativas. Y esa percepción arraigó, en la comunidad autónoma, durante más de un cuarto de siglo. Toda una generación de veinteañeros canarios solo ha conocido Gobiernos de Coalición y asiste ahora a este cambio político como si de una Transición en toda regla se tratara desde un poder omnímodo e inamovible a una situación de normalidad y alternancia. Este es el calibre de la transformación política a la que asistimos desde ayer en Canarias.

En modo alguno ha de ser condenado a la hoguera el nacionalismo que los fundadores de Coalición Canaria alumbraron hace más de 30 años en ayuntamientos, cabildos y Parlamento. Las ideas son tan respetables ahora como entonces. Las obras de quienes las han llevado a cabo los juzgarán en cada caso. Lo que ayer devino fue el relevo de un Gobierno por otro, pero, en esencia, fue la reparación de una anomalía democrática: la prolongada existencia de un régimen de poder que parecía inagotable.
A Ángel Víctor Torres -segundo socialista en asumir la presidencia en toda la historia de esta autonomía- compete ahora acertar. A él y a los integrantes de su próximo Gobierno. Canarias exige, ante la dimensión de sus urgentes problemas sociales, el inaplazable nuevo modelo turístico que demanda el mercado y la lucha contra la degradación ambiental, un gabinete de hombres y mujeres de solvencia y altura política. No más mediocridad, ni arrogancia. Un Gobierno útil que sirva a la gente y regenere la política. Un Gobierno que haga de la validez y la honradez de su trabajo el éxito que devuelva a los más de dos millones de canarios la fe en su autogobierno como fuente de igualdad y progreso.

Diríase que tras estas elecciones, y a tenor de las afinidades establecidas, el cambio ha sido posible gracias a aquellos partidos que no engañaron a sus electores e hicieron lo que prometieron. La confluencia del PSOE con Nueva Canarias y Podemos creó un embrión de reputada vocación de cambio, al que se sumó la Agrupación Socialista Gomera, una vez desengañada de los cantos de sirena de Coalición Canaria, que erró malmetiendo a dirigentes de otros partidos con la artimaña de ceder poder a plazos. En la sesión de investidura de ayer, algunas ausencias en los escaños del centroderecha se prestaron a lecturas de esa índole.

El cambio político producido en Canarias es obra de los ciudadanos que nutrieron de suficiente bagaje parlamentario a fuerzas políticas que no les defraudaron. No pueden decir lo mismo los votantes de otros partidos, cuya envoltura en campaña ocultaba una mercancía que se reveló falsa. El caso paradigmático de esto último es el de Ciudadanos, que se desgañitó en la plaza de la Candelaria y en cuantas plazas tuvo oportunidad de hacerlo con el mensaje de la regeneración contra la condena bíblica de que un mismo partido gobernara en Canarias durante décadas. Ciudadanos mantuvo en pie solo uno de sus axiomas, el veto al imputado Fernando Clavijo, un dogma de su decálogo nacional, pero ahí concluyó toda su aportación política. De resto, se sumó a la claque de CC con visible enojo a la menor contrariedad en sus filas.

A la vista está la facilidad con que renunció a apoyar el cambio en el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, forzando a sus concejales a dejar hacer en última instancia, votándose a sí mismos, para favorecer la continuidad de CC en el poder. Un guion que acaba de calcar en el Cabildo de Tenerife, al torpedear todo asomo de alternancia, bajo un manual de pretextos que desembocan en la misma finalidad: preservar las mayorías establecidas en torno a Coalición, perpetuar sus mandatos, consolidar la hegemonía del partido contra el que, desde Vidina Espino hasta Albert Rivera, Ciudadanos declamara en campaña electoral con alardes de baldeo y transparencia higiénica. En ambas instancias, el Ayuntamiento capitalino y el Cabildo insular, la coherencia con lo prometido en campaña se ha debido a la acción de los cargos públicos antes que a la dirección del partido. Tanto los concejales como los consejeros de Cs en ambas corporaciones han actuado en conciencia contribuyendo al cambio y se enfrentan, ahora en el seno de Cs, mañana en los tribunales, a la sanción disciplinaria en aras del veredicto que reponga su honorabilidad. Es cuestión de tiempo esperar a ver a quiénes se les pone la cara naranja.

El donde dije digo, digo Diego ha afectado también, si bien no de modo genérico, al Partido Popular. El lunar de su coherencia se localiza en el citado Cabildo de Tenerife, no así en el de La Palma. En tanto en este último los consejeros populares han obrado de acuerdo con su ideal de cambio, censurando junto al PSOE a CC para asumir la presidencia, en Tenerife no dudaron en abrazarse a Coalición mediante un frágil pacto insuficiente que apenas tuvo horas de vigencia, sorprendido de inmediato por la censura conjunta del PSOE y Cs con el apoyo externo de Podemos. Las vicisitudes políticas vividas estas última semanas en las Islas han retratado a unos y a otros. Y más de uno ha quedado fuera de la foto, con un cisma abierto en su partido y condenado a sus escasos reductos municipales.

Con todo, se ha abierto camino el cambio político. Démosle la bienvenida desde las páginas de DIARIO DE AVISOS, hagamos votos por la alternancia política, dignifiquemos la bondad de las urnas: la de quitar y poner gobiernos en aras de la prosperidad de los más y no de los menos. Exaltemos hasta donde seamos capaces desde la humilde capacidad de un periódico el bien máximo de la democracia, el de la pluralidad frente al sectarismo. Si hoy celebramos la llegada del cambio político a la autonomía de nuestra tierra es porque su maquinaria amenazaba oxidarse quizá por otras décadas más de no haber sido por la conjunción de partidos y voluntades individuales que han hecho posible este día. Lo que depare el futuro es responsabilidad de los nuevos gobernantes. Y nos mantendremos alertas e insobornables.

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