
Apenas unos minutos después de que se pusiera el sol, sonaron las primera alarmas. Los ingleses, igual que hace 222 años, iniciaban el asalto a la ciudad de Santa Cruz de Tenerife. Su desembarco en el muelle del Castillo Negro se encontró con las tropas del general Gutiérrez, que una vez más, los enfrentó valientemente, en la lucha cuerpo a cuerpo, con la toma de prisioneros por parte de un bando y otro. Esta primera batalla finalizó con los defensores de la ciudad refugiados en el Castillo Negro y los atacantes avanzando hacia la ciudad. Entre las tropas de Gutiérrez destacó un hombre, el cabo 1º Diego Correa, el mismo al que, este año, la Asociación Histórico-Cultural Gesta del 25 de Julio de 1797 homenajea por su arrojada entrega.
Anoche, Diego Correa, reencarnado en José Luis Correa, volvió a liderar a los pocos hombres que tenía a su cargo en la batería de La Concepción, en la que prestaba servicio la madrugada del 25 de julio de 1797. Desde allí vio como los botes ingleses intentaban acercarse a la costa. Correa (el de hace 222 años y el de anoche) se enfundó sus pistolas y sable, arengó a sus soldados, y se lanzó sobre los ingleses. El combate contra ellos se saldó con la captura de 17 británicos, que terminaron como prisioneros en el Castillo de San Cristóbal, ante la sorpresa del general Gutiérrez. La memoria de la figura de Correa, además de por su aguerrida intervención, se ha perpetuado hasta la actualidad porque recogió uno de los trofeos más importantes de la Gesta y que aún se conserva. Se trata de la bandera de combate de la fragata Emerald, recogida en el barranco de la Carnicería, hasta donde la habían llevado los ingleses como estandarte de sus tropas. La bandera se puede contemplar en el Museo Militar de Almeyda entre otros recuerdos de la Gesta que han llegado hasta la actualidad.
El General Antonio Gutiérrez Santallana, del que este año se cumplen 220 años de su fallecimiento, reconoció al cabo 1º Diego Correa Corbalán, a quien propuso para el ascenso al grado de subteniente, concediéndosele la agregación al mismo cuerpo.
A las diez de la noche todo quedó paralizado para que, hoy, se retomen los enfrentamientos que aquel 25 de julio llevaron al pueblo chicherrarero a inscribirse con letras de oro en la historia, derrotando al mismísimo Horacio Nelson, que no solo se dejó el orgullo sino también uno de sus brazos.
Así, hoy, a partir del mediodía, y con el izado de las banderas en la plaza isla de La Madera, con el disparo de una salva de cañón, Santa Cruz se trasladará al 25 de julio de 1797. Quienes se acerquen a disfrutar de esta jornada podrán encontrarse con los elementos necesarios para recrear la vida cotidiana de las tropas defensoras durante esos días, como la guarnición con su vigilancia y los paisanos en sus quehaceres. Las actividades se prolongarán hasta la hora en la que se retomarán los combates en el punto que se quedaron la noche anterior.
Coincidiendo con cada hora en punto se hará sonar una salva de cañón. Por la tarde-noche se dará la alarma y los británicos lo volverán a intentar, desembarcando para atacar Santa Cruz, dentro de una representación en la que resultará herido el almirante Horacio Nelson. La recreación trata de mostrar unos combates duros, en los que no solamente intervendrán las tropas sino también, como ocurrió históricamente, la población civil. Será a las 20.30 horas cuando de nuevo suenen esas alarmas advirtiendo de que los ingleses han desembarcado, un aviso ante el que las tropas se movilizarán para ir al encuentro de los invasores en la calle de La Noria, La Concepción y el cauce del barranco de Santos.
Igual que entonces, los combates serán duros, lo suficiente para liberar a los prisioneros hechos por los ingleses en la primera jornada de la recreación. Las tropas británicas acabarán refugiándose en el Convento de Santo Domingo (ahora la Sala de Arte La Recova), donde las tropas de Gutiérrez los hostigarán hasta su capitulación. La firma de esa derrota, pondrá fin a la jornada que se retomará mañana domingo, donde, a las 13.00 horas se llevará a cabo un homenaje a la figura del General Gutiérrez.
Una corona de flores honrará la figura del hombre que llevó a la victoria frente a los ingleses, un sencillo acto que finalizará con la lectura del epitafio escrito por Viera y Clavijo.










