Canarios sin fronteras

Nino Cervera, el profesor de Tenerife que brinda por la paz con excombatientes de las FARC

Cervera narra su viaje a Icononzo, el corazón de la guerrilla más antigua de América Latina, donde trescientas personas conviven en el Espacio Territorial de Reincorporación y Capacitación (ETCR); una de ellas le confiesa que es "curioso que te invite a una cerveza cuando hace cinco años te hubieran dado cuatro millones de dólares por mi cabeza"

Rubén Darío (Iz) y Nino Cervera posan sonrientes con 'La Roja' en sus manos. Nino Cervera
Rubén Darío (Izquierda) y Nino Cervera posan sonrientes con ‘La Roja’ en sus manos. Nino Cervera

Nino Cervera, de 37 años, es profesor de Geografía en el colegio Decroly de San Cristóbal de La Laguna. Nació en Edimburgo (Escocia), pero se crió entre las islas de La Palma y Tenerife. Cuenta a DIARIO DE AVISOS que todos los veranos hace un viaje largo a un país diferente para empaparse de su cultura, modo de vida y visión de la realidad que suele ser muy diferentes a las nuestras. “Me gustan países que hayan tenido un contexto histórico interesante”, confiesa. Su afán aventurero le trajo a Icononzo (Tolima), un municipio colombiano de la subregión del Sumapaz situado a 1.304 metros sobre el nivel del mar. El verde que regala su inmenso bosque húmedo da color a ocho barrios y 30 veredas que se distribuyen en 23.886 hectáreas flanqueadas por la cordillera de los Andes, mientras que sus gentes subsisten gracias al cultivo de café, varios tipos de fruta, la ganadería y la minería. “El verano pasado viajé a Indonesia, donde sobreviví al terremoto de Lombok, en el que hubo 1.000 muertos; he estado en México, Cuba, Vietnam, Tailandia, Marruecos…”

Los habitantes de Icononzo conviven desde 2017 con cerca de 300 excombatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP), la guerrilla más grande y antigua de América Latina, y sus familias, quienes han encontrado un hogar seguro en el Espacio Territorial de Reincorporación y Capacitación (ETCR). “Algo muy interesante de este poblado, ubicado en un foco de conflicto entre guerrillas y paramilitares, es que es mucho más sano porque nunca hubo narcotráfico”, detalla Cervera. Añade que “aquí tienen una concepción de las drogas muy clara; saben que han echado a perder Colombia y la mínima cosa rara que ven la reportan a las autoridades”.

Hay 24 centros de este tipo en todo el país, pero el de Icononzo “es uno de los más grandes y de los que mejor funcionan”. Estos lugares se organizan administrativamente a través de líderes sociales. “De hecho, aquí hay dos, Carlos y Valentina, que son muy importantes. Valentina es el referente de este poblado y se presentará a la Alcaldía de Icononzo, porque las FARC ya están reconocidas como grupo político”, explica.

Los excombatientes han tenido una buena aceptación entre los habitantes del municipio. El pequeño poblado en el que viven está a tan solo una hora del núcleo urbano de Icononzo. Allí, “estuve con un excomandante de las FARC y me invitó a una cerveza. Me dijo que era curioso que te invite a una ‘Roja’ cuando hace cinco años te hubieran dado cuatro millones de dólares por mi cabeza. Pues sí, qué curioso, pensé yo. Tomándome algo con él y que me cuente eso”, relata Nino Cervera.

Para el docente de Tenerife fue una situación pintoresca. “Yo nunca había vivido algo parecido; estar con una persona y que te diga eso. Es un poco surrealista. Hablamos de las injusticias del mundo, de lo superficial que es todo. Sale de la guerra y se encuentra con gente que no habla entre sí, sino que está pendiente de las fotos que ven en una pantalla. Nota que las personas no están tan unidas como antes, que son menos solidarias y que viven en un mundo consumista en el que se trabaja para comprar y aparentar. Hablamos de cómo ve el cambio. La gente ahora es mucho más fría, porque estamos más muertos por dentro en cuanto a cultura, intereses, arte… En cierto modo, todo eso se ha ido perdiendo en detrimento de subir cuatro fotos a Facebook o Instagram”.

En el poblado de Icononzo “también hay mucha presencia de efectivos la ONU, que están presentes tanto en el pueblo como en el poblado. Su trabajo no consiste en evitar que se maten entre ellos, sino en comprobar que tienen unas buenas condiciones de vida: que están bien, que los niños están comen, que tienen acceso a la educación. Es decir, que se cumplan unos estándares mínimos de calidad de vida, por así decirlo, cuenta el profesor.

ETCR

Los ETCR tienen una duración de 24 meses. Es decir, que el 15 de agosto de 2019 termina su figura jurídica transitoria. Esto no representa la desaparición o desalojo de los 24 Espacios habilitados para los excombatientes y sus familias. El Gobierno de Colombia pondrá en marcha una estrategia para la transición de algunas de estas zonas que presentan dificultades de permanencia en los actuales territorios debido a riesgos naturales, limitaciones en vías de acceso y en la provisión de servicios públicos, entre otros factores, según informa el Ejecutivo del país latinoamericano en un portal dedicado exclusivamente a los ETCR.

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El actual presidente de Colombia, Iván Duque, prueba 'La Roja'. Nino Cervera

“Pensaba acercarme a estos lugares de reintegración, pero el que me dio la oportunidad fue el concejal Jorge Andrés Ortegón, presidente del Concejo Municipal de Icononzo”, comenta Cervera, a quien las puertas del poblado se le abrieron de par en par nada más pisar la tierra que abunda en cada uno de sus caminos y baches. Asegura que sin Ortegón no hubiera sido posible llegar hasta allí, pues “él es quien conoce a todo el mundo y el que me presentó a varios excombatientes de las FARC”.

Cervera quedó prendado con el proyecto de uno de ellos, Rubén Darío, quien se levanta todos los días a las siete de la mañana para trabajar en la fabricación de la cerveza artesanal más popular del país, ‘La Roja’; que sin pretenderlo se ha convertido en el símbolo de la paz sellada con la firma del Acuerdo para la Terminación Definitiva del Conflicto, que tuvo lugar en Bogotá el 24 de noviembre de 2016, una vez finalizadas las negociaciones entre el Estado, encabezado por el entonces presidente, Juan Manuel Santos, y el jefe del equipo negociador de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo, Iván Márquez, en las ciudades de La Habana (Cuba) y Oslo (Noruega).

Lamentablemente, la paz no termina de llegar y los excombatientes de las FARC siguen inmersos en un clima de rencor y venganza. “Me dijeron que el Gobierno que está ahora muy de derechas. Se sacan la foto del acuerdo pero no están tan de acuerdo. Recortan con facilidad en las ayudas prometidas. Pero eso pasa siempre. Van, se sacan la foto y a la hora de la verdad no contribuyen tanto” dice Nino Cervera.

El conflicto armado en Colombia duró más de medio siglo y enfrentó al Estado, guerrillas de extrema izquierda, paramilitares de extrema derecha, bandas criminales y, más tarde, a los carteles de la droga por la posesión de la tierra, las desigualdades sociales, la persecución civil debido a la orientación política, la permanencia de grupos terroristas y la irrupción de la industria ilegal de la coca, entre otros factores.

La guerra se intensificó a partir de la década de los 80, cuando los grupos subversivos centraron sus ataques en la población civil, apoyados económicamente por el narcotráfico. Según el informe ‘¡Basta ya!: Colombia: memorias de guerra y dignidad’ (2013), 220.000 personas perdieron la vida entre 1958 y 2012 a causa de la contienda, de las cuales el 81,5% fueron civiles. Otro dato desgarrador de este estudio elaborado por el Centro Nacional de Memoria Histórica es que por cada combatiente fallecido, murieron cuatro civiles. Si contamos a las personas que sufrieron otros crímenes de guerra, el número de afectados ascendería hasta los seis millones: desaparecidos, amenazados, secuestrados, afectados por el asesinato de un ser querido, torturados o menores reclutados forzosamente.

Los exombatientes que ahora buscan una nueva oportunidad en Icononzo lo tienen claro: “Hay mucho odio en la sociedad”. En este clima se celebró en octubre de 2016 el plebiscito sobre los acuerdos de paz de Colombia, que fue el mecanismo de refrendación para aprobar los acuerdos entre el Estado y las FARC. Tras la victoria del ‘no’, con un 50,21% de los votos, el Ejecutivo se vio obligado a renegociar la paz con los representantes de la guerrilla. “La mayoría de los que votaron que no querían un acuerdo de paz lo hicieron en Bogotá y ciudades muy grandes, cuando el conflicto afectó, sobre todo, a las regiones pobres, rurales y campesinas. A toda esa gente de ciudad, rica, de clases más pudientes o con allegados que han sufrido los horrores de la guerra les han metido en la cabeza, como también ocurre en España, que a los terroristas hay que seguir persiguiéndolos… ¡Qué paz les vamos a dar ahora!, ¡Vamos a matarlos! A mi entender, eso fue lo que pasó”, detalla Nino Cervera.

El pueblo de Icononzo sufrió muchas masacres por parte de los paramilitares. “Hay un río que se llama Sumapáz que en su momento fue un vertedero de cuerpos. Los paramilitares mataron a muchos habitantes del pueblo, lo que se hacía antes: si tu tío está metido en la guerrilla, pues tú también eres un guerrillero. Mataban a mujeres y niños. He estado con varios de ellos en la plaza del pueblo y hablan abiertamente de esto”, detalla el profesor del Decroly.

Miles de vidas truncadas por una guerra perpetuada en el tiempo en la que, sobre todo, han “muerto los civiles y pobres”, indica Nino Cervera, a quien le sorprende que en el ETCR de Icononzo vivan “casi el mismo número de mujeres que de hombres”. El profesor se siente cómodo porque en este poblado se respira paz. Explica que “150 personas se han graduado en Bachillerato y tienen un montón de ganas de estudiar y de salir a la vida real, porque han estado muy perdidas; imagínate que estás metido en la selva desde que eres un niño”.

Pequeña fábrica de 'La Roja' en Icononzco. Nino Cervera
Pequeña fábrica de ‘La Roja’ en Icononzco. Nino Cervera

‘La Roja’, símbolo de paz

El Gobierno de Colombia explica que “en los ETCR se realizan actividades de capacitación y reincorporación temprana con las cuales se pretende facilitar las fases iniciales de adaptación de los miembros de las FARC-EP a la vida civil. De igual forma, se pretende que con estas acciones se pueda aportar a las comunidades aledañas”. La llegada del profesor colomboirlandés, Wally Broderick, al ETCR de Icononzo, fue el origen del proyecto más exitoso llevado a cabo por excombatientes de la guerrilla, el cual echó a rodar tras la formulación de una pregunta simple, “¿Ustedes saben hacer cerveza?”.

“Así empezó todo. Les enseño a hacerla. Poco a poco fueron comprando maquinaria y ahora tienen dos habitaciones para elaborar su producción. Compran las etiquetas por un lado, las botellas por otro… tampoco le ganan tanto a cada una porque no tienen una producción grande y es todo artesanal. Todo lo hacen con productos ecológicos de la zona. 100% natural”, cuenta Nino Cervera.

‘La Roja’ tiene un sabor amargo, pero con un toque dulzón. “Está muy rica”, admite el profesor del Decroly. Lo que verdaderamente importa de esta bebida es que sabe a una segunda oportunidad y, sobre todo, a una nueva vida. Los gobernantes son conscientes de ello. Tal es así, que “han pasado por aquí el actual presidente de Colombia, Iván Duque, y más de 20 embajadores mundiales”, asegura el docente.

Rubén Darío, que ronda los 60 años de edad, elabora este manjar, conocido ya en otros puntos de Colombia y también en países como Australia, Argentina o Japón, junto a otros exguerrilleros. Ataviado con la elástica del Atlético de Madrid, le confiesa a Nino Cervera que “me metieron en la selva con 10 años y una metralleta en la mano, y salí de allí con 55”. Ahora, no para de preguntarle cómo es la vida en Canarias: cómo se rige cada isla o si hay un gobierno regional. “Es gente que ha estado tan desconectada de todo lo que nos rodea que ahora tiene ansias de saber, de integrarse, de participar en el mundo.”

“Noto mucha cercanía. En las conversaciones que mantuve con ellos me di cuenta de las ganas que tienen de luchar contra las injusticias. Eso es lo bonito de todo esto. Sentí sus ganas de mejorar, de unirse, de hacer comunidad, de volver a lo eran antes: una sociedad más unida, de pueblo pequeño”, indica Nino Cervera. Además, “son un encanto de personas. No conocí a nadie con mala idea o con intenciones extrañas”.

Entre los principales problemas que sufren los productores de ‘La Roja’ se encuentra el acceso al poblado, que es excesivamente complicado. “Son carreteras con baches, agujeros, huecos… imagínate el tema del transporte de la producción. Viene gente en una guagua y se llevan 10 cajas contadas”. Sin embargo, esto no les aparta de sus sueños y ambiciones, ya que tienen pensando comprarse una furgoneta o un 4×4 para distribuir ellos mismos el producto en las grandes urbes”, explica Cervera.

Rubén Darío y otros excombatientes de las FARC embotellan 200 botellas al día y se las ingenian para llevarlas a puntos clave del país como Bogotá y Medellín. Las administraciones les han prometido inversiones para hacer más grande la fábrica, pero esta no termina de llegar. “Están creciendo poco a poco, pero autogestionándose. A mi me dijeron “mira, Nino, que eres profesor, si pones un par de miles…” Estoy seguro de que es un proyecto con posibilidades. Ellos me aseguran que quien se meta en esto va a hacerse rico porque la cerveza está buena y tiene una historia detrás. ‘La Roja’, la cerveza con la que esta gente está intentando salir adelante. Una cerveza de paz”.

Puedes ver estas y más imágenes de los viajes de Nino Cervera en sus cuentas de Instagram (ninoceronte) y Facebook (Nino Cervera Martín).