35 años del incendio de la gomera

Aarón Afonso: “Con los años, el dolor de perder a mi padre se transformó en orgullo”

Aarón Afonso, único hijo del exgobernador civil, habla por primera vez de su doloroso recuerdo cuando tenía 7 años y murió su padre, en un encuentro para el DIARIO con el exalcalde del Puerto de la Cruz, Salvador García
Su único hijo, Aarón, y su amigo y compañero Salvador García recuerdan a Paco Afonso en la ñamera de la Plaza del Charco, un lugar emblemático de la ciudad. Sergio Méndez
Su único hijo, Aarón, y su amigo y compañero Salvador García recuerdan a Paco Afonso en la ñamera de la Plaza del Charco, un lugar emblemático de la ciudad. Sergio Méndez
Su único hijo, Aarón, y su amigo y compañero Salvador García recuerdan a Paco Afonso en la ñamera de la Plaza del Charco, un lugar emblemático de la ciudad. Sergio Méndez

Cuando falleció su papá, Aarón Afonso tenía 7 años. Aún guarda algunos recuerdos de ese momento, aunque su madre le comunicó lo sucedido días más tarde. Pese a los intentos de protegerlo y alejarlo de lo sucedido, fue testigo de la situación de nerviosismo que se vivió en su casa aquel 11 de septiembre de 1984 cuando se produjo la llamada telefónica que confirmó que el entonces gobernador civil de la provincia de Santa Cruz de Tenerife y exalcalde del Puerto de la Cruz, Francisco Afonso Carrillo (PSOE), – Paco, para los amigos- había perdido la vida en el trágico incendio que asoló el monte de La Gomera.
A solo dos días de conmemorarse los 35 años de ese fatídico suceso, DIARIO DE AVISOS dialogó de lo ocurrido con su único hijo y uno de sus íntimos amigos, colaborador, compañero de partido y de corporación, el también exalcalde portuense Salvador García.

Debido a su edad, al pequeño lo llevaron a vivir con los suegros de uno de sus tíos en la zona de El Botánico. “Para un niño es un golpe duro, que no vinculas a las responsabilidades públicas sino que lo vives desde el punto de vista personal, de lo que supone perder a un padre”, comenta. Sus recuerdos están divididos, por una parte, los que él mismo guarda en su memoria y por otro, los que le transmiten sus familiares, amigos, vecinos, e incluso mucha gente de la calle que lo conoció, porque como reza la placa de su busto en la plaza Concejil, Paco Afonso era ‘amigo del pueblo’.

“Mi padre era muy cercano, cariñoso, siempre dispuesto a jugar conmigo, sobre todo a la pelota”, que era algo que les apasionaba a los dos.

Salvador García da fe de que las primeras patadas al balón de Aarón fueron con Paco en las instalaciones de Cima Club, un local social que estaba ubicado en Las Adelfas, donde además, tenían la ventaja de contar con una piscina al lado de la cancha, “así que terminábamos de jugar al fútbol sala y nos dábamos un baño”, relata.

Aarón Afonso y Salvador García en la Universidad Popular que lleva el nombre del exgobernador civil. S. Méndez
Aarón Afonso y Salvador García en la Universidad Popular que lleva el nombre del exgobernador civil. S. Méndez

Salvador también lo define como “una persona entrañable, amiga de sus amigos, con un gran corazón y una cabeza muy bien amueblada para liderar la gestión de las administraciones de las que estuvo al frente”, sobre todo del Ayuntamiento del Puerto de la Cruz, en una época que no fue precisamente fácil, pero en la que todo lo que se hizo estaba revestido con la ilusión con la que se afronta un nuevo ciclo político.

“Para los que empezaron a trajinar en la democracia incipiente, eso era casi un examen diario porque había que sacar recursos de donde no había y luchar con un ordenamiento jurídico-legal que estaba desfasado. Con mucho entusiasmo, tolerancia y flexibilidad técnico-política se alcanzaron unos niveles de gestión que luego se reflejaron en los resultados electorales”, comenta el que en ese momento era el primer teniente de alcalde y portavoz del Gobierno municipal.

Paco Afonso ganó las elecciones como cabeza de lista del PSOE en 1979 con el 62% de los votos, una victoria que repitió cuatro años después, pero al poco tiempo renunció debido a que fue nombrado gobernador civil de la provincia.

Fueron amigos desde muy jóvenes. De hecho, Salvador dio el salto a la política porque Paco se lo pidió y “aceptó sin dobleces”. Era una persona “con una alegría muy contagiosa, participaba en bailes, se disfrazaba y compartía con el mismo entusiasmo un gol en El Peñón como la intervención en el célebre mitin de Felipe González en la Plaza de Toros de Santa Cruz, donde tuvo una demostración de júbilo popular que ya avecinaba lo que se venía”.

Un gran fisonomista

Una de sus grandes cualidades es que era un gran fisonomista. “Te veía una vez y ya se acordaba de ti y te saludaba y eso le hacía ganarse un lugar en el corazón de la gente”, recalca.
Como político, tenía una predisposición a resolver problemas de terceros muy elevada, lo que se acentuó en los primeros cuatro años como alcalde. “Desde la inexperiencia y la falta de madurez política de entonces, resultaba muchas veces increíble que las soluciones, que prácticamente se improvisaban, salieran bien”, precisa.

En 1983 se incorporó con él a la candidatura del PSOE. Hasta ese momento trabajaba como redactor en DIARIO DE AVISOS. Esa mañana había sido la última vez que había hablado con el gobernador civil, que estaba en La Gomera, donde el incendio había comenzado el día antes.

Salvador recalca que su amigo “no concebía un acto de servicio público que fuera de su responsabilidad en el que él no estuviera”, por lo tanto, se trasladó a la Isla Colombina. Garajonay ya era un parque nacional y la presencia del gobierno allí estaba más que justificada.

Lo llamó a las seis de la mañana para que le enviara un camión de la Mancomunidad del Valle de La Orotava porque se estaba quemando El Cedro. La misma orden le dio Salvador a Jesús, el brigada del parque, con el añadido de que embarcara a las 08.00 horas en el ferry.

Busto del exalcalde portuense en la plaza Concejil, actualmente retirado por las obras en la calle San Juan. DA
Busto del exalcalde portuense en la plaza Concejil, actualmente retirado por las obras en la calle San Juan. DA

Horas más tarde, ya en el Ayuntamiento, recibió las primeras noticias “que apuntaban mal”, que luego se confirmaron, y que tuvo que trasladarle al entonces alcalde, Félix Real. Fue el director de este periódico, Carmelo Rivero, quien le corroboró que entre las 20 víctimas estaban el gobernador, su secretario particular y su conductor.

A partir de ese momento, se produjo una avalancha mediática “incontenible” en varios sentidos, los periodistas, que querían datos sobre la persona de Paco; la gente, que llegaba al Ayuntamiento para saber si la noticia del fallecimiento era cierta, y la Corporación que junto a la familia, también demandaba información por otros cauces.

“Fue una noche muy larga, en la que reinó la angustia y la incredulidad, porque costó mucho aceptar lo que había pasado”, rememora el exmandatario del PSOE, a quien le tocó organizar todo el traslado hasta Los Cristianos de madrugada, porque el féretro se llevaba primero a Santa Cruz y luego al Puerto. Él y sus compañeros permanecieron en el Ayuntamiento “hasta las tantas”, atendiendo innumerables llamadas telefónicas, buscando fotos que se llevaban personalmente a la capital, y “conteniendo a paisanos que no se lo creían”.

A Salvador se lo relató un bombero: “Un golpe de mala suerte, una inversión térmica”, que en décimas de segundos apagó 20 vidas y dejó un inmenso dolor.

Salvador tiene marcadas algunas escenas de ese momento, como el “llanto inconsolable” del expresidente del Gobierno de Canarias Jerónimo Saavedra y el parlamentario Augusto Brito en la sede del Gobierno. Pero quedaba el trance más amargo, la llegada al Puerto de la Cruz, donde la comitiva arribó pasado el mediodía. Allí esperaban miles de personas. A la capilla ardiente que se instaló en el salón de plenos del Ayuntamiento, acudieron el vicepresidente de España Alfonso Guerra y el general Juan Antonio Sáenz de Santamaría.

Desde entonces, en una sencilla tumba en el cementerio portuense, no faltan nunca las flores y los recuerdos llevados por familiares, amigos y muchos vecinos que simbolizan el afecto y esa expresión de amistad que muchos le trasladan a Aarón cuando lo ven: “Yo era amigo de tu padre”.

En el Puerto de la Cruz no hay rincón en el que no se le recuerde. Su busto en la plaza Concejil -ahora retirado por las obras en la calle San Juan- se suma a la avenida y la universidad popular que llevan su nombre, y los premios a la cultura, la solidaridad y la promoción y difusión de la sociedad, que entrega cada año el PSOE, y que ahora cumplen su sexta edición. Pero también en otros municipios, como el CEIP de San Juan de la Rambla o calles en La Laguna y La Orotava, que llevan su impronta.

Confesión

“Con el paso de los años, el dolor que supuso el fallecimiento de mi padre se fue convirtiendo en orgullo”, confiesa Aarón, “por todo lo que luchó, lo que supuso para el municipio, lo relevante que fue su figura y la proyección que empezó a tener no solo en el ámbito municipal , sino también provincial”.
Eso le dio fuerzas a Aarón para volver a La Gomera a finales de 2015, antes de hacerlo en visita oficial como consejero de Presidencia del Gobierno de Canarias. Después del fallecimiento de Paco Afonso, se había comprometido con su madre a que irían juntos y así lo hicieron. “Fue muy duro”, admite. Igual que lo era su padre, es un hombre de palabra. Y la cumplió.

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