política

Ciudadanos acelera su galopante proceso de desintegración

Continúa el goteo de bajas destacadas con la marcha del eurodiputado Javier Nart, mientras en Canarias se confirman las expulsiones de los dirigentes que ayudaron a desalojar a CC tras décadas de poder
Vidina Espino y Melisa Rodríguez flanquean al líder nacional de Ciudadanos, Albert Rivera, durante un acto electoral en Canarias. DA
Vidina Espino y Melisa Rodríguez flanquean al líder nacional de Ciudadanos, Albert Rivera, durante un acto electoral en Canarias. DA
Vidina Espino y Melisa Rodríguez flanquean al líder nacional de Ciudadanos, Albert Rivera, durante un acto electoral en Canarias. DA

Ciudadanos sigue desangrándose en un proceso lento pero contumaz. Ayer le tocó el turno al eurodiputado Javier Nart, representante del sector moderado, que anunció su baja del partido. Aunque mantendrá su escaño dentro de la delegación de Cs en el Parlamento Euuropeo y del Grupo Liberal, su movimiento supone un jirón más en la corriente progresista del partido, que se apaga poco a poco asfixiada por el giro conservador que Albert Rivera decidió darle a Cs después de la moción de censura de Sánchez, Descolocado por el súbito movimiento de los socialistas, inició un viaje a la derecha que le dio buenos resultados en las últimas elecciones, con una subida de 25 escaños, pero que no le auguran nada bueno si volvemos a las urnas en el mes de noviembre, según refleja la reciente encuesta de EL ESPAÑOL-DIARIO DE AVISOS, que pronostica una caída de 19 escaños. Antes que Nart fueron Toni Roldán, discípulo de Luis Garicano, y Francisco de La Torre, que se dio de baja en julio y justo ayer renunciaba a su acta en el Congreso. Y sobre todo, Francesc de Carreras, intelectual catalán y fundador de un partido de alma progresista y antinacionalista que fue capaz de encantar a numeros exvotantes socialistas, particularmente en Cataluña, y que ahora palidece en brazos del PP, rozándole la mano con disimulo a la ultraderecha de VOX. Queda por ver qué hará el magro sector progresista que aún les queda, encabezado por Garicano, que probablemente nunca pensó en su despacho de la London School of Economics que la revolución naranja acabaría así.

En Canarias, la situación pinta igual de mal. A pesar del contundente mensaje de regeneración política que exhibía Vidina Espino durante sus debates con Clavijo durante la campaña electoral, criticando duramente las prácticas clientelares de Coalición Canaria, han acabado siendo la última estaca de un poder hegemónico de más de 25 años en el conjunto del archipiélago -y más de 40 en algunas instituciones de las islas-, mientras el resto de los partidos, incluido un sector importante del PP, optaba por abrir las ventanas a una nueva época. Plegadas al furibundo antisocialismo de Rivera y con amistades inconfesables en círculos de CC, Espino y su aliada Teresa Berástegui han contribuido a la crisis de Cs, bajo un centralismo que no entiende Canarias ni las corrientes de fondo que pedían un cambio político.

Desde Madrid han elegido que Cs sea comparsa de CC y han expulsado definitivamente a sus cargos en Santa Cruz de Tenerife, Puerto del Rosario y Cabildo de Tenerife. Estaban en un lugar perfecto para regenerar Canarias y demostrar en qué consiste eso de ejercer el poder de otra manera. Y han decidio regalar una oprtunidad de oro .

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