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‘Cuarto Milenio’ rescata este domingo de la crónica negra canaria el crimen de las hermanas Cruz

Desde su primera temporada, el programa que timonea Iker Jiménez en Cuatro TV presta especial atención a los misterios del Archipiélago; el de hoy sucedió en 1919
Aunque en estado ruinoso, la casa continúa sobresaliendo en el paisaje de Teseguite. J. G. G.

Desde su primera temporada Cuarto Milenio, el veterano programa que timonea Iker Jiménez en Cuatro TV desde el mismo nacimiento del canal, ha prestado especial atención a los misterios canarios, convirtiéndose nuestro Archipiélago en un extraordinario proveedor de temas que siempre han cautivado a la audiencia, de acuerdo con el incuestionable dictamen arrojado en forma de share durante sus emisiones.

Desde cuestiones arqueológicas, como las momias guanches o yacimientos arqueoastronómicos, a enigmas históricos como los del Alma de Tacande, la Luz de Mafasca, la Virgen de Candelaria, los Filiicrhisti de Agulo o Los Gigantes de Gáldar, pasando por clásicos inquietantes como las presuntas apariciones espectrales del Museo de Historia de Tenerife, la Casa del Niño de Gran Canaria o los enigmas güímareros del barranco de Badajoz o los fantasmas del hotel La Raya.

La crónica negra canaria también ha tenido su cuota de pantalla en estos años, con reportajes sobre las tragedias del Valbanera o el accidente de los jumbos en Los Rodeos en marzo 1977, las matanzas de animales acontecidas en Taco en el año 1979, o los crímenes históricos tocados por las creencias irracionales acontecidos en las Islas, como el mítico de las espiritistas de Telde de abril de 1930 o el baño de sangre de la familia Alexander acontecido en diciembre de 1970. Hoy domingo, 29 de septiembre, la nómina de temas canarios milenarios se enriquece con otra incursión en la faceta más oscura del ser humano, viajando a Lanzarote para recuperar la historia del crimen de Teseguite, que en mayo pasado cumplió cien años.

100 AÑOS DE UNA DOBLE INJUSTICIA

Estos viejos muros fueron testigos de una doble tragedia y una gran injusticia. J. G. G.

La tragedia que en esta ocasión ha reportajeado para Cuarto Milenio el periodista experto en sucesos y criminología Francisco Pérez Caballero, con nuestra propia participación y varios colegas y expertos, nos conduce al Teguise del año 1919, y en concreto a la tarde noche del 8 de mayo, cuando María del Rosario Cruz Bello era brutalmente degollada por tres vecinos que, ebrios de alcohol e impunidad por sus relaciones con los poderosos, le segaron la vida para robarle.

Mientras su cuerpo aún caliente borboteaba sangre al pie de la ventana por la que, instantes antes, se había asomado, el trío tuvo la frialdad de sentarse a la mesa de la víctima y dar cuenta de la comida que María acababa de preparar. Luis Hernández, Tomás Valiente Morales y Marcos Concepción Pérez, los verdugos, marcharon para proseguir con su particular juerga, respondiendo tímida y parcialmente de su crimen mucho tiempo después.

Y es que durante los meses que maduraron en años, las maniobras del poder y el silencio temeroso y cómplice no señaló a los verdaderos culpables, protegidos por los “señores” del lugar, a los que prestaban sus servicios como eficiente brazo armado e intimidador, haciendo cargar con la culpa a la hermana de la asesinada, Petra.

Aquella nueva víctima reunía tres requisitos que la convertían en chivo expiatorio ideal: mujer divorciada, alfabetizada y con una indomable voluntad de no ocultar su desaprobación ante los abusos del poder. Poco importaba que la relación con su hermana María fuese buena o que físicamente resultaba imposible que la doblegase. La injusticia le clavó su afinada vista mientras su desequilibrada balanza la señaló como culpable, enviándola primero a prisión y luego a un manicomio atendido por monjas, donde murió sin conocer al hijo que tiempo atrás había parido como fruto de las violaciones reiteradas que padeció durante su cautiverio. Vejada y torturada, Petra tuvo que llorar a su hermana y pagar injustamente por un crimen que no cometió, lo que sin duda la condujo a la locura.

EN EL ESCENARIO DEL CRIMEN

Entre las derruidas paredes del caserón se identifican aún algunas de las marcas de la ventera. J. G. G.

El pasado verano y con ocasión del interés mostrado por el programa Cuarto Milenio en ocuparse de este centenario crimen, viajamos junto a Pérez Caballero al escenario de aquel triste episodio, un inmueble que, aunque en estado ruinoso, continúa sobresaliendo en el paisaje de Teseguite. Lejos de lo poético, en aquel bello y a la par solitario paisaje, la silueta de la casa en la que María vivía y regentaba su negocio de víveres se recorta contra el cielo como testigo mudo del crimen que presenció

El programa de Iker Jiménez reconstruirá hoy los hechos junto al cronista y a la archivera de la Villa de Teguise, Francisco Hernández y María Dolores Rodríguez, respectivamente, contado además con las aportaciones de la periodista Concha de Ganzo y de Francisco Cabrera, policía jubilado y nieto del alcalde pedáneo de aquellos años. Curiosamente, en principio se intentó incriminar al citado alcalde, aunque sin éxito.

Entre los derruidos muros del caserón se identifican aún algunas de las marcas que, quien sabe, pudo dejar la propia María en sus tareas como ventera, junto a señales recientes del tránsito de los curiosos y vestigios diversos que permiten delimitar con precisión las diversas dependencias y recursos con los que llegó a contar aquella casa.

A la recreación novelada de los hechos realizada por De Ganzo bajo el título El Crimen de las Hermanas Cruz y un capítulo en el reciente Canarias 5 Minutos de Misterio, de José Gregorio González, se ha sumado hace poco más de un mes la documentada crónica El caso de las hermanas María y Petra Cruz, editada por el Cabildo de Lanzarote y obra del veterano periodista Antonio Betancor Rodríguez, rostro popular por haber presentado el mítico Tenderete.

Un siglo después los acontecimientos parecen conjurarse para visibilizar la injusticia de una época y la inocencia de una mujer.

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