SOCIEDAD

Zanata, la piedra maldita

En una vitrina del Museo de Naturaleza y Arqueología yace olvidada la bautizada como piedra de Rosetta canaria, un ‘descubrimiento’ que desencadenó polémicas, enfrentamientos, renuncias y hasta un fallecimiento

No es más que otra pieza de museo que apenas abulta un palmo de largo y que llama menos la atención que cualquiera de las vasijas encontradas en los yacimientos de antiguos asentamientos guanches. En una enorme vitrina, bien protegida, eso sí, y adornada por un cartel de pequeñas dimensiones con tres detalles: Piedra Zanata, Inscripciones Alfabetiformes, El Tanque.

Está situada en la primera planta del Museo de Naturaleza y Arqueología (MUNA) de Santa Cruz de Tenerife, a vuelta de la escalera y al principio del espacio destinado a la Arqueología de Tenerife. Allí, casi desterrada de la atención que se le prestara hace unas décadas cuando se anunció su descubrimiento y, con él, se abrió el cielo para unas cuantas teorías de orígenes ancestrales. Así está hoy en día la Piedra Zanata, estrangulada por una pieza metálica que la sostiene dentro de su armadura transparente.

Con mucha pena y muy poca gloria, ignorada por el público que acude allí a buscar, preferentemente, a las momias guanches y también por los que en su día alzaron el telón que guardaba el secreto del objeto que aparentemente demostraba que las Islas Canarias tuvieron unos habitantes iniciales de origen norteafricano. Guarda tantas dudas como verdades, pero ¿cómo desvelarlas cuando el elemento está al mismo tiempo mudo y maldito?

En 1992, año olímpico de inolvidable recuerdo para la sociedad y el deporte español, cuenta la leyenda que se encontró este artefacto en los alrededores de la Montaña de las Flores, en el municipio de El Tanque. De inmediato, un impulso mecánico creyó posible convertir el hallazgo en un antes y un después, con mayúsculas.

La piedra contaba con unas inscripciones derivadas del lenguaje bereber y esto vendría a poner un cuño sobre la teoría del origen de los primeros pobladores canarios y, de paso, de los antecedentes del pueblo guanche. ¡La piedra de Rosetta del pueblo guanche había sido descubierta! Detrás quedaban muchos años de investigaciones, por delante había una multitud de misterios por resolver que pronto fueron convirtiéndose en asuntos que alimentaron toda una mitología sobre la legitimidad de la historia secreta de la Piedra Zanata.

Al frente de los defensores del hallazgo y de su veracidad se situó Rafael González Antón, director del Museo de Arqueología, el lugar donde fue a parar el apreciado objeto después de una presentación sin precedentes. Antón enarboló la bandera de Zanata, asumió la capitanía y por ello fue el centro de las críticas de algunas asociaciones locales y colegas con los que en tiempos anteriores compartió algo más que mesa y mantel.

La Asociación Tinerfeña de Amigos de la Naturaleza (ATAN) se posicionó en el bando que dejaba en entredicho el descubrimiento del eslabón canario-bereber. La primera de sus objeciones iba lanzada con veneno en la punta porque defendía que la Piedra Zanata no había sido encontrada en ningún yacimiento y su hallazgo fue producto de un domingo cualquiera en el que unos cazadores se la tropezaron cerca de la Montaña del Agua. Esos ocho kilómetros de distancia entre la Montaña del Agua y la de las Flores vinieron a sembrar la primera de las polémicas, una distancia que, a pie, se recorría en poco más de hora y media. Las primeras pistas hablaban de un conductor de Medio Ambiente y de un electricista como autores del hallazgo de la piedra. Luego se sucedieron las demás preguntas, algunas con respuesta y otras que quedaron en el aire de la misma forma que el misterio de aquella pequeña roca.

La Piedra Zanata, un elemento que debería haber servido para unir, acabó siendo un motivo de división, de disputa, de discusiones y juicios paralelos. Rafael González Antón, un prestigioso arqueólogo e impulsor del actual Museo de Naturaleza y Arqueología, abandonó su cargo al frente del centro. Defendió públicamente y a ultranza la Piedra Zanata, pero solo los más allegados saben el porqué de su renuncia y de su posterior silencio, que dura hasta hoy.

Rafael Muñoz fue el hombre que se atrevió a analizar con más profundidad aquel descubrimiento. Catedrático en Estudios Árabes e Islámicos por la Universidad de La Laguna, Muñoz era una autoridad en la materia.
El estudio concluyó que la inscripción que recogía la piedra representaba unos caracteres que vendrían a significar las letras Z N T. Por ello, ese grabado demostraría que los primeros pobladores de Canarias procedían del Norte de África y escribían en Tifinag con un alfabeto formado por unos 20 signos. “Por primera vez contamos con una prueba fehaciente del origen bereber de los guanches”, dijo Rafael González Antón en la solemne presentación del hallazgo, donde añadió su célebre declaración: “Ya tenemos el carné de identidad de los guanches”.

Rafael Muñoz le dio la veracidad al descubrimiento confirmando que lo que se representaba en la piedra eran esas tres consonantes que, juntas, significaban Zanata y que los zanatas eran una tribu norteafricana que se rebeló contra los romanos y acabó siendo desterrada, recalando en las Islas Canarias. Eran los conocidos como los lenguas cortadas.

Miembros de la sociedad y la política canaria celebraron la llegada de la Piedra Zanata a la vida de los canarios. “Es la confirmación de una probabilidad; estamos ante la piedra de Rosetta de los orígenes del Archipiélago”, no dudó en afirmar el escritor Juan Manuel García Ramos.

El presidente del Gobierno de Canarias por aquel entonces, Jerónimo Saavedra, calificó el hito como “un hecho cultural de primera magnitud que contribuye a clarificar las raíces étnicas de nuestros ancestros”.

Desde aquel día de mediados de septiembre de 1992 hasta ahora se ha escrito mucho sobre la Piedra Zanata, pero también se ha investigado y cuestionado. Rafael Muñoz sí llevaba razón, con total seguridad, en el título del prólogo de su estudio: “Zanata, una piedra polémica”. Más que polémica, para él resultó maldita. Muñoz enfermó poco más tarde y falleció no sin haber soportado un calvario al final de su carrera científica. Entre sus detractores, la filóloga y arqueóloga alemana Renata Springer Bunk, experta en escritura bereber y su patrimonio en Canarias, sostenía que la Piedra Zanata no era más que una falsificación “con dos signos que no eran bereberes y se había hecho una ligadura que era imposible, como si en castellano se pone el palo de la ñ, sobre la m”.

Entre tanta polémica generada por la Piedra Zanata, esa roca a la que se culpabilizaba sin poder defenderse, también hubo quien después optó por mantenerse absolutamente al margen… a su manera. “Me hice la solemne promesa de no volver a tratar sobre este asunto y nunca la he roto”, decía Antonio Tejera Gaspar, profesor de Historia Antigua de la Universidad de La Laguna.

En estos días la Piedra Zanata ha vuelto a la actualidad. “Puede ser una gran mentira o una gran verdad”, decía en una entrevista reciente en DIARIO DE AVISOS Maravillas Aguiar Aguilar, catedrática de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de La Laguna y directora del Instituto de Estudios Canarios.

Aguiar Aguilar defendía , en una entrevista realizada por Andrés Chaves, que hay “ciertas señales de que la Piedra Zanata es auténtica y de que contiene símbolos reveladores. Para comprender el hallazgo es preciso ir al libro de uno de mis maestros, el profesor Rafael Muñoz. Existen teorías para todos los gustos. Zanata no es una palabra árabe, es bereber. Si su origen está en el pueblo guanche puede ser el eslabón perdido de nuestra procedencia bereber”.

El mismo periodista habló hace unos días con Francisco García-Talavera Casañas, geólogo y paleontólogo por la Universidad Complutense y doctor en Zoología por la Universidad de La Laguna. “No es un tema que me apasione”, contestaba García-Talavera, que reconocía que la Piedra Zanata “se politizó, en su día, sin necesidad”, mientras que admitía su satisfacción por conocer que habrá expertos norteamericanos analizando la veracidad de la roca con métodos modernos, “pero no creo que sea nuestro carné de identidad”.

Quizá sean esos expertos llegados desde los Estados Unidos con termografía infrarroja los que puedan demostrar la realidad sobre la Piedra Zanata, la piedra maldita.