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Dos negocios santacruceros son víctimas de una elaborada estafa en la que es muy sencillo caer

Los delincuentes, que también lo intentaron con un tercer establecimiento (todos ellos en el barrio Salamanca), disfrazaron su engaño con datos reales de las empresas y sus dueños
Detalle de una apacible calle del Barrio de Salamanca, donde se ha detectado la actividad criminal de estos embaucadores. DA

Al menos dos negocios que abren sus puertas en el santacrucero barrio de Salamanca han sufrido sendas estafas durante los últimos días, mientras que en un tercero lo intentaron sin éxito. Aunque ahora son los investigadores de la Policía Nacional quienes trabajan en el esclarecimiento de estos hechos y la consiguiente puesta a disposición de los responsables de los mismos ante la autoridad judicial pertinente, todo apunta a que se trata de los mismos estafadores en todos los casos, dado que el modus operandi es muy similar en los tres. Un dato muy importante que deben conocer futuros objetivos de estos delincuentes: para sustentar su engaño, estos amigos de lo ajeno se esmeran por enterarse previamente de referencias confidenciales de la empresa en cuestión y/o de sus propietarios.

El caso mejor documentado por DIARIO DE AVISOS es el acaecido en la Pastelería Soto, todo un referente del sector y que goza del merecido prestigio que otorga llevar más de medio siglo endulzando la vida a los santacruceros. Fue el pasado lunes cuando sonó el teléfono fijo de dicha pastelería, sin duda a sabiendas de que justo en esa jornada descansaba Guillermo Soto, el actual responsable de la misma, así como que este le había dejado a la trabajadora que se quedó al mando unas cantidades de dinero para que pudiera hacer frente a determinados pagos a los proveedores.

Cuando la mujer contestó a dicha llamada, empezó a tejerse una telaraña de embustes a sus alrededor. El estafador en cuestión, quien se identificó como parte de una empresa a la que el dueño de la pastelería había comprado un sistema de vigilancia que debía entregarse esa misma tarde, le aseguró que no lograba dar con Guillermo, a quien, desde un primer momento, llamó por su nombre.

Poco a poco, el embaucador fue engatusando a su víctima. Primero le dijo que estaba todo pagado, sin duda para ir eliminando los naturales recelos iniciales, para posteriormente facilitando datos a la trabajadora, que, a priori, solo podía saber si era verdad lo que le estaba contando, como, por ejemplo, números identificativos de la propia empresa o de su dueño.

Mientras avanzaba la conversación, el estafador fue cambiando sutilmente el relato. Si al principio no lograba dar con el dueño, posteriormente simuló estar hablando con él a la vez que con la trabajadora. Si de entrada había que hacer esa misma tarde la entrega de cuatro cámaras de seguridad, tres carretes de fibra óptica y un monitor, luego, el repartidor sufrió un percance con su vehículo que obligaba a retrasar la misma a la noche o, incluso, a la mañana siguiente. Y si al principio estaba todo pagado, después solo se había abonado una parte y que faltaban 2.015 euros, cantidad que, en caso de no ser satisfecha ese mismo día, originaría un recargo y notables molestias al propietario de este negocio, según la estratagema del estafador.

Poco a poco, la trampa se fue cerrando sobre su víctima, quien tras dos horas de interminable gestión telefónica, ha sido convenientemente manipulada como para sucumbir a la celada que nos ocupa, hasta tal punto que, en el afán de la mujer por actuar diligentemente, no solo acudió a un locutorio cercano para enviar los 1.265 euros que le había dejado su jefe para los pagos previstos, sino que fue a un cajero y sacó de su cuenta particular otros 750 euros que también envió a través del locutorio y llegar así a la cantidad exigida.

En realidad, la trabajadora creía estar cumpliendo las instrucciones que el propietario le estaba trasmitiendo a través del responsable de la empresa de seguridad, cuando en realidad no es más que un estafador que, por cierto, no trabaja solo, dado que un cómplice se hizo pasar por el repartidor que debía entregar los aparatos del sistema de vigilancia en una llamada al móvil de la mujer, quien a su vez ,facilitó el número al estafador principal, mientras seguía enredada por su charla a través del fijo. Cuando, llegada la noche, Guillermo Soto se puso en contacto con la trabajadora, se descubrió la estafa, pero los 2.015 euros ya habían cambiado de manos.

Los otros casos

En cuanto al segundo negocio que ha sufrido una estafa muy similar durante los últimos tiempos, solo ha trascendido que se trata de una empresa relacionada con la decoración y, que también, se ubica en este barrio. La Policía Nacional sospecha que se trata de los mismos delincuentes, y, en este segundo caso, lo estafado supera los 4.000 euros.

En cuanto a la tentativa, en esa ocasión los estafadores tocaron en hueso, porque ese día se toparon con el dueño en el local, quien detalló a este periódico que alguien llamó al teléfono fijo de su negocio identificándose como portavoz de una compañía eléctrica y que pretendía, como en los otros casos, que se les remitiese de urgencia determinada cantidad de dinero. Aunque en esta ocasión primó la prudencia, esta persona mostró su asombro ante este periódico porque el estafador estaba en conocimiento de datos tan exactos como las cantidades abonadas en otros recibos sin equivocarse en un céntimo.

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