la casa blanca

La furia de Trump, un presidente acorralado

El mandatario advierte de una posible guerra civil si es destituido

Dicen que no hay nada más peligroso que un animal acorralado, y la última corriente de mensajes en Twitter del Presidente Trump, pone de manifiesto la agitación del mandatario ante la creciente ola de acusaciones de haber solicitado ayuda internacional para aniquilar a quien se interponga en su camino.

Primero Rusia, luego Ucrania, ahora Australia… demasiados frentes se están abriendo ante un Presidente que recurre a las redes sociales para airear su ira.

No solo ha sugerido Trump que la persona que hizo la denuncia o “whistleblower” es un espía y debe atenerse a las consecuencias, sino que, además, ha atacado al presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, insistiendo al más puro estilo dictador, que debe ser arrestado por nada más y nada menos que fraude y traición.

El presidente cada vez está más desesperado, y en esa batalla que lucha contra los medios y la opinión pública, Rudy Giuliani, su abogado personal, no deja de echar leña al fuego con comentarios absurdos y contradictorios en programas de televisión, que lejos de ayudar a su cliente, suman más confusión a un drama que cada vez tiene peor pinta para el magnate.

La intensidad de los ataques en Twitter del presidente se ha disparado y en una maniobra que puede resultar muy peligrosa, Trump se hizo eco de un mensaje publicado por un pastor evangélico conocido por sus posturas radicales. El Reverendo Robert Jeffress, de la mega iglesia First Baptist Dallas, comentó que si los demócratas tenían éxito en la destitución del presidente, esto causaría una fractura en la nación de dimensiones proporcionales a una guerra civil de la que el país jamás se iba a recuperar.

El presidente Trump ni corto ni perezoso, y sin medir las consecuencias de sus actos, como ya nos tiene acostumbrado, ha diseminado este mensaje en las redes, causando rechazo entre más de uno de su propio partido. Según la Prensa Asociada, el Representante republicano por Illinois, en un distrito ganado por Trump en 2016, y expiloto de las Fuerzas Armadas, tuiteó alarmado como respuesta que “he visitado naciones destrozadas por una guerra civil… Nunca me imaginé un comentario como este repetido por un Presidente. Es mucho más que repugnante”.

Los discursos cargados de significado catastrófico, como el del Reverendo Jeffress, colaborador habitual del canal de televisión conservador Fox, a menudo fluye fácilmente desde púlpitos de predicadores y plataformas políticas. Sin embargo, esta advertencia de una inminente guerra civil adquiere un tono sombrío y diferente cuando llega de la mano del presidente en Twitter, no solo por su posición, sino porque tiene por costumbre elevar sus críticas más radicales con incitación específica a la violencia. Es un presidente cuyas palabras y acciones han ayudado a inspirar actos de terrorismo doméstico, como el tiroteo masivo en El Paso en el que 22 personas fueron asesinadas recientemente. En un ambiente polarizado, en el que la gente ha demostrado su disposición a convertir sus palabras en “guerra”, el gesto del Trump es increíblemente irresponsable y preocupante.

Muchos se cuestionan si el tuit de Trump supone un guiño a los grupos violentos que promueven la supremacía blanca o si simplemente está siendo imprudente sin prestar atención a las consecuencias, dejándose llevar por su estado de ánimo. Lo peor del caso es que el resultado de este debate no cambia la situación, ya que cuando el presidente invoca la violencia, trayendo a la mesa la insinuación de una guerra civil, está alentando a partidarios de un conflicto ya preparados para reaccionar a lo que reciben como una señal de apocalipsis inminente.

En el e mundillo de la supremacía blanca donde una guerra civil es una guerra racial, las palabras del presidente tienen una resonancia particular. Los activistas de esta tendencia se han amparado durante mucho tiempo en una forma de nacionalismo violento que podría definirse como racismo violento, buscando constantemente un escape a profundos sentimientos de odio. La idea de la guerra racial como guerra civil no es un concepto nuevo, y tiene un largo historial de inspiración para actos de terrorismo doméstico como el atentado en Oklahoma de Timothy McVeigh, inspirado en una novela racista de 1978, y que continúa siendo uno de los textos favoritos entre las filas de la supremacía.

La simple idea de promover una guerra civil en un país que está tan dividido es sumamente arriesgada, pero en un momento en que el terrorismo de poder blanco se consolida como una amenaza interna visible y organizada, es aún más dañina.

Hasta ahora el presidente Trump nos ha ido insensibilizando a la gravedad del asunto con sus frecuentes llamadas a la violencia política en discursos, mítines de campaña y redes sociales. Ha animado a sus partidarios a golpear a manifestantes, lo que se vio reflejado en un ataque de uno de sus seguidores en un mitin a una persona que protestaba las políticas del presidente.

Otro ejemplo de su táctica lo vimos cuando habló ante oficiales de la policía en 2017 pidiéndoles que no fueran demasiado suaves con los criminales que arrestan. Todo esto en un país en el que la violencia policial es un problema constante.
Aunque estemos acostumbrados a las exhortaciones de Trump a la violencia es casi seguro que veremos un aumento en las próximas semanas a medida que avanza la investigación de juicio político. Acorralado en una esquina, su presidencia amenazada, Donald Trump hará lo que ha hecho en el pasado: duplicar los SOS a su base para que lo defiendan, poniéndose a sí mismo como víctima, y ataques cada vez más agresivos contra sus enemigos.

Entre estos ataques, como comentaba anteriormente, están destacando las denuncias de traición, lo cual no representa una declaración neutral al proceder del presidente de los Estados Unidos. Es alarmante de por sí, dada la seriedad de un cargo de este tipo. Según publicó el canal CNN, la semana pasada durante un acto privado, Trump insinuó que cualquiera que compartiera información con el denunciante era un espía traidor y aludía sombríamente a las consecuencias: “¿Sabes lo que solíamos hacer en los viejos tiempos cuando éramos inteligentes? Solíamos manejarlos un poco diferente de lo que lo hacemos ahora “. Es cierto, solían ejecutarlos.

Puede que el presidente Trump no esté pidiendo explícitamente el asesinato de sus enemigos políticos, pero ha dado un paso al frente. Llamar a la violencia política es motivo suficiente para destituir a Trump de su cargo, aunque es poco probable que aparezca en artículos de juicio político. De hecho, es por eso que la investigación es tan seria y la razón por la cual el Congreso estadounidense debe abordarla con verdadero enfoque y cuidado: a medida que aumenta el peligro para su presidencia, Trump aumenta su retórica lanzando cada vez más tuits con insultos y amenazas que lo hacen ver como un presidente que ha perdido los papeles, contribuyendo con su actitud a que Estados Unidos sea un país cada vez menos seguro cada día que Donald Trump permanece en su cargo.

La guerra de Trump contra sus acusadores y el sistema en general, no solo lo arrastra a él sino que derrumba a su paso la fe de los estadounidenses en las instituciones; compromete la separación de poderes al prevalecer la mano dura del Ejecutivo apoyado por sus aliados en el Judicial al tener al Fiscal General William Barr también implicado en las conversaciones con poderes extranjeros y actuando más como un abogado personal que el máximo fiscal de la nación; y tratando de acosar y destruir el poder Legislativo por medio de amenazas que conociendo al señor Trump, está más que dispuesto a hacer cumplir.

El primer ministro finlandés, durante una conferencia de prensa conjunta en la que Trump se centró más en defenderse de las acusaciones que lo están llevando al juicio político, llegó incluso a decir tras escuchar la gravedad de las insinuaciones de su homólogo estadounidense, “Sr. Trump tiene usted una gran democracia, manténgala.”

Por el bien de todos, esperemos que así sea.

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