DÍA MUNDIAL DEL NIÑO PREMATURO

Amor contra incertidumbre

Cada año nacen más de mil niños prematuros en Canarias; su día a día, y el de sus familias, no es nada sencillo

Alejandro y Davinia, durante la sesión fotográfica llevada a cabo en las Ramblas santacruceras. Fran Pallero

Alejandro no para de sonreír y se marcha inquieto tras cada paloma que encuentra en las Ramblas de Santa Cruz. Davinia, su madre, lo observa a pocos metros. El amor se siente en el ambiente. También la necesidad, y las ganas, de lucha, porque este pequeño de solo tres años es uno de los más de mil niños que nacen cada año en Canarias de manera prematura. Hoy, en el Día Mundial del Niño Prematuro, es bueno conocer su historia, la de su tesón diario, el mismo que el de sus familias, y la de la risa que dibujan sus labios, que es la de otros tantos pequeños.

En España hay 29.000 partos prematuros al año, con un porcentaje de supervivencia del 95% si nacen después de 28 semanas y del 65% si lo hacen por debajo de ese umbral. Los porcentajes son altos, pero somos la región del Estado con mayor nacimiento de prematuros, algo debido a la maternidad tardía y los nuevos hábitos de vida. “En las Islas hace falta atención temprana”, dice Davinia, que señala que, al su hijo ser un gran prematuro y nacer en la Residencia, tiene cubierta esa atención temprana que comprende “terapia ocupacional, fisioterapia y logopeda” algo que pide que se extienda: “Es, hoy por hoy, uno de los pocos niños afortunados en Canarias que tiene este servicio. Los padres tienen que costear todo ello, del mismo modo que yo pago, aparte, la fisioterapia respiratoria, que también necesita, al igual que la motora”.

Porque los precios varían, pero unos padres pueden afrontar gastos que van desde los 500 a los 800 euros, algo que, obviamente, no todo el mundo puede costear.

Alejandro y Davinia, durante la sesión fotográfica llevada a cabo en las Ramblas santacruceras. Fran Pallero

Pulpitos solidarios

La Asociación de Padres y Madres de Prematuros de Tenerife (Apremate) y Noupops Tenerife son dos de las asociaciones que trabajan activamente con los niños y niñas prematuros de nuestra Isla. El origen de la segunda no deja de ser muy curioso para los neófitos en el tema. Casi por casualidad, hace algunos años, un padre decidió llevar un pulpo de ganchillo para su hijo prematuro. El tacto de este con los tentáculos le recordaba al cordón umbilical, quedando demostrado que es algo que les tranquiliza y les ayuda a mejorar su respiración y su tasa de oxígeno en sangre. Son repartidos en la Residencia de manera gratuita.

“La asociación es importante porque te sientes acompañada y apoyada”, dice Davinia, porque la incertidumbre, una vez comienza el desarrollo del niño o de la niña puede llegar a ser importante: “Es un shock tremendo cuando se te presenta un parto con 25 semanas y no sepas si va a sobrevivir o no. Apremate tiene tres psicólogas voluntarias que trabajan tus emociones. Por ejemplo, a mi me ayudaba muchísimo casos de éxito de otros padres”.

Otro de sus grandes objetivos, además de ese decisivo apoyo, es el de dar a conocer qué es un prematuro y la necesidad de encontrar más apoyos: “Nadie lo sabe, tampoco ya hasta que me pasara, porque siempre creemos que son niños que nacen pequeñitos, que pasan por la incubadora y que luego salen y pueden hacer vida normal, cuando son pequeños con muchas enfermedades asociadas a todos los niveles, respiratorias, a nivel sensorial, neurológico o motor. Alejandro es un superviviente nato, pero tiene esos problemas asociados de la prematuridad”.

Los pulpitos solidarios, claves para estos niños. Fran Pallero

Como “válvula de escape” y tratando de ayudar lo más posible a otros padres -algo que se repite durante toda nuestra conversación porque el apoyo es absolutamente fundamental para estar familias-, Davinia decidió abrir su propia página web (www.lavidadeunprematuro.com) en la que, de una manera sencilla, directa y optimista, relata la realidad de su día a día: “Cuento todo tal cual fue en mi caso y mucha gente me dice que le gusta. Siempre lo quise hacer, pero no sabía cómo, hasta que me dije “pa’lante” y me puse a ello. Me escriben madres y padres y trato de ayudar”.

Mientras tanto, Alejandro, y muchos otros niños y niñas, sigue con su lucha cotidiana, la de ellos y cada una de sus admirables familias, sin perder nunca la sonrisa.