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Cayo Barrios: la incertidumbre de que expulsen a su mujer del país mientras le operan

Un palmero y una venezolana piden ayuda ante los “injustos” plazos para acreditar una relación de 40 años y obtener el permiso de residencia
Los cinco meses de espera para regularizar la situación de Nelly en España preocupan a su esposo, que en breve será operado de cáncer. SERGIO MÉNDEZ
Los cinco meses de espera para regularizar la situación de Nelly en España preocupan a su esposo, que en breve será operado de cáncer. SERGIO MÉNDEZ
Los cinco meses de espera para regularizar la situación de Nelly en España preocupan a su esposo, que en breve será operado de cáncer. SERGIO MÉNDEZ

Cayo Barrios, un palmero de 71 años, no puede evitar la efusividad y situarse al borde de las lágrimas cuando habla de su matrimonio con Nelly Noriega, una venezolana de 61. Su historia de amor es una de las tantas que dejó la emigración canaria al continente sudamericano en los años 50. El embarazo de su primera hija, residente en Tenerife, hizo que el palmero regresara hace un año a las Islas, mientras que la detección de un cáncer de próstata convirtió su visita en algo permanente. Su esposa, que padece dolores de cabeza crónicos, vino a las Islas hace unos meses para hacerle compañía durante su operación. Ahora, este matrimonio denuncia en DIARIO DE AVISOS la “injusticia” burocrática por la que están pasando: cinco meses de espera para obtener el permiso de residencia de Nelly, algo que en sus momentos más duros les crea una gran incertidumbre.

La vida de Cayo siempre estuvo muy ligada a la inmigración. Sus abuelos partieron a Cuba en 1950, mientras que sus padres lo hicieron hacia Venezuela en 1956, cuando él tenía 8 años. Allí ha transcurrido gran parte de su vida; en el Estado de Sucre terminó sus estudios y conoció a su esposa, con la que más tarde tendría una hija. Barrios se convirtió, con el tiempo, en un venezolano más, que incluso “había dejado de soñar con retornar a su Isla”, al menos hasta el año pasado, cuando su primogénita, fruto de su primera relación, dio a luz de gemelos en Tenerife. Una situación que requería que Cayo viniera, de forma temporal, a las Islas.

A este hombre acostumbrado a superar obstáculos, la vida le dio un nuevo sobresalto durante el último año: la detección de un cáncer de próstata. La enfermedad convirtió entonces su estancia en Canarias en algo permanente y su esposa, demasiado “apegada” a su familia venezolana como para imaginarse en las Islas, se vio obligada a venir dadas las circunstancias.

La salud de Nelly también se encuentra resentida. La venezolana sufre un dolor de cabeza crónico, además de parálisis y pérdida de la capacidad de habla. Sin poder acceder a la sanidad pública, su estancia en España causa un “gran temor” al matrimonio, que no sabe en qué momento “podría producirse una hospitalización”. En el problema de salud entra en juego la economía; “aquí los medicamentos y citas médicas por la sanidad privada son muy costosos y nuestros ingresos son casi nulos, comprometidos en la deuda venezolana”, explica Nelly.

Problemas burocráticos

El lugar de nacimiento cambia radicalmente la forma en la que Cayo y Nelly viven sus enfermedades. El palmero, que nació en la localidad santacrucera de Velhoco, será operado en breve de su cáncer por el sistema público sanitario. Nelly, que llegó hace unos meses a España, debe costearse las consultas que precisa con especialistas, además del pago íntegro de todos los medicamentos que calman su dolor.

La situación de la venezolana en la Isla genera en este matrimonio una “gran incertidumbre”. Nelly llegó con un permiso de permanencia de 3 meses que ya se le ha caducado. La renovación y su ampliación hasta los 5 años dependen de una cita con la Dirección de Extranjería de la provincia de Santa Cruz de Tenerife, fechada para el próximo 2 de marzo de 2020.

La espera de cinco meses no es lo único que se interpone entre Nelly y su acceso a la sanidad pública, sino también los requisitos impuestos: “un seguro económico equivalente a la seguridad social del país y los documentos acreditativos que confirmen que no se trata de un matrimonio de conveniencia”, cuenta Cayo, quien lamenta que son los plazos y la parte económica lo que más preocupa a la pareja.

“El camino que nos han marcado no me parece lógico”, critica el palmero, que asegura que tras plantear sus problemas en Extranjería les derivaron a un trabajador social: “me parece confuso que la única pauta que nos hayan dado es que acudamos a un trabajador social, porque no sé dónde encontrarlo y tampoco dispongo de medios económicos, es extraño que no sea la propia institución la que nos brinde ayuda”, expone.

La cantidad de documentos que se precisan para acreditar un matrimonio consolidado tampoco convence a Cayo, que encuentra “válidos” los requisitos para aquellas uniones “menores a los seis meses” porque “podrían ser de conveniencia”, pero que no entiende en el caso de Nelly y él; “un matrimonio de 40 años, sin ningunas ganas de separarnos y con una hija de 38 años”, sentencia.

Una vida feliz en Venezuela

Cayo se siente tan canario como venezolano. Él recuerda jugar de niño en la plaza de la ermita de Velhoco, en Santa Cruz de La Palma, y también sus años de escolarización en Venezuela, tras su llegada al país con 8 años. En el país sudamericano transcurre la mayor parte de su vida, salvo por un breve paréntesis durante sus años de instituto, en 1964, cuando la guerrilla era “fuerte” y “activa”, lo que le hizo volver a Canarias.

Los estudios en Economía los realizó entre las universidades de La Laguna, Zaragoza y la Politécnica de Lara. A su regreso a Venezuela tuvo dos hijas, se casó y viajó por diferentes Estados del país con motivo de su trabajo como profesor universitario. Son años felices y de estabilidad, su sueldo “era bueno” y la sanidad estaba garantizada para él y sus parientes.

Todo cambia en los últimos años. La crisis que ha venido sufriendo el país, que abarca “todos los niveles”, preocupaba a la primera hija de Cayo, que se marcha a Tenerife en busca de un lugar estable en el que dar a luz a sus gemelos. Tras ella, parten Cayo, y más tarde, Nelly, como una cadena de apoyo en tiempos en los que la salud escasea: “en Venezuela ya no está garantizada, ni siquiera para los docentes y sus familiares”.

El palmero de 71 años ha regresado a Canarias, esta vez para quedarse. Y pese a que la enfermedad y la vida hacen que su voz tiemble, no duda en pedir que se revise “el entramado legal” con el que se comprueban los matrimonios con extranjeros para no poner en una “situación ilógica” a quienes no lo merecen. “No me casé hace 40 años pensando en venir para acá, tampoco conocía cómo se iba a poner Venezuela”, sentencia.

Cayo Barrios y nelly Noriega se dieron el ‘sí quiero’ en Sucre en 1980. DA
Cayo Barrios y Nelly Noriega se dieron el ‘sí quiero’ en Sucre en 1980. DA

La historia de amor surgió de un “flechazo” a primera vista

Cayo acababa de aceptar su primer trabajo como economista en Venezuela cuando un compañero le invitó a conocer a la hermana de su novia. El “flechazo” que sintió por Nelly fue instantáneo y solo dos años más tarde, tuvieron a su hija. La enfermedad de Cayo y la situación del país sudamericano les ha obligado a continuar la historia de amor en las Islas.

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