Vilaflor

Descubren un ingenio azucarero del siglo XVI en Vilaflor de Chasna

Un equipo de arqueólogos, dirigidos por Sergio Pou, hallan los vestigios a mil metros de altitud instalados sobre 1520 para resguardar de los piratas el ‘oro blanco’

Los arqueólogos realizaron la primera y única campaña sobre el terreno en octubre / DA

El yacimiento de un ingenio azucarero del siglo XVI en Tenerife se ha encontrado a mil metros de altitud en el municipio de Vilaflor, un hallazgo del que presume el arqueólogo Sergio Pou, tras la primera campaña realizada en octubre y que bien documentado se asemeja a los hallados en Agaete y Guía, en Gran Canaria. Es la primera excavación arqueológica de un ingenio en Tenerife.

El arqueólogo Sergio Pou relata como se produjo el hallazgo: “Un amigo arqueólogo me llevó a este sitio, cerca de un pinar por encima de San Miguel de Abona. Allí hay una acumulación de fragmentos de cerámica, que no era aborigen ni tampoco la losa común de la cerámica histórica. Aparte de muchísima cerámica, habían unas ruinas de muros en forma de L bien gruesos que no sabíamos que hacían allí. Entonces, decidimos investigarlo a través de la cartografía y supimos que aquella zona se llamaba El Llano del Ingenio, al lado del Barranquillo del Ingenio y otro topónimo que es Hornitos del Ingenio y pensamos: ¡Esto tiene que ser un ingenio! y cómo va a ser un ingenio a mil metros de altura. Nos pusimos en contacto con Valentín Barroso, el arqueólogo que está excavando en Agaete y le preguntamos si los fragmentos de cerámica que encontramos en Vilaflor coincidían con los de Agaete y, efectivamente, así era. Se trata de las hormas o hornas, una especie de embudo que acaban en una boca estrecha por donde se vertía la melaza, que se dejaba secar y la azúcar se cuajaba. Ese pan de azúcar lo sacaban dándole un golpe seco y la cerámica se rompía. Vamos, que encontramos, lo que se denomina la casa de purgar, donde se hacía el refinado”.

Diagrama de cómo sería hace 500 años el ingenio encontrado en Vilaflor / DA

A partir de ese hallazgo, Sergio Pou y otros cuatro arqueólogos (David Prieto, Gema Pérez, Tomás Rodríguez y Enrique Fernández) le plantean al anterior director general de Patrimonio, Miguel Ángel Clavijo, una intervención arqueológica, y tras conseguir los permisos de los propietarios del terreno y 13.000 euros de subvención, la primera campaña se inicia en octubre.

“En esa campaña -dice Pou-,que duró un mes, encontraron la sala de purgar y un llano con la base de lo que podía ser un molino, y la parte inferior un horno de tejas”, comenta el arqueólogo, que no duda en calificar el yacimiento de “espectacular” y para el que espera lograr nueva financiación para realizar al menos dos campañas más “porque el lugar lo merece”.

Recuerda que cuando las Islas Canarias empezaron a descubrirse por parte de los portugueses, genoveses y castellanos, al igual que ocurrió en Madeira, lo primero que hicieron allí fue instalar ingenios de azúcar, porque era el “oro blanco” de aquella época, vendiéndose luego a Londres, Amberes, Roma, Barcelona, Valencia o Lisboa. Cuando acabó la conquista de Canarias, las mejores tierras del repartimiento fueron para azúcar, allí donde había agua continua y madera, sobre todo en las islas de Tenerife y Gran Canaria. Una azúcar que se vendía a muy alto precio en Europa, con grandes beneficios, hasta que, con el descubrimiento de América, comenzó a bajar el precio por la competencia, aunque siguieron los ingenios canarios hasta el siglo XVIII, como los de Adeje o Güímar, hoy desaparecidos.

Para Sergio Pou, la explicación de un ingenio de azúcar a mil metros de altitud tiene que ver con la piratería. “Veinte años después, terminada la conquista, la piratería hacía estragos en el Sur, menos resguardado que Santa Cruz, de ahí que se construyera la Casa Fuerte de Adeje”.

En 1520 aparece por el Sur un catalán apellidado Soler que empieza a codearse con la aristocracia canaria y mantiene contactos con un señor que se había llevado el heredamiento de Chasna, en recompensa por sus labores en la conquista. Soler se casó con la hija y la propiedad de las tierras de Chasna pasó a su poder, y viendo que Ponte, en Adeje, tenía un ingenio de azúcar, hizo lo mismo en Vilaflor, donde tenía agua y madera, y podía huir de la piratería, aunque llegó a hacer negocio con el pirata John Hawkins, de contrabando. Ese ingenio estuvo funcionando hasta 1570 o 1580. El hijo de Soler, para instalar el mayorazgo de Chasna, tiene que hacer un inventario y en ese inventario aparece el ingenio de azúcar, “la prueba de que estamos ante un ingenio del siglo XVI, el primero excavado en Tenerife”, afirma Pou.