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Baraja se estrena en el Tenerife con derrota y en puestos de descenso

g Los blanquiazules pierden 2-0 a domicilio frente a un mediocre Málaga, en su partido más triste de la temporada
Aitor intenta frenar el avance del malaguista Antoñín. LFP
Aitor intenta frenar el avance del malaguista Antoñín. LFP
Aitor intenta frenar el avance del malaguista Antoñín. LFP

Ni cambio de entrenador ni nada, la situación del CD Tenerife va a peor. Rubén Baraja se estrenó como técnico blanquiazul con una derrota en Málaga, entrando en puestos de descenso y ofreciendo una imagen paupérrima que mucho tendrá que cambiar para que el proyecto sobreviva.

Parecía que los tinerfeñistas habían tocado fondo… pero no era verdad. Sin fútbol, sin mordiente, sin identidad, el cuadro canario perdió con un rival que no mostró nada más que ambición en una Rosaleda que ha vivido tiempos mucho mejores.

Cambió poco Rubén Baraja en su primer once titular con el CD Tenerife. Metió a Alberto atrás, apostó por la continuidad de Javi Alonso y trató de devolverle protagonismo a Filip Malbasic. Lo demás, más de lo mismo, para intentar jugar con las ganas de sus futbolistas por agradar en el debut del técnico nuevo y con el posible nerviosismo de un Málaga en tantos apuros como el Tenerife.

No sufrió el cuadro blanquiazul en los primeros minutos, eso sí, no se pareció en nada al que había trabajado López Garai. El conjunto visitante entregó el balón desde el pitido inicial y dejó que fueran los andaluces los que tomaran eso que algunos llaman iniciativa. La tuvo el Málaga, pero no por buen juego, ni nada parecido. También tuvo las llegadas, aunque sin ningún peligro y con disparos lejanos de Pacheco, Adrián y Cifuentes.

Del Tenerife se sabía poco. Vistió de amarillo y negro y no tiró a portería en todo el primer tiempo, poco más. El choque era anodino, disuasorio para cualquiera que tuviera la idea de cambiarlo por la serie más mala de Netflix.

El Tenerife trataba de llegar apoyado en esa banda derecha donde Suso no estuvo, ni de lejos, a su mejor nivel y Luis Pérez llegaba para no encontrar productividad ninguna a su despliegue físico. Los locales también inclinaron el campo hacia su derecha… o hacia la izquierda del Tenerife, allí donde alinean a Robert Mazán.

Una y otra vez iba percutiendo por allí el colectivo boquerón, mientras el Tenerife no lo pasaba mal para mantener su portería a cero. Entonces llegó un saque de esquina desde ese lado y se produjo otro de esos errores groseros que tanto han castigado a los blanquiazules. Nadie acertó a despejar y nadie molestó a Sadiku, que controló un balón suelto y fusiló a Ortolá.

¿Y ahora? Pues hasta ese momento el Málaga había dominado con posesión abrumadora (61 a 39 por ciento) y con cuatro disparos a gol por ninguno de los visitantes. La clave estaba en no conceder y el Tenerife lo había hecho. Fue Malbasic, a los 43 minutos, el que disparó por primera vez a puerta.

En la segunda mitad, el cuado malagueño cedió el balón y el Tenerife no supo qué hacer con él. No inquietó a Munir, que tuvo su partido más plácido del curso y para colmo el VAR no vio una falta previa sobre Alonso en la jugada del penalti (minuto 73) que Sadiku transformó en el segundo tanto.

Cuando eso ya estaba sobre el campo Naranjo, desapercibido en sus 20 minutos de juego. El Tenerife no acertó a crear ni una sola jugada de peligro y acabó cayendo con un rival que lo supera en la tabla y lo mete en puestos de descenso.

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