CONVERSACIONES EN LOS LIMONEROS

Fernando Álamo: “El arte no es otra cosa que un conjunto de emociones”

Hoy, Álamo es el mejor pintor canario vivo, tan bueno como su maestro. Y su obra se reparte por el mundo

Fernando Álamo, pintor, Premio Canarias, hijo adoptivo de Las Palmas
Fernando Álamo, pintor, Premio Canarias, hijo adoptivo de Las Palmas. Fran Pallero

Un día, viéndolo garabatear con un lápiz en un cuaderno, su tío, Vicente González, que trabajaba en Litografía Romero y hacía crónicas de fútbol en La Hoja del Lunes, le dijo a Fernando Álamo (Santa Cruz, 1952), cuando se dio cuenta de que su sobrino copiaba los dibujos de los anuncios del periódico: “Si te gusta tanto dibujar, ¿por qué no te dedicas a la pintura?”. Quizá por eso Fernando se matriculó en Bellas Artes y empezó a ser admirado. Incluso por aquel profesor incordio, Pedro González, que es su referente. Hoy, Fernando Álamo es el mejor pintor canario vivo, tan bueno como su maestro. Y su obra se reparte por el mundo, desde Israel (donde un día viajamos juntos con empresarios y periodistas) a Nueva York; y desde Canarias al universo. Lo penúltimo, y muy admirados, han sido los dos murales encargados por Barceló para el hotel Santa Catalina, de Las Palmas. Todo un emblema este establecimiento de la capital grancanaria, donde el artista reside. Y ahora mismo, si quieren saber algo de un enigmático enunciado –Los maestros de sushi—, vayan a la galería Bibli de Santa Cruz. Sus más recientes lienzos están expuestos desde el viernes último.

-Debe ser gratificante para los enfermos que son tratados en el hospital Doctor Negrín mirar para el cielo… y ver tu propio cielo.

“Ojalá lo sea. Me encargaron un mural para el techo de una de las salas de tratamiento, la del quinto acelerador lineal, quizá para suavizar el dolor y la preocupación de los pacientes; no sé. Si lo logré, me alegro”.

-Es como si les ofrecieras flores.

“Quizá; el mural representa una rosa”.

-¿Un pintor se retira alguna vez?

“No, un pintor jamás lo hace. Un pintor está siempre en activo y atento a lo que sucede a su alrededor”.

-Qué difícil debe ser, Fernando, vivir del arte y para el arte en estas Islas tan chiquititas.

“Lo ha sido para mí, pero he tenido la suerte de contar con una mujer con empleo sólido y sentido de la economía. Si no, al principio no habríamos resistido”.

-¿Todos copian?

“No lo sé. Cuando sientes una fuerte admiración por un artista y ves su obra te dan ganas de copiarla. Me pasa con Pedro González. Veo un cuadro suyo y tengo que reprimir mis ganas de hacerlo mío también”.

-Has hecho escultura. Y cerámica. Y buena. Hasta la reina Sofía tiene una obra escultórica tuya, que le entregó Jerónimo Saavedra.

“Escultura, poca. Según el concepto propio que defiendo, más que hacer escultura lo que hago es llenar espacios, pero no hago escultura propiamente dicha”.

-¿De qué va eso de Los maestros de sushi?

“Vete a ver la exposición y lo sabrás”.

-Dame una pista, hombre.

“Bodegones”.

-Juan-Manuel García Ramos vive entre gallinas, como un granjero, gracias a ti.

“Bueno, porque tiene un cuadro mío de gallinas. Juan Manuel escribió un magnífico estudio de mi obra en la Biblioteca de Artistas Canarios. Fue un trabajo estupendo y se lo agradezco un montón”.

-El tomo número 19. Todo un lujo porque entonces, en 1993, tú eras un pibe. Ahí, en esa colección, hay mucho muerto y poco vivo.

“Reflejó Juan-Manuel en esos textos mi obra hasta entonces, mi carácter, a mi familia, a mi entorno y publicó fotografías y muchas referencias de todo ello. Quedó muy bien y me consta que fue un trabajo muy laborioso”.

-Dijo que tus influencias ecuménicas están en Leonardo, en Picasso y en Marcel Duchamp. Nada más y nada menos”.

“Sí, yo se lo confesé”.

-También te interesa la escena.

“He colaborado con Lorenzo Godoy y el Ballet Contemporáneo de Las palmas y en otros acontecimientos que han sucedido sobre un escenario, es verdad. Como dijo también Juan-Manuel García Ramos, sin mi inclinación a la escena sería difícil descubrir o comprender en profundidad mi obra pictórica”.

-He leído en alguna parte, y creo lo mismo, que en tu obra puede haber influencias de Óscar Domínguez.

“Sí las hay, sobre todo en una determinada época. Óscar es el más grande artista canario, el más cotizado, el más conocido. Nos puso en el mundo”.

-Todo es una cadena, Fernando. Uno enseña al otro y se van pasado el testigo. ¿No lo crees así?

“Puede que sí. Pedro González es menos irreverente que Óscar Domínguez, pero también heredó algo de esa irreverencia; y el maestro de Pedro fue Guezala, que es mucho más que el rostro de una maga plasmado en un cuadro. Muchísimo más”.

Fernando Álamo, pintor, Premio Canarias, hijo adoptivo de Las Palmas
Fernando Álamo, pintor, Premio Canarias, hijo adoptivo de Las Palmas. Fran Pallero

-Puede decirse que tú eres mitad academicista, mitad autodidacta; porque nunca terminaste la carrera, además.

“Di lo que quieras. Mi primera exposición individual fue en el 72. Tenía 19 años. Quizá, fui un osado, pero Pedro González me hizo una crítica tan buena que me dio mucha vergüenza cuando la leí y estuve semanas sin aparecer por Bellas Artes porque no me atrevía a darle las gracias”.

(Es en este momento cuando Fernando cita a Cristino de Vera, a Maribel Nazco y al propio Pedro. A Maribel parece que le van a conceder el Premio Canarias. Ya era hora. Cuando yo la conocí allá por el año 71 en un viaje a Nueva York, llevaba la estética pegada a su propio cuerpo. Y su pintura es realmente buena. Quien esto firma la aprecia muchísimo; en realidad, fue más un enamoramiento silencioso a través de los años. Vimos juntos un musical, Nine, que protagonizaba Raúl Juliá, si no recuerdo mal, y cuya melodía canta hoy Marion Cotillard. En realidad, no estoy seguro de si fue en ese viaje, pero queda bien si lo digo; y lo digo).

-El otro día entrevisté a un amigo tuyo, Octavio Zaya. Un comisario de arte famoso en todo el mundo.

“Fíjate cómo son las cosas. Un grupo de artistas promovimos una subasta destinada a ayudar a Octavio para que viajara a Nueva York. Y ahora es un personaje de talla internacional”.
(En el libro dedicado a Fernando, ya citado, se encuentran varias fotos en las que se pueden ver a Fernando Álamo y a Octavio Zaya y a otros personajes del arte, tomadas en Canarias y en Nueva York).

-Cuéntame algo más de la exposición del sushi.

“Que son 57 cuadros”.

-Bueno, pues si no quieres dar más detalles, una pregunta recurrente de segundo de primarias. ¿Qué es para ti el arte?

“Un conjunto de emociones. Si algo no te emociona es que tampoco te interesa para nada”.

-Nadie habla de tu faceta deportiva.

“Será porque tampoco le interesa a nadie”.

-Pero fuiste campeón de Canarias.

“Bueno, batí algún récord regional en la modalidad de mariposa. Pertenecía al C.D. Tenerife y no se me daba mal. Todavía nado, pero tranquilo, claro”.

-Otros han tenido menos suerte, o la suerte equivocada, en cuanto a reconocimientos. Canarias te concedió su máxima distinción.

“Fui Premio Canarias de las Bellas Artes en el año 2014. Y también la ciudad de Las Palmas me hizo hijo adoptivo en 2010”.

-Aquí, los artistas, los intelectuales (que no siempre coinciden esos conceptos) forman grupos, como en aquellos tiempos del movimiento surrealista. ¿Compartes esta percepción mía?

“Bueno, ahora no sé. En cualquier caso, yo no represento a ninguno. Yo me dedico a pintar, como ahora, que metí un parque florido en el hotel Santa Catalina, entre tulíperos (o tulipaneros) del Gabón, cañas de Indias y amarilis de las que nacieron en el sur de África. Y conviven junto a los murales de Jesús Arencibia; y no pasa nada. Estoy muy satisfecho de estas obras”.

-A bocajarro, Fernando: ¿Para qué sirven las academias de bellas artes?

“Generalmente, sólo son trampolines de mediocres. Hay que hacer las excepciones oportunas. Y obtienen beneficios de las instituciones públicas, que las reconocen. Lo siento, pero es lo que pienso”.

-¿Quieres definir a algunos de los artistas canarios, me refiero a si te los individualizo?

“Me he vuelto prudente con los años. Pero sí te digo que ojalá a Maribel Nazco le concedan el Premio Canarias cuando toque. Se lo merece y le llega más tarde de lo que yo habría deseado”.
(Fernando se tiene que marchar a montar la exposición en la Galería Bibli (San Francisco Javier, 15. Santa Cruz). Son sus últimos bodegones, al menos por el momento. Lo viene a recoger un taxi a Los Limoneros, donde hemos dado cuenta de un pescadito (él) y yo de unos huevos fritos con chorizo, en compañía de Carlos Díaz-Bertrana, que aparcó por el momento su steak tartar y lo cambió por un pescado. Yo creo que es el steak tartar lo que le agudiza su ininteligible jerga de Artenara. Le recuerdo a Fernando aquella estancia en Israel: el Mar Muerto, el río Jordán, la ciudad de Belén, la estancia en el hotel King David, escenario de tantos acontecimientos internacionales importantes. Las visitas a Ariel Sharon, a Simon Peres. Los contactos con algunos judíos sefarditas. Los empresarios, que entendían poco de todo aquello. Y yo, con mis peligrosas correrías nocturnas por las calles de la ciudad de Jerusalén, en medio de un clima tenso entre israelitas y árabes, con José Luis Torró, Emilio Oliva, Ildefonso Ramírez. Chiquita madera pa trompos. De Fernando Álamo González me da que no está todo dicho, pero yo les aseguro, y no me importa la repetición, que es el mejor y más internacional artista canario vivo. Lo demás son cuentos).